Rudolf Steiner
jueves, 20 de agosto de 2009
Conseguimos vacante en el cole Waldorf!!
Rudolf Steiner
miércoles, 5 de agosto de 2009
El tabú de amamantar en público, por Salvador García Bardon
Newsletter de Laura Gutman del mes de Agosto
Los recuerdos que conservamos de nuestra infancia están configurados por las palabras con las que nuestros padres nombraron los acontecimientos. Incluso aquello que manifestábamos, habitualmente era “interpretado” por los adultos y “eso” era lo que considerábamos la “verdad”. De hecho, hoy en día nos recordamos a nosotros mismos con los adjetivos con los que nos definían mamá o papá, por ejemplo: “yo era muy llorón” (en lugar de comprender la soledad y el aislamiento en el que vivíamos), “yo era buenísima” (en lugar de describir la obligación de satisfacer a una madre infantil), “yo era pésima en la escuela” (en lugar de reconocer que nadie registraba nuestras dificultades). Así es como se organizó el discurso del “yo engañado”, junto al personaje que nos han adosado desde nuestro nacimiento y que hemos adoptado como un disfraz que luego se convirtió en parte de nuestra piel. Acostumbrados a nombrar las cosas según el cristal a través del cual mira el individuo en quien proyectamos el saber, continuamos la vida adulta bajo el mismo sistema: el de creer que la realidad “es” según la interpretación de otro. Asimismo, despreciamos nuestras percepciones, intuiciones y saberes originales basados en sensaciones personales, creyendo todo lo que el otro -sea quien sea ese “otro”- afirme con énfasis. Luego, somos muchos los individuos que seguimos “corrientes de pensamiento” basados en opiniones ajenas muy discutibles. Que la gripe A es peligrosa, que se cura con Tamiflú, que hay que lavarse las manos para no contagiarse… por nombrar sólo algunas opiniones tomadas como “verdades” en Argentina, y que desde mi punto de vista (mío, es decir, ¡nadie tiene por qué creerme! si no les “suena” en el corazón) son totalmente falsas. Claro que para pensar con autonomía, hay que estar dispuestos a pagar el precio de la “no pertenencia”. Al fin de cuentas, si aún estamos emocionalmente inmaduros, elegiremos creer lo que sea, con tal de “ser parte” del grupo. Pero si en lugar de creer cualquier cosa ciegamente, maduramos, reconocemos que el miedo es infantil y sabemos que la verdad reside en nuestro interior, entonces asumiremos un pensamiento autónomo y libre.
domingo, 2 de agosto de 2009
Dar la Teta es dar Vida
El video que les traemos hoy es un spot publicitario de promoción a la Lactancia Materna, realizado en Puerto Rico.
Lo que me encanta de este spot es la naturalidad de las escenas, y que además se puede ver a niños mayorcitos siendo amamantados, lo que es bastante poco frecuente.
Además, la canción, Duerme Negrito, interpretada por la Negra Sosa, que le encanta a Joaqui.
Esperamos que lo disfruten!
sábado, 1 de agosto de 2009
La edad normal del destete debe estar entre los dos años y medio y los siete
Hoy empezó la Semana Mundial de la Lactancia Materna.
Trateremos, en el transcurso de esta semana, de ir acercandoles varios artículos referidos a la lactancia.
Hoy, compartimos con ustedes un artículo del pediatra Carlos Gonzalez (autor del libro Besame Mucho), publicado en el diario español El Mundo.
ENTREVISTA AL PEDIATRA CARLOS GONZÁLEZ, EXPERTO EN LACTANCIA
'La edad normal del destete debe de estar entre los dos años y medio y los siete'
- 'Nuestra sociedad no lo admite, pero el destete es siempre una pérdida para la madre'
- Advierte que el mayor problema de las madres lactantes es la presión social
- 'Si salieran todas del armario nos daríamos cuenta de que son muchísimas'
YAIZA PERERA
MADRID.- Ser padre no es fácil, pero es, sin duda, una de las aventuras más gratificantes que te regala la vida. Por esa razón quizás, son tantos los que emprenden ese camino. Y la mayoría lo hace a ciegas porque el bebé, ya se sabe, no viene con manual. ¿Pero... hace falta? Carlos González, autor de 'Bésame mucho. Cómo criar a tus hijos con amor', asegura que no. Simplemente hay que dejarse guiar por el instinto, el respeto y el amor.
Con humor e ironía, este pediatra zaragozano ha ayudado a desdramatizar las situaciones que pueden resultar más complicadas durante la crianza (sueño, comida, la educación...añadan ustedes a la lista), pero, por encima de todo, ha tratado de combatir la cultura del biberón que comenzó a imponerse hace tres décadas contra la propia naturaleza humana. Es fundador de la Asociación Pro Lactancia Materna de Cataluña, donde ha desarrollado su vida profesional, imparte cursos a profesionales sanitarios, es miembro del Consejo de Asesores de Salud de La Leche League International y autor de numerosos artículos sobre la lactancia.
La leche materna es para él, como tituló un libro en 2006, 'un regalo para toda la vida'...y sin fecha de caducidad. Enemigo de las etiquetas, Carlos González rehuye del término 'lactancia prolongada". "No me gusta esa palabra porque da la sensación de que las madres se han pasado. Depende de lo que considere cada uno normal. Actualmente, más de un año o más de seis meses es prolongado, pero estudios antropológicos apuntan a que la edad normal del destete en el ser humano debe de estar entre los dos años y medio y los siete".
"Hace 25 años-recuerda- lo normal era dar el pecho tres semanas y llegar a los tres meses era una heroicidad". La realidad social entraba en contradicción con la científica, la que le mostraban los libros a ese entonces recién licenciado por la Universidad Autónoma de Barcelona. "Si la lactancia era magnífica, ¿por qué nadie lo hacía?", se preguntaba. Era la profunda huella que había dejado el "cambio sociológico que se había producido a principios del siglo XX, con la incorporación de la mujer al mundo laboral, por la fe en el progreso que hacía creer que la leche artificial era mejor que la de la madre y por la publicidad".
Su grata experiencia personal con la lactancia, el hecho de que su esposa le diera el pecho a sus tres hijos - hoy en día ya universitarios- le convenció aún más de la necesidad de "promocionar" esta práctica, de ayudar a madres y profesionales sanitarios a recordar lo que ya está escrito en los genes de los mamíferos. Comenzó su tarea con la confianza de que "se produciría un aumento gradual y general" en la lactancia materna, pero no ocurrió así: "un importante porcentaje de madres no logra pasar de unas semanas y una pequeña cantidad pasa de los dos años".
"Durante muchos años hubo una fuerte publicidad de que la leche de la madre era mala y la gente se convenció -explica este catalán de adopción. Y es un mito que se ha extendido mucho. "Las madres se dejan convencer de que sus hijos se pueden morir de hambre y encima ven en la etiqueta de la leche artificial que es parecida a la leche materna". El resultado de esta combinación suele ser el destete temprano.
Actualmente, "se ha roto la cadena de transmisión de la información porque ahora las madres se encuentran que sus madres no dieron el pecho porque no pudieron o no quisieron. Pensaban que era retrógado y no quieren que sus hijas caigan en eso. La madre que lacta no encuentra apoyo". De ahí, asegura, la importancia de la adecuada formación de los médicos y la existencia de grupos como La Liga de la Leche, que ofrecen ayuda práctica a las madres para que puedan dar el pecho. "El cambio se produce por la difusión de conocimientos y de experiencias". Y ese cambio, se felicita, comienza a vislumbrarse: hoy en día se está "volviendo a lo que hacían nuestras bisabuelas".
Pero este camino aún no resulta fácil de emprender. "Sin duda, el mayor problema al que se enfrentan las madres que desean prolongar la lactancia es la presión social. Si salieran todas del armario nos daríamos cuenta de que son muchísimas. Hay que respetarlas", reclama Carlos González. Y esta consideración hacia la mujer, pero también hacia los hijos parece ser la máxima que guía a este pediatra. Y desde esa capacidad para ponerse en la piel del otro, quizás el secreto que esconden las páginas de sus libros, deja en el aire una reflexión: "nuestra sociedad nunca lo admite, pero el destete es siempre una pérdida para la madre".
viernes, 31 de julio de 2009
Amamantar salva vidas
El fin de esta campaña es que las mamás que amamantamos nos comprometamos dar la teta a nuestros hijos en algún momento entre las 14 y las 21 hs. del día 9 de agosto (el día de la campaña Un Sol para los Chicos) en cualquier lugar que estemos, para promover la lactancia materna.
Andrés Franco, Representante de UNICEF en Argentina, expresó: "Nos es grato promover esta iniciativa ya que la lactancia materna es un derecho humano fundamental. Además la leche materna es el mejor alimento para los bebés; porque proporciona la nutrición equilibrada ideal y reduce la posibilidad que los bebés obtengan determinadas enfermedades como Gripe A, Diarrea, Neumonía u otras.”
Nosotros ya nos sumamos. Esperamos que muchas otras mamás lo hagan!!
Y ya que estamos, vuelvo a colgar este video (ya está en los archivos de mayo del año pasado), pero es que me parece simplemente hermoso!!
jueves, 30 de julio de 2009
Le premier cri
miércoles, 29 de julio de 2009
El sur también existe
Gracias, Lili, por habermelo hecho llegar.
El sur también existe from ACIJ on Vimeo.
lunes, 27 de julio de 2009
Amamantar es ofensivo
Esperen... Bueno, ese es un mal ejemplo. Probemos otra vez.
Pero porqué detenerse en las mujeres que amamantan? Hay senos en todas partes! Cuidado! Si creían que las fotos de arriba eran ofensivas, DEFINITIVAMENTE se sentirán ofendidos con las fotos de abajo.
La gente que vive en corpiños de vidrio:
Texto original aquí.
Traducido por Josefina Schatz con expresa autorización de la autora.
jueves, 23 de julio de 2009
Lactancia "prolongada", por Mónica Tesone
En el transcurso de la lactancia el significado del seno para el bebé experimenta cambios.
Será un sitio donde prenderse satisfaciendo el reflejo de succión; algo que hace que la boca se mueva. Luego, le permite saciar el hambre. Y pasa a tener una importancia significativa como un objeto que sosiega y calma.
Mas adelante es la mamá detrás del pecho, su rostro, su sonrisa, su voz, su olor y la interacción recíproca con su bebé.
El vínculo madre - hijo, luego de pasar por una etapa normal de la dependencia simbiótica, alcanzará gradualmente una etapa de independencia en el vínculo.
Pero existe una tendencia en nuestra sociedad a intentar hacer independientes a los bebés antes que estén maduros para ello.
Una de sus formas es provocar un destete precoz.
DEFINICIÓN DE LACTANCIA PROLONGADA
La valoración de la duración de la lactancia materna es un fenómeno marcado por parámetros culturales e histórico personales.
Muchos consideran erróneamente que seis meses constituyen una lactancia “prolongada” cuestionando los motivos de las mujeres que amamantan a sus hijos más de un año.
A qué se hace referencia cuando se habla de lactancia prolongada?
Nosotros podríamos definirla como “El amamantamiento fuera de las normas culturales, o más allá del tiempo donde la mayoría de las madres dentro de la sociedad a la que pertenecen ya han destetado”.
Razones más comunes que inducen a aconsejar erróneamente el destete
• La aparición de los dientes
• El nacimiento de un hermano
• La adquisición del lenguaje
• El comienzo de la motilidad independiente del niño.
• El comienzo de la escolaridad
• La reincorporación de la madre a la actividad laboral
La duración del amamantamiento puede ser afectada por factores como:
(Cabrer,C; Piovanetti,Y; Pagán,D. Protocolos de Lactancia Materna. Segunda Edición. 2003. San Juan, Puerto Rico.)
• Admisión del infante al área de intensivo (NICU) aún cuando la razón sea menor y temporaria.
• Introducción temprana de suplementos.
• Percepción de la madre de que no produce suficiente leche.
• Si los patrones del infante difieren a las expectativas de la madre (sueño, llanto, alimentaciones, frecuencia, duración, etc.).
• Madre adolescente.
• Baja escolaridad de la madre.
• Actitud negativa de la madre hacia el amamantamiento.
• Actitud positiva de la madre hacia la botella.
• Bajo conocimiento sobre el amamantamiento.
• La madre estudia o trabaja.
• La madre fuma.
• Restricciones hospitalarias.
• No asiste a grupos de apoyo.
• Bajo conocimiento sobre el amamantamiento, tanto de la madre como del padre.
• Pobre calidad de la información de lactancia que reciben.
• Falta de apoyo de la familia, amistades, profesionales de la salud, etc.
• Depresión en la madre.
DATOS ANTROPOLÓGICOS
Katherine Dettwyler en su libro, Amamantamiento, Perspectivas Bioculturales, relata que la práctica de amamantar hasta los seis años para los humanos comenzó a ser modificada, primero por el uso de fuego para cocinar (hace medio a un millón de años) y luego y más significativamente por el procesamiento de granos, moliendo o machacando, ambos proveyendo alternativas a vegetales no cocinados y carne animal cruda.
En Babilonia (3000 A.C.) se amamantaba durante 2 a 3 años.
Los Hebreos (Torah) mencionan un destete a los 3 años.
En Egipto el destete se recomendaba a los 3 años.
Los romanos creían que el destete completo no debía darse antes de los tres años de vida (Galen) o cuando tuvieran completa la dentición (Soranus).
En la Europa Medieval, el destete completo ocurría usualmente entre el año y los tres años de vida. En su libro, Mothering your Nursing Toddler, Norma Jane Bumgarner nos comenta:
“En India, influenciados por la creencia que cuánto más amamante un niño más años de vida tendrá, las madres amamantaban a sus niños lo más que pudiesen, a veces 7 o 9 años.” Los textos médicos en el período de Ayurvedic (1500 a 800 A.C.) recomiendan sólo leche del pecho para primer año, leches del pecho y sólidos durante segundo año, y el destete gradual después de eso.
Estudios etnográficos de sociedades pre-industriales muestran que el promedio de duración de la lactancia varía entre los tres y cinco años de edad de una cultura a otra y entre cada niño dentro de una misma cultura.
En el mundo musulmán, especialmente en África y el Sudán, el destete se rige por las enseñanzas del Corán, que recomienda hacerlo hasta los 2 años.
En 1951, en Mongolia, los niños eran amamantados durante 2 o 3 años, y tampoco era raro que un niño de seis o siete años quisiera ser amamantado para sentirse más seguro.
En Tsinghai, China, en 1956 las madres aún amamantaban durante varios años, 5 años no era inusual, o hasta que naciese otro niño.
En su libro, The Politics of Breastfeeding, Gabrielle Palmer menciona que “en el Este de Lincolnshire las mujeres amamantaban a sus hijos hasta los siete u ocho años de edad en 1820”.
Actualmente, en culturas no occidentales las madres amamantan a sus niños hasta los 3 o 4 años.
Las últimas pocas décadas de este siglo veinte son probablemente el único momento en la historia de la humanidad que los niños han sido completamente destetados en los primeros tres a seis meses de vida.
Según la antropóloga Katherine Dettwyler los seres humanos alcanzan autonomía inmunológica a los 6 años lo que sugiere que a través de nuestro más reciente pasado evolutivo los agentes inmunes contenidos en la leche materna estaban normalmente disponibles para el niño hasta aproximadamente esta edad.
ASPECTOS QUE CONTRIBUYERON A LA CREENCIA DEL EFECTO PERJUDICIAL DE LA LACTANCIA PROLONGADA Y MOTIVARON UN DESTETE PRECOZ
• Desconocimiento sobre los beneficios de la lactancia materna y los riesgos de la lactancia artificial.
• Mensajes erróneos de que los sustitutos de la leche materna son tan buenos o mejores que ella.
• Rutinas hospitalarias que dificultan la práctica de la lactancia.
• Falta de apoyo social y de asesoramiento adecuado.
• Necesidad cada vez mayor de la incorporación de la mujer al mercado laboral.
• Una imagen idealizada de la figura de la mujer.
• Los senos que son vistos como un objeto de estímulo sexual.
Estos fueron algunos de los motivos que contribuyeron a que cada vez fuera más extraña la imagen de una madre amamantando a su hijo durante largo tiempo, lo que nos permite interpretar la desvalorización y la norma cultural negativa hacia la lactancia en un niño mayor.
Ruth Lawrence nos dice: “Si uno fuera a determinar el momento apropiado para destetar estaría basándose en las necesidades nutricionales y los objetivos del desarrollo. Las observaciones acerca de otros mamíferos sugieren que al alcanzar un grado de madurez que permita al pequeño animal buscarse su propio alimento es el detonante para que la madre inicie el destete.
Mientras que en muchas culturas las madres que aún están amamantando a sus hijos de dos, tres, cuatro años o más son consideradas una excepción, posiblemente ellas sean más numerosas lo que la mayoría de la gente cree porque gran parte de ellas permanecen invisibles a propósito
En la actualidad el destete precoz y las fallas a la hora de amamantar son consecuencia de la presión social y la falta de conocimiento y apoyo.
RECOMENDACIONES DE ORGANISMOS INTERNACIONALES
La Organización Mundial de la Salud, UNICEF y la Sociedad Argentina de Pediatría recomiendan amamantar al menos dos años.
A pesar de ello solemos escuchar comentarios que reflejan el desconocimiento de las recomendaciones arriba mencionadas así como también una actitud generalizada por parte de la sociedad de no aceptación de la lactancia materna como la forma natural de alimentación de los niños por lo menos hasta el segundo año de vida.
Muchas mujeres ocultan que amamantan a niños mayores justamente para evitar la desaprobación de los profesionales de la salud y de los miembros de su familia.
DESMITIFICANDO PREJUICIOS
Existen prejuicios populares e incluso dentro de los profesionales de la salud sobre falsas consecuencias psicopatológicas que afectarían a los niños amamantados después del año.
• Alcoholismo
• Enfermedades psiquiátricas.
• Dependencia excesiva.
• Homosexualidad
• Adicción a las drogas
ALCOHOLISMO
A comienzos de 1800 (en la época de la guerra de independencia americana) el Dr. Thomas Trotter, médico de la marina inglesa, presentó su tesis de grado en la que postulaba que destetar tempranamente al bebé lo predisponía a ser alcohólico en la edad adulta. En aquel entonces la propuesta tuvo buena acogida por parte de los médicos, sin embargo la tesis quedó en el olvido hasta que a fines de la década de 1950 un grupo de psiquiatras en Dinamarca que investigaba las causas de las deformaciones congénitas obtuvieron suficientes datos sobre la salud de los padres de 9182 niños nacidos en ésa época. Estos datos sirvieron en 1978 para realizar un estudio sobre el alcoholismo en aquellos niños (ahora adultos).
Encontraron que hacia los 30 años de edad, los hijos de padres alcohólicos tenían más probabilidades de ser alcohólicos que los hijos de padres no alcohólicos; y un dato que confirmaba la hipótesis del Dr. Trotter: al 48% de los sujetos alcohólicos su madre los había destetado tempranamente.
Existían 5 variables que influían estadísticamente para tener un hijo alcohólico.
Aunque el tener padres alcohólicos, bajo peso al nacer y un bajo nivel socioeconómico de la madre contribuían por separado a predecir el alcoholismo, el momento del destete era la variable que aportaba mas fuerza predictiva sobre el futuro alcoholismo del hijo a los 30 años de edad.
1) Destete temprano
2) Tener una madre alcohólica
3) Tener un padre alcohólico
4) Bajo peso al nacer
5) El nivel socioeconómico de la madre
DROGADICCIÓN
No se han encontrado trabajos científicos que encuentren relación causal entre la adicción a las drogas y la duración de la lactancia, por el contrario lo que demuestran los estudios como veremos más adelante es que a lactancias más prolongadas mayor nivel de adaptación social tiene el individuo.
ENFERMEDADES PSIQUIÁTRICAS
En estudios de tipo empírico realizado en Nueva Zelandia por Fergusson se observó que si se controlan una serie de variables de confusión, no existe evidencia para sostener que la lactancia materna “prolongada” se asocie con problemas de desajuste social.
Un estudio que trató específicamente de bebés con lactancias “prolongadas” demostró un mayor ajuste social, y tendencias estadísticamente significativas de menores desórdenes de conducta con la duración creciente del amamantamiento. (Ferguson1987).
DEPENDENCIA EXCESIVA
Existen documentos que demuestran que la lactancia prolongada no es perjudicial para el desarrollo emocional de los niños.
En un trabajo de Stayton se encontró que los niños con mayor apego en la infancia no exhibieron conductas asociadas con temores a ser abandonados cuando sus madres dejaban el cuarto. El niño puede aceptar la cesación de contacto tranquilamente porque sabe que su madre será accesible a él si la necesita.
Las madres que amamantaban menos tiempo tenían niños que lloraban más cuando se separaban de ellas. (Stayton, 1973).
HOMOSEXUALIDAD
No existen trabajos científicos que relacionen la lactancia materna con la homosexualidad.
De todos modos es importante aclarar que la Asociación Americana de Psiquiatría hace 27 años despatologizó la homosexualidad.
Es ampliamente conocido el hecho de que ha sido retirada como diagnóstico del Diagnostic and Stadistical Manual of Mental Disorders (DSM). En 1952 figuraba como conducta patológica (DSM-I), en el DSM II (1968) como sexualidad desviada.
Hoy no es considerada por el DSM-IV como un trastorno.
De todos modos las evidencias de algunos trabajos sugieren que la población homosexual no tiene índices más altos de trastornos mentales que la población general. (Isay; 1991, Hanley-Hackenbruck; 1992, Hoocker, Evelyn; 1957).
A pesar de ello la homofobia entre los profesionales de la Salud Mental sigue siendo un tema ríspido especialmente ante los errores conceptuales de las investigaciones sobre la etiología, o causa, de la homosexualidad (Duranti R., 1999; Schüklenk et al, 1996; DeCecco J., 1995; Parr McWhiter, 1993).
Incluso la OMS sostiene que "la orientación sexual per se, no puede ser considerada un trastorno mental".
BENEFICIOS PSICOLÓGICOS
Como bien dice Priscilla Young Colletto la palabra “beneficio” quizás no sea la precisa, ya que estos “beneficios” en realidad son los que la naturaleza se proponía que sea lo normal para las personas. Amamantar es lo normal. Los sustitutos artificiales y el destete prematuro son, de hecho, lo anormal desde un punto de vista biológico. Son estas prácticas anormales las que colocan al niño en un lugar de enfermarse con facilidad y comprometen su inteligencia.
Existe abundante evidencia científica que documenta que sumado a las cuestiones de salud, cuánto más tiempo un niño sea amamantado, su Coeficiente Intelectual (IQ) será más elevado y sus notas serán mejores en el colegio en los años posteriores.
El desarrollo tanto físico como psíquico y social del niño desde su nacimiento, se sustenta en la maduración de las estructuras cerebrales durante los primeros años de vida.
El sistema nervioso central del niño es por tanto un órgano, cuyo desarrollo está condicionado por un programa genético y también por influencias externas, interacciones con los padres, estímulos sensoriales, ambientales, alimentación, enfermedades, etcétera.
ESTUDIOS CIENTÍFICOS
Fergusson y colaboradores demostraron que los niños amamantados en forma prolongada, cuando llegan a la edad de 15 a 18 años presentan mejores niveles de apego a sus padres y consideran a sus madres menos sobreprotectoras pero que se ocupan más de su cuidado, si se los compara con otros jóvenes destetados precozmente.
El incremento en la duración de la lactancia materna se asoció a un incremento consistente y estadísticamente significativo en:
1) Cociente intelectual calculado a las edades de 8 y 9 años;
2) Comprensión de lectura, habilidad matemática, y escolares calculados durante el período de 10 a 13 años;
3) Evaluaciones docentes de lectura y matemáticas calculadas de 8 a 12 años;
4) Mayores niveles de logros en exámenes finales.
ANSIEDAD
La lactancia prolongada ayuda a los niños pequeños a tener una transición gradual a la niñez, les permite aliviar frustraciones, choques, golpes, y tensiones diarias. (Baumgartner, C.1984,)
En un estudio hecho por Bushnell (ya en el año 1977) se halló que las lactancias prolongadas están relacionadas con escalas menores de ansiedad en el adulto.
Hughes y Hawkins realizaron estudios hechos en mujeres jóvenes relacionados con el amamantamiento durante la infancia. Y concluyeron que cuanto más tiempo fueron amamantadas se encontraron menores niveles de ansiedad en estas mujeres.
El mismo Hughes junto con Bushnell determino que los estudiantes de primer año de psicología que fueron amamantados menos tiempo, tuvieron escalas de ansiedad más altas.
Relación entre la duración del amamantamiento y el desempeño cognitivo del niño.
Existen diferencias significativas entre el índice del desarrollo mental y la duración del amamantamiento (Morrow)
La lactancia prolongada está positivamente relacionada con pruebas en el vocabulario, el desarrollo temprano del lenguaje, coordinación visomotora y comportamiento y las medidas de la cabeza. (Taylor B, Wadsworth J). (Vestergaard M, Obel C).
Los chicos que habían sido amamantados más tiempo tenían en promedio un coeficiente intelectual 8 puntos más alto a los cinco años que los niños que habían sido amamantados por menos tiempo. (Torstein )
Los niños amamantados más tiempo tuvieron resultados más altos en el desarrollo cognitivo; inteligencia y desarrollo del lenguaje.
(Fergusson DM, Beautrais AL) (Horwood LJ, Darlow BA, Mogridge)
EXPERIENCIA PROFESIONAL
De acuerdo a mi experiencia profesional como psicóloga, en comparaciones hechas entre hermanos con distintos tiempos de amamantamiento, he podido observar que aquellos que han tenido lactancias más prolongadas presentaron:
• Poder de observación muy acentuado
• Acceso precoz a la lectura y la escritura.
• Actitud de permanente curiosidad intelectual
• Tendencia fuerte a la originalidad de conceptos, juicios, preguntas y soluciones de problema.
• Facilidad para el pensamiento, la reflexión abstracta, y para la crítica
• Tonos y reflexiones adultas para su edad
• Confianza en sí mismos y en el mundo externo
• Independencia madura
• Fuerte sentido de la ética y los valores morales
Es nuestra responsabilidad como madres con experiencia en lactancia y lideres de LLLI transmitir estos conceptos a la sociedad, concientizándola respecto a los impedimentos culturales que empujan a las madres a realizar un destete precoz.
Informar a los profesionales de la salud, y a la sociedad de los beneficios de la lactancia materna más allá de lo que está reglado por las creencias populares. Y los riesgos de introducir tempranamente lactancia artificial, desculpabilizando a las madres que sufren el estigma de la sociedad por amamantar a sus hijos de acuerdo a sus mutuas necesidades biológicas.
BIBLIOGRAFIA
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viernes, 17 de julio de 2009
No me olvido!!
Despues de soñar muchos años con el techo propio, finalmente vemos la posibilidad de acceder a un crédito hipotecario y hacer realidad ese sueño, así que en este momento estamos abocados a la busqueda de nuestro propio nido.
Por lo tanto, no queda mucho tiempo para inspirarme y escribir, ni buscar info para compartir, ya que todo lo que busco son casas, casas y más casas, que no creo que les resulte muy interesante ;-)
Me reporto, solo para avisar que no me he ido!! Y que ojalá el próximo post lo pueda escribir diciendo que ya encontramos nuestro lugar en el mundo.
Saludos!!
lunes, 6 de julio de 2009
Newsletter de Laura Gutman del mes de Julio
domingo, 28 de junio de 2009
Niños que pegan, niños que no se sienten amados
Los niños no nacen agresivos. Los niños no son naturalmente violentos, ni maleducados, ni coléricos ni irrespetuosos. Tampoco es verdad que los niños sean más agresivos que las niñas, ni que haya edades en que sea "normal" que se relacionen violentamente con los demás. No. Sencillamente todos los niños pequeños reaccionan a su entorno en un modo semejante a como han sido y son tratados.
El tema de la agresividad es dificil de abordar, en primer lugar porque cada uno de los adultos tenemos niveles de tolerancia muy diferentes respecto a las actitudes provocadoras de los demás. Lo que un individuo considera irrespetuoso otro piensa que es una nimiedad, ya que depende de las experiencias vitales de cada uno. Sin embargo, tomaremos el concepto de violencia cuando un niño lastima a otro. El daño puede ser provocado a través de golpes o insultos, aunque también habrá que tomar en cuenta los ataques menos visibles, como la humillación, el desprecio o la indiferencia, modos más sutiles, pero no menos desestabilizadores, que terminan igualmente hiriendo al otro.
¿Qué es lo que provoca que un niño necesite golpear o lastimar a otro? La desesperación. La exasperación por ser amado y tenido en cuenta según sus necesidades bien personales. ¿Acaso el niño pegador es aquél que no es amado? En realidad, sus padres lo aman, pero él no se siente amado, que son dos cosas muy distintas. Antes de desestimar estas ideas y de defendernos a nosotros mismos vociferando que sí amamos a nuestros hijos, hagamos un esfuerzo por pensar este amor, este vínculo que nos une, desde el punto de vista del niño pequeño.
Imaginar sus emociones
Situarnos en el lugar del otro es muy complejo, sobre todo porque en estos casos no tenemos recuerdos conscientes de cómo era vivir en el cuerpo de un bebé. Tendremos que imaginarnos sin ninguna autonomía, sin lenguaje verbal para explicar lo que necesitamos, absolutamente dependientes de los cuidados maternos, con hambre por momentos, con miedo en otros, con ansiedad, con impulsos vitales de supervivencia que no podemos manejar.
Cuando somos bebés y niños pequeños esperamos recibir los cuidados y el confort físico y afectivo que nos resultan indispensables para sentirnos bien. Tenemos la experiencia reciente de la vida intrauterina, por lo tanto es totalmente lógico que pretedamos cierto nivel de bienestar.
Pero cuando no lo obtenemos, cuando la espera duele, cuando el hambre aumenta hasta convertirse en sufrimiento, cuando la soledad lastima, cuando lloramos sin que nadie acuda, cuando el cuerpo está flotando en un vacío desgarrador, cuando nadie nos toca ni nos acaricia, cuando no somos acunados ni escuchamos melodías susurrantes; aparece la desesperación por obetener los cuidados mínimos y necesarios para sentirnos bien, es decir, para desarrollarnos saludablemente y crecer. Entonces reaccionamos. Hacemos lo que podemos con nuestros magros recursos. Pedimos auxilio a gritos. Escupimos. Mordemos. Pegamos. Incluso si sólo tenemos seis meses y todavía no somos capaces de desplazarnos por nuestros propios medios.
El castigo es la soledad
¿Qué sucede luego? Algo bastante peor de lo que esperábamos. Los adultos a su vez reaccionan a cuasa de nuestras conductas desesperadas, enfadándose y dejándonos cada vez más aislados. Nos acusan de ser niños malos, egoístas o maleducados. Nos castigan. Nos quitan lo poco que habíamos obtenido. Nos dejan aún más solos. Nos obligan a permanecer en nuestras habitaciones en medio de un silencio devorador. Algunas veces incluso nos pegan, pero la paliza no nos duele tanto como la soledad. Finalmente nos damos cuenta de que nadie ha escuchado nuestros reclamos, que estamos solos y perdidos. Que somos demasiado pequeño. Que no contamos con otras herramientas, y que simplemente tenemos la certeza, de un modo visceral, que no obtenemos aquello que necesitamos. No sabemos qué hacer. La exasperación por recibir cuidados amorosos nos enloquece, nos ciega, nos llena de furia y de impotencia. Entonces surge de nuestras entrañas la necesidad de pegar aún más fuerte, más velozmente y más inteligentemente. Necesitamos afinar nuestras estrategias. Si no pegamos, si no expresamos vitalmente esto que nos pasa, moriremos en el vacío de nuestra soledad. Es lo único que podemos hacer, incluso si sabemos que luego seremos cada vez más brutalmente castigados.
Con el tiempo vamos aprendiendo que, dentro del castigo, al menos logramos tener una existencia plena y concreta en las emociones de los adultos que nos crían. Cuando nos castigan, nos ven. Estamos presentes. Tenemos una entidad, aunque sea dentro del enfado de los mayores. Nos hablan, nos gritan, nos acusan; es verdad. Pero en esas circunstancias estamos existiendo para ellos, y esa existencia es motivo suficiente para saber que en la medida que sigamos golpeando, pegando o dando patadas, estamos presentes en el interés de los adultos. No es un amor amoroso pero es amor. Para confirmarlo, algunas vez dejamos de pegar, constatando que inmediatamente desaparacemos a los ojos del adulto. Luego volvemos a pegar y, mágicamente, volvemos a existir. Ya no caben dudas, es la mejor manera que hemos encontrado para ser tenidos en cuenta.
Una revisión sincera de prioridades
Pensándolo así, desde el punto de vista de los adultos, ¿vale la pena castigar a un niño que pega? ¿Sirve imponerle una penitencia? ¿Da resultados que lo sometamos a largos discursos sobre la buena educación? Ahora bien, ¿acaso es pertinente no hacer nada, suponiendo que va a madurar solo y que aprenderá con el tiempo? No. Ni lo uno ni lo otro. Porque en ambos casos el niño permanece solo y, en consecuencia, cada vez más desesperado por obtener la mirada, comprensión y presencia. No modificaremos sus actitudes si lo aislamos o abandonamos.
¿Que hacemos entonces? Pues estaremos obligados a reconocer cuántas veces el bebé o el niño pequeño nos ha pedido presencia y no hemos sido capaces de responder. Tendremos que constatar y tomar en cuenta los pedidos de presencia, de tiempo, de observación, de quietud o de silencio que el niño ha demandado sin éxito. Será necesario revisar dónde hemos puesto nuestras prioridades, cuáles son las situaciones que atendemos en primer lugar, cada día, cada noche, cada sábado, cada domingo, cada mañana, cada tarde, cada instante de nuestra vida. La tarea será sincerarse, y en lugar de echar la culpa a algo o a alguien, tratar de ver qué es lo que sí estamos en condiciones de ofrecer.
Un ejercicio interesante y revelador es escribir una lista de tareas. Habitualmente no dejamos de responder los correos electrónicos ni los mensajes de texto del móvil. Para la mayoría de los adultos el trabajo es un prioridad, y es lógico que así sea. El secreto es constatar si cuando regresamos a casa el trabajo sigue siendo nuestra prioridad, o si somos capaces de desplazar ese interés a las demandas y requerimientos del niño pequeño. Será útil revisar la lista de obligaciones diarias que asumimos y ver si algunas de ellas son delegables. Si alguien nos puede ayudar, no cuidando del niño, sino haciéndose cargo de algunas tareas cotidianas que nos quitan tiempo y disponibilidad para nuestros hijos.
Recuperar su confianza
Todo niño pegador necesita ser más abrazado que antes. Todo niño agresivo necesita el calor de un cuerpo acogedor sabiendo que tiene permiso para permanecer allí, acurrucado, todo el tiempo que desee. ¿Hasta cuándo? Hasta que confíe en que no lo volveremos a abandonar. Hasta que constate una y otra vez que cuenta con nosotros, que no hay nada en el mundo que nos importe más que su bienestar. ¿Y cuánto tiempo puede durar eso? Un año, dos, cinco, diez, toda la vida... Depende.
¿Qué podemos hacer cuando comprendemos que el niño pide más presencia y cuidados de los que somos capaces de prodigar?Hablemos. Seamos honestos. Relatemos nuestras dificultades. Y luego busquemos sustitutos. En lugar de desmerecer lo que nos solicitan, reconozcamos que tienen necesidades especiales, que nosotros no somos capaces de responder según sus expectativas, pero que estamos en condiciones de pedir ayuda para satisfacerlos. Si estamos discapacitados afectivamente o contamos con pocos recursos emocionales, asumamos que ellos merecen, como mínimo, la explicación pertinente y modos posibles de resarcirse.
Consecuencias para el futuro
¿Qué sucederá si dejamos que las cosas siguan como están, sin intervenir ni modificar nuestra capacidad de amar? Pues que el niño organizará su sistema de intercambio afectivo a través de la violencia, que puede ser visible o invisible. Así, puede convertirse en un niño o joven golpeador. Siendo mayor y autónomo, ya no se sentirá con derecho a reclamar amor materno. Además, ni siquiera sabrá que eso es lo que anhela. Tal vez se convierta en un ser despóticamente exigente con sus padres, sus parejas o sus amistades. Creerá que tiene derecho a ser compensado siempre, pero por más que golpee, patalee o vocifere, una vez más, será despreciado por la sociedad en conjunto. Siendo adulto, los cambios dependerán de su capacidad de reconciliarse con su histórica soledad.
Artículo de Laura Gutman publicado en la revista española Tu Bebé del mes de Abril de 2009.-
domingo, 21 de junio de 2009
Felía Día del Padre!!!
Frente al agobio, la confusión y el cansancio que padecemos cuando tenemos hijos pequeños, las mujeres quisiéramos tener a mano una serie de “obligaciones” para endilgar al varón a quien percibimos más libre y autónomo y con una vida que no ha cambiado tan drásticamente como la nuestra. Somos las mujeres quienes necesitamos creer que un “buen padre” se ocupa de tal y cual manera de los hijos que tenemos en común. Pero cuando esto no ocurre, nos abruma el rencor y la desilusión.
Los “roles” que cada uno asume son hechos culturales. O personajes que repartimos entre todos para que una escena pueda ser representada. De modo que, cuando un niño “entra en escena” (o nace), se nos desacomodan todos los roles que teníamos asignados. Las mujeres nos encontramos en lugares que no habíamos dispuesto para nosotras mismas, nos sentimos afuera del mundo, solas, exageradamente demandadas, desgarradas entre permanecer en los lugares donde habíamos forjado nuestra identidad, o pendientes de las necesidades del niño pequeño. Frente a este panorama, observamos al varón que no está ni desgarrado, ni peleado entre nuevas y viejas identidades, ni malherido, ni agotado. Por lo tanto, nos resulta evidente que tendría que asumir parte de las tareas que por carácter transitivo de género, hemos asumido las que hemos devenido madres. Y ahí se ponen de manifiesto los desacuerdos ocultos de la pareja.
Pues bien. Sobre todo esto vale la pena conversar. Porque la presencia de un niño nos obliga a pensar cómo vivimos, qué esperamos unos de otros, qué organización familiar estamos dispuestos a construir y cuánta generosidad tenemos disponible. Por otra parte, los “roles” que asumamos, serán funcionales de acuerdo a si los hemos “planeado” juntos o no. Por ejemplo, si asumimos que la madre se hará cargo emocionalmente del niño, necesitará que “alguien” se haga cargo emocionalmente de ella. Y el varón que tiene al lado posiblemente sea el mejor postulante para ese ”rol”. En ese caso, no importa qué es lo que hace en función de su paternidad, no importa si baña al niño o si se despierta por las noches para calmarlo. Porque “es” padre en la medida en que sostiene emocionalmente a la madre para que ésta tenga fuerzas afectivas suficientes para acunar al niño. En cambio, si la madre no tiene disponibilidad emocional para el niño, o no tiene posibilidades de permanecer a su lado porque la economía familiar depende de ella; posiblemente haya un varón más “cariñoso” y en apariencia “buen padre” que se ocupa del hijo. Sin embargo, de un modo poco visible está obligando a su mujer a abandonar su despliegue maternante y desviando su preocupación hacia la adquisición del alimento. En estos casos, el varón no posibilita ni facilita una permanencia suave y dedicada de la madre hacia su hijo. Y este no es un dato menor, aunque las mujeres modernas creamos que la igualdad de derechos se basa en que tanto las mujeres como los varones asumamos indistintamente la crianza de los niños; desde el punto de vista del niño, no es lo mismo recibir cuidados maternantes femeninos que cuidados paternantes masculinos. Y eso que ni siquiera estamos hablando de lactancia, hecho que requiere una permanencia y disponibilidad irremplazables por parte de la madre.
Lo ideal sería que los “roles” estén todos asignados para jugar el juego de la familia. La mayoría de las veces, esto no ocurre. Hay un rol que pocas veces asumimos, seamos mujeres o varones. Es el rol de quien se despoja de sus propias necesidades a favor de las necesidades básicas, impostergables, urgentes e irremplazables de los niños pequeños. Cuando desestimamos los tiempos lentos de los niños, la necesidad de contacto, de brazos, de presencia física y de escucha genuina; nadie asume su rol.
Hablar de lo que le toca hacer al padre o de lo que corresponde hacer a la madre nos coloca en la lucha interminable por quien logra resguardarse más a sí mismo. Es verdad que nos faltan jugadores para la escena familiar. En la mayoría de los casos nos hemos quedado sin familia extendida, sin barrio, sin aldea, sin mujeres experimentadas ni grupos de pares para hacernos cargo mancomunadamente de los niños pequeños. Estamos todos muy solos y exigidos. En ese sentido, los varones que desean ser “buenos padres” tampoco logran responder a las expectativas. Fallan. Están cansados. Reciben palabras de desprecio. Se sienten poco valiosos. Escasamente potentes. Y se supone que deberían hacer lo que no hacen, es decir, llegar temprano a casa, hacerse cargo del niño, calmarlo, jugar con él, ser paciente.
Pensar el rol del padre dentro de la familia moderna tiene que coincidir con un pensamiento más generalizado sobre cómo vivimos todos nosotros, cómo y dónde trabajamos, cómo circula el dinero, quién administra, cómo nos manejamos respecto al poder dentro de las relaciones, cómo circula el amor y el diálogo dentro de la pareja y sobre todo qué importancia le asignamos a la libertad y a la autonomía personales. Porque es importante tener en cuenta que si estamos apegados a la propia autonomía, el niño no logrará recibir lo que necesita. Y si recibe el tiempo y la dedicación, será en detrimento de la libertad de la madre. Y desde ese lugar de pérdida de libertad, las mujeres nos ponemos exigentes con los varones, queriendo definir claramente qué roles deberían asumir. Con lo cual, estamos todos enfadados unos con otros. Por eso, el tema no pasa por luchar para determinar quién pierde más libertad, asignando deberes a diestra y siniestra, sino por revisar qué capacidad de entrega tenemos unos y otros. La maternidad y la paternidad no se llevan bien con la autonomía y la libertad personal. Tenemos que estar dispuestos a perderlas, si nos interesa el confort de los niños pequeños. Y en este punto, es lo mismo ser varones o mujeres.
Tal vez sea tiempo de mirarnos honestamente y reconocer qué es lo que cada uno de nosotros está dispuesto a dar. Comprometernos a eso y no más. Aceptar nuestras limitaciones y darnos cuenta que nos complementamos. Que hay algo que el otro ofrece que uno mismo no sería capaz. Y que si no da “todo” lo que quisiéramos, no lo coloca en un lugar donde “no da nada” sino que “da algo diferente”. De ese modo pierden sentido todas las discusiones sobre los roles adecuados, lo que se debe o no se debe hacer frente a algo tan difícil como criar niños pequeños.
Laura Gutman
sábado, 20 de junio de 2009
20 de junio: Día Mundial del Refugiado
domingo, 7 de junio de 2009
Nada como mamá, nada como mamar
Aquí lo tienen:
viernes, 5 de junio de 2009
DIA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE
Para reflexionar sobre el hermoso planeta que tenemos, lo que estamos haciendo con él, y qué mundo heredaran nuestros hijos.
El momento de sumar nuestro grano de arena es AHORA.
martes, 2 de junio de 2009
Newsletter de Laura Gutman del mes de Junio
Todas las madres con niños pequeños necesitamos sostén, acompañamiento, solidaridad, comprensión y resguardo de otros miembros de nuestra tribu. Pero claro, en el mundo occidental -especialmente en las grandes ciudades- nos hemos quedado sin tribu. Emprendemos la búsqueda solicitando apoyo y lo que encontramos más cerca es al señor que duerme en nuestra cama, que en la mayoría de los casos ha sido nombrado padre oficial del niño. Llamativamente suponemos entonces que toda la compañía, el cobijo, la ayuda, la disponibilidad y la empatía que una tribu entera nos hubiera prodigado, ahora debería provenir de una sola persona: el padre del niño. Tomemos en cuenta que una cosa es la inmensa necesidad de ser amparadas frente a la desesperación, la locura y las vivencias confusas que estamos experimentando desde el nacimiento de nuestros hijos, y otra es lo que un solo individuo puede ofrecer, reemplazando los roles de muchos.
Cuando no vislumbramos nuestra realidad en forma global, creemos que las cosas se solucionarían si el varón regresara más temprano a casa, si cambiara los pañales de vez en cuando o si ganara más dinero. Es tiempo de admitir que somos sólo dos personas -nada más que dos- y que tanto las madres como los padres estamos demasiado solos en la compleja tarea de acunar a nuestros hijos. Si la realidad es tan desventajosa, compartamos lo que nos pasa, conversemos y decidamos juntos a quiénes pedir ayuda. Inventemos una red amorosa donde haya un lugar destacado para los niños. Ofrezcamos una sonrisa, un libro, un dato valioso a otras madres. Abramos nuestras casas, cocinemos algo delicioso, invitemos a otros adultos con niños a visitarnos. Si participamos en la construcción de una tribu moderna, dejaremos de culpar a nuestra pareja. Y aparecerá la virilidad que estábamos reclamando.
Laura Gutman

















