jueves, 26 de marzo de 2009

El castigo físico a los niños



Hace unos minutos, al prender mi computadora, me encontré en la pagina principal de MSN este artículo que no quería dejar de compartir con ustedes. A ver si empezamos a enterarnos que "el chirlo a tiempo" no soluciona nada, por el contrario, solo genera desconcierto e inseguridad en nuestros hijos, y les enseñamos a solucionar los problemas con otro golpe en lugar de hacerlo mediante el diálogo y la negociación.




Darle una paliza a un niño ¿lo vuelve agresivo y desafiante?

Según investigaciones realizadas en EE.UU, darle una paliza en las nalgas a los chicos aumenta la probabilidad de que se vuelvan desafiantes y agresivos en el largo plazo.
Según investigaciones realizadas en EE.UU, darle una paliza en las nalgas a los chicos aumenta la probabilidad de que se vuelvan desafiantes y agresivos.
El castigo físico pone en riesgo a los niños y genera problemas de salud mental, comportamiento anti-social y –eventualmente- de lesiones graves, según muestra un nuevo informe elaborado por profesionales de la Universidad de Michigan.
"Hay poca evidencias e investigaciones que muestren que el castigo físico mejora, en el largo plazo, el comportamiento de los niños," concluye Elizabeth Gershoff, autora del informe y profesora asociada en la Escuela de Trabajo Social.
El informe, publicado en colaboración con el Hospital Infantil de Phoenix, ofrece una revisión sobre investigaciones empíricas acerca de las consecuencias que tiene el castigo físico en los niños.
Gershoff analizó 100 años de investigación de estudios publicados sobre el castigo físico, en particular, las palizas en las nalgas. Los resultados indican que la mayoría de los azotes son una práctica parental ineficaz en la crianza de niños tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.
"Hay cada vez más motivación, en otros países de promulgar leyes que prohiban legalmente todas las formas de castigo físico", dijo Gershoff, cuya investigación se centra en el impacto de la violencia infantil el desarrollo de niños y adolescentes a través del tiempo.
Varios estudios recientes revelan que muchos padres aún maltratan físicamente a sus hijos, especialmente los niños de 1 y 2 años de edad. Cuando los niños llegan al 5 º grado, el 80 % ha recibido algún castigo físico.
En múltiples estudios, se ha descubierto que los azotes en las nalgas llevan a los niños a padecer de más problemas de salud mental, como ansiedad y depresión, alcohol y drogas, y un ajuste psicológico deficiente. Estos problemas también aumentan los niveles de estrés.
El informe de Gershoff indica que los castigos corporales también pueden perjudicar las relaciones entre padres e hijos. Si el niño ve a los padres como una fuente de dolor y experiencias dolorosas es algo que puede interferir con el desarrollo de la cercanía y la confianza en un niño en sus padres.
Y ¿QUÉ HACER?
Entonces, ¿cómo los padres pueden disciplinar a sus hijos? Gershoff dice que los niños se comportan mejor cuando son motivados por la alabanza o la promesa de recompensas en lugar de amenazas de castigo. Los niños necesitan la enseñanza y la orientación de los padres para que puedan aprender a tomar mejores decisiones en el futuro.
"El castigo corporal no enseñan a los niños por qué su comportamiento fue erróneo o lo que deben hacer en el futuro", según el informe.
Los resultados aparecen en "El Informe sobre el castigo físico en los Estados Unidos." (Fuente: Universidad de Michigan).
Periodismo.com

miércoles, 25 de marzo de 2009

La vuelta al trabajo

El pasado lunes tuve volver al trabajo.
Mi licencia por maternidad (a las que adosé mis vacaciones) habían terminado después de 5 meses y medio, y debido a nuestra situación económica no puedo darme el lujo de pedirme excedencia.
Así es que el lunes, con el corazón encogido, le dí un beso a mi chiquitina y me separé de ella durante un poco más de 5 horas, por primera vez desde su nacimiento.
Emma extrañó un poquito, pero en general estuvo bien.
Se queda con su papá hasta aproximadamente las 11 de la mañana, luego se queda con la chica que me ayuda en casa, que la adora, y a las 13 hs. yo ya estoy llegando.
Le doy el pecho antes de irme, y en mi ausencia su papá le da la mamadera con mi leche, que vengo juntando y guardando en el freezer desde que Emma tenía pocos días.
Puedo decir que soy afortunada: he tenido 4 meses y medio de licencia, más un mes de vacaciones, trabajo a pocas cuadras de mi casa, durante solo 6 horas, y encima estos primeros 4 meses me iré una hora más temprano, por la hora de lactancia.
Cuando Joaqui era bebé no tuve tanta suerte: tuve que dejarlo con apenas 3 meses, me iba a las 8 de la mañana y volvía a las 6 de la tarde. Llegaba para darle la teta, bañarlo y acostarlo, lo que me generaba un sentimiento de culpa tremendo.
Las licencias debieran ser más largas. No es posible que haya mamás que tengan que dejar a sus bebés en las guardarías con tan solo 45 días.
En la mayoría de los países europeos, la licencia por maternidad es de 6 meses luego del parto, y en algunos es de un año o más. Y esto no perjudica en nada la carrera profesional de las mujeres, todo lo contrario.
Les dejo un artículo de Carlos Gonzalez, sobre este tema, sobre el cual vale la pena reflexionar, y mucho...
***************** La angustia de la separación ************
Carlos González


La relación entre madre e hijo es especial; y durante los primeros años la separación es dolorosa para ambos. Bueno, no sé si la separación deja alguna vez de ser dolorosa para la madre...
¿Por qué siempre “madre e hijo”? No, no estoy olvidando el importante papel del padre, ni mucho menos participando en una obscura conspiración para mantener a las mujeres en sus casas. Para hablar con absoluta propiedad, cada niño establece una relación especial con una “figura de apego primario”. Esa figura puede ser el padre, o la abuela, o hasta la monjita del orfanato. Pero en todo caso sólo es una, y casi siempre es la madre. Como “figura de apego primario” es largo y feo, en lo sucesivo diré simplemente “madre”.
A partir de su relación con la madre, el niño establecerá más adelante otras relaciones con otras figuras de apego secundarias: padre, abuelos, hermanos, amigos, maestros, novio, compañeros de trabajo, jefes, cónyuge, hijos... Cuanto más sólida y segura es la relación con la madre, más sólidas y seguras serán las demás relaciones que el individuo establezca a lo largo de su vida.
Esta relación entre madre e hijo se mantiene por una serie de conductas de apego instintivas, tanto en una como en otro. La conducta del recién nacido es completamente instintiva, aunque con el tiempo va aprendiendo a modificarla en el sentido que marcan las pautas sociales. La conducta de la madre es en gran parte aprendida; pero por debajo siguen estando unos sólidos instintos. No cuida usted a sus hijos porque se lo hayan explicado en el curso de preparación al parto, ni porque se lo inculcaran en el colegio, ni porque lo recomienden en revistas como esta... hace millones de años, las mujeres (o lo que había antes) ya cuidaban a sus hijos, y la prueba es que todavía estamos aquí. Ningún niño puede sobrevivir si alguien no le cuida, protege y alimenta durante largos años, con infinita dedicación e infinita paciencia.
Habitualmente, las creencias, costumbres y normas sociales van en el mismo sentido que el instinto, y no hacen más que matizarlo o encauzarlo. Pero cuando las normas nos obligan a vivir en contra de nuestros instintos surge un conflicto. Si alguna vez, en el cuidado de su hijo, se ha sorprendido a sí misma pensando algo así como: “Se me parte el corazón, pero hay que hacerlo”, o “Pobrecito, qué pena da, pero es por su bien”, probablemente es que está usted luchando contra sus más íntimos deseos.
Los niños pequeños no pueden consolarse con ese tipo de razonamientos. Sencillamente, cuando su instinto va por un lado y el mundo por otro, se enfadan muchísimo.

************La reacción a la separación

Tanto la madre como el niño muestran, decíamos, una conducta de apego, una serie de actividades tendentes a mantener el contacto. La conducta de apego de la madre consiste en acercarse a su hijo, tomarlo en brazos, hablarle, hacerle carantoñas... La conducta de apego del niño, al principio, consiste en llorar y protestar. Más adelante podrá gatear o caminar hacia su madre. Funciona por el mismo mecanismo que la conducta alimentaria: cuando necesitamos comida tenemos una sensación desagradable, el hambre, que nos mueve a comer, y cuando comemos esa sensación desaparece y nos encontramos bien. Pues cuando madre e hijo se separan se sienten mal; el niño llora y la madre le busca. Cuando vuelven a encontrarse desaparece aquel malestar; madre e hijo se tranquilizan y dejan de llorar.
Cuando nuestras felices antepasadas sentían la necesidad de acercarse a su hijo, simplemente se acercaban. Probablemente sólo estaban separadas de sus hijos de forma ocasional y accidental. Aún hoy, una gran parte de las madres del mundo llevan a su hijo a la espalda durante todo el día, y luego duermen a su lado durante toda la noche. Las madres occidentales, y no sólo cuando trabajan fuera de casa, tienen muchas más oportunidades para experimentar la ansiedad de la separación. En algunos ambientes, la madre que pasa mucho rato con su hijo es criticada; se insiste en que reserve tiempo para sí misma, para su marido, para actividades sociales (en las que, por supuesto, llevar a un bebé sería de muy mal gusto). La ansiedad de la madre que debe separarse de su hijo durante unas horas, para ir al teatro o al restaurante, es un tema habitual de las telecomedias: los complejos prepativos, las inacabables instrucciones a la canguro, las llamadas telefónicas, el precipitado regreso...
La reacción del bebé, por su parte, no está en principio mediada por factores culturales. El recién nacido se comporta igual ahora que hace un millón de años. Pero los niños aprenden pronto, y adaptan su conducta a las respuestas del entorno. Por ejemplo, un bebé al que sistemáticamente se ignora, al que nadie coge en brazos cuando llora, acaba por no llorar. No es que se esté acostumbrando, ni que haya aprendido a entretenerse solo, ni que se le haya pasado el enfado; en realidad, se ha rendido, se ha dejado llevar por la desesperación.

La intensidad de la respuesta a la separación depende de muchos factores:
1.- La edad del niño. Los menores de 3 años toleran mal las separaciones; los mayores de 5 años suelen tolerarlas bien.

2.- La duración de la separación. Las separaciones prolongadas (varios días seguidos sin ver a la madre) pueden producir un grave trastorno mental, el hospitalismo (así llamado porque era frecuente en niños hospitalizados cuando no se permitían las visitas), caracterizado por depresión y desapego afectivo.
Basta con una separación muy breve para desencadenar una conducta específica (“salgo un minuto de la habitación y se pone a llorar como si le estuvieran matando”). El método habitual en psicología para valorar la relación madre hijo, alrededor del año de edad, es el llamado “test de la situación extraña”. Consiste, básicamente, en que la madre salga de la habitación en la que está con su hijo mientras éste está distraído, dejándolo en compañía de una desconocida, permanezca fuera de la habitación tres minutos, y vuelva a entrar. El niño con un apego seguro, en cuanto nota la ausencia de la madre, la busca con la mirada, se dirige hacia la puerta, con frecuencia llora. Cuando la madre vuelve a entrar la saluda, se acerca a ella, se tranquiliza rápidamente y sigue jugando. Los niños con un apego inseguro o ansioso se clasifican en dos grupos: elusivos o evitantes (parecen tranquilos mientras la madre no está, y la ignoran deliberadamente cuando vuelve, disimulando su propia ansiedad) y resistentes o ambivalentes (se alteran cuando la madre no está, pero cuando vuelve se muestran agresivos con ella y tardan mucho en volver a la normalidad).
Mucha gente confunde fatalmente los síntomas: llaman “caprichoso” o “enmadrado” al niño que tiene una relación normal con su madre, mientras que elogian al que muestra un apego ansioso elusivo: “se queda con cualquiera”, “no molesta”, “se entretiene solo”...
Una separación de sólo tres minutos ya tiene un efecto claro, y la respuesta depende de la relación previa con la madre; de si el niño está acostumbrado a que le atiendan y le hagan caso, o a que le ignoren, o a que le riñan.
Las separaciones más largas y repetidas producen una reacción más intensa. Incluso los niños con un apego seguro pueden mostrar conductas evitantes o ambivalentes cuando la madre vuelve del trabajo. Pueden ignorarla, negándole el saludo y la mirada; o bien colgarse de ella como una lapa y exigir constante atención, o incluso mostrarse agresivos. Es muy probable que alternen las tres conductas en rápida sucesión. Es importante que los padres comprendan y reconozcan que estas conductas son normales. No hay que tomárselo como algo personal, su hijo no ha dejado de quererla ni nada por el estilo. No está enfadado contra usted; está enfadado por su ausencia. Enfadarse con él, devolver el desdén con desdén o la ira con ira, intentar técnicas educativas para modificar la conducta del niño, no es más que una pérdida de tiempo. Ya que puede estar pocas horas con él, al menos dedique esas horas a prestarle atención y cariño, a demostrarle que le sigue queriendo igual aunque él esté enfadado. Tómelo en brazos, cómaselo a besos, juege con él, recarguen baterías antes de la próxima separación.

3.- La frecuencia de las separaciones. Tras una primera experiencia, el niño parece desconfiado, exige atención constante, como si vigilase a la madre temiendo que se vuelva a ir, y puede reaccionar aún peor la próxima vez.

4.- La persona que substituya a la madre. Si es alguien a quien el niño conoce bien, que le presta atención y le trata con cariño, como el padre o la abuela, el niño puede soportar bastante bien unas horas de ausencia de la madre.

5.- La calidad de la relación previa con la madre. Entre los menores de tres años, los que tienen una mejor relación con la madre son los que más parecen sufrir con la separación; en el otro extremo, los niños desatendidos hasta bordear el abandono apenas reaccionan cuando su madre se va. Un observador muy superficial puede pensar que el niño está “tranquilo”, o incluso “feliz”; en realidad, lo que ocurre es que está tan mal que ya no puede estar peor; no pierde nada cuando se va su madre, y por tanto no le importa. Por desgracia, las madres escuchan a veces consejos como “no lo cojas en brazos, no le des el pecho, no juegues tanto con él... si se acostumbra, sufrirá más cuando tengas que volver a trabajar”. Pero así el sufrimiento es mayor, y desde el primer día; lo único que disminuye es la manifestación externa de ese sufrimiento. No, al contrario, dele a su hijo todo el cariño y todo el contacto físico que pueda, durante todo el tiempo que pueda. Que tenga el mejor comienzo.
Después de los tres años, y sobre todo de los cinco, ese buen comienzo da frutos manifiestos. Son entonces los niños que habían tenido una relación más intensa con su madre, más brazos, más contacto, más juegos, los que mejor se adaptan a la separación. Porque el cariño ilimitado de los primeros años les ha dado la confianza en sí mismos y en el mundo que necesitan para iniciar el camino de la independencia. Ahora sí que están contentos en la escuela, y es verdadera felicidad y no simple apatía, una felicidad basada en la seguridad de que su madre volverá y les seguirá queriendo.

La conducta de apego (el llanto y las protestas del niño separado de su madre) tiene un valor adaptativo. Es decir, a lo largo de millones de años, ha tenido un efecto, mantener juntos a la madre y a su hijo, efecto que ha favorecido la supervivencia de los niños y por tanto de los genes que regulan dicha conducta. Cuando la conducta de apego alcanza su efecto se refuerza; es decir, se repite con mayor intensidad y frecuencia. Cuando no produce efecto se debilita y puede llegar a extinguirse. El primer día que usted vaya a trabajar, será probablemente la separación más larga de su hijo desde que nació. Hasta ahora, cuando él se encontraba solo, lloraba, y alguien aparecía en pocos minutos y le cogía en brazos; normalmente usted, a veces papá o abuela. Si el niño no se consolaba en pocos minutos con otra persona, usted siempre acaba por aparecer, tal vez tardaba media hora si había salido a comprar...
Pero hoy, haga lo que haga su hijo, usted no volverá en ocho o diez horas. En el mejor de los casos, si está con la abuela o con otra persona que le puede prestar atención exclusiva, esa persona vendra a consolarle en pocos minutos. Si está en una guardería puede llorar durante mucho rato sin que nadie le coja en brazos; la cuidadora tiene ocho niños y sólo dos brazos. Los primeros días puede que su hijo llore bastante. Pero su llanto no tiene la respuesta esperada; mamá no vuelve. El niño aprende que, en determinadas circunstancias, llorar no sirve de nada, y poco a poco deja de hacerlo. Pero eso no significa que la separación ya no le afecte; las separaciones repetidas, recuerde, producen una angustia cada vez mayor, que no se manifestará mientras la madre está ausente, sino precisamente cuando la madre vuelve. Entonces las protestas del niño sí que tienen (por fortuna) la respuesta esperada.
Dicho de otro modo: el niño puede estar bastante tranquilo en la guardería, o con la abuela. Puede estar incluso, si tiene suficiente edad, contento y activo, jugando y riendo. Pero cuando vuelve a ver a su madre rompe a llorar, se le echa encima, se pega a sus faldas, grita, le exige brazos, se enfada con ella, le pega, vuelve a llorar... Lo que se suele llamar “ponerse muy pesado”.
Como de costumbre, algunas personas lo entienden todo al revés. Si en la guardería estuvo jugando, es que no le pasa nada. Y si, no pasándole nada, luego se pone a llorar, es que tiene cuento o hace teatro. Y si hace teatro precisamente con su madre es porque ésta se deja tomar el pelo y no sabe imponer disciplina, y él pretende hacer que se sienta mal, castigarla por haberse ido.
¿Qué debería hacer entonces el pobre niño para demostrar que sí que le pasa algo, que no es comedia? ¿Pasarse seis, ocho o diez horas seguidas llorando en la guardería? Por favor, nadie puede hacer eso, por grande que sea su dolor. Imagínese que acude al funeral de un buen amigo. Seguro que pasa un rato muy triste, y en algún momento busca el contacto de un amigo común, se abrazan y lloran. Pero al cabo de unas horas estará tomando un café, tal vez con ese mismo amigo común, y hablarán de cosas sin importancia, y sonreirá, y esa misma noche cenará y verá la tele, y al día siguiente irá a trabajar como si nada, y nadie en el trabajo sabrá que viene usted de un funeral, y alguien contará un chiste, y usted se reirá. ¿Significa eso que no le pasa nada, que su dolor no era sincero, que sólo hacía comedia? Pero no hace falta recurrir a ejemplos tan extremos, pues también la madre sufre cuando se separa de su hijo pequeño. ¿Acaso no se le partió el corazón cuando lo dejó por la mañana? ¿No ha pensado varias veces en él, qué hará, cómo estará, habrá llorado mucho? ¿No ha venido lo antes posible a recogerlo? Y, sin embargo, ¿no ha pasado la mañana trabajando normalmente, disimulando su dolor, hablando con la gente, sonriendo? Pues su hijo ha hecho lo mismo.

No es raro que el niño llore más a medida que va creciendo. A los 5 meses estaba tranquilo en la guardería, y tranquilo en casa. A los 14 meses llora cada mañana porque no quiere ir, y pasa las tardes de muy mal humor. Por un lado, como dijimos, la repetición de las separaciones aumenta la angustia. Pero, sobre todo, el niño de 5 meses no puede sentarse, no puede hablar, no puede gatear... sus posibilidades de expresar la angustia son menores, pero eso no significa que esté menos angustiado.
A veces, este cambio es relativamente brusco. Un niño que parecía bien adaptado a la guardería de pronto se resiste con uñas y dientes tras las vacaciones de Navidad o de verano. Creo que en estos casos influyen dos factores: por un lado, la relación con su madre ha mejorado mucho en esas semanas; ha sido tan feliz en su compañía que ahora la pérdida es más evidente. Por otro lado, los niños pequeños no comprenden muy bien eso de las vacaciones. Simplemente, se había acostumbrado a aceptar algo como inevitable, Mamá siempre se va a trabajar, y de pronto ve que no es inevitable. “Si la semana pasada se quedó conmigo, ¿por qué no puede quedarse también esta semana?”.

*********** Con quién dejaré a mi hijo

Si la madre tiene que ausentarse, para ir a trabajar o simplemente para ir a comprar el pan, alguien tendrá que substituirla (es muy peligroso dejar a un bebé o a un niño pequeño solo en una casa, aunque sea poco rato). ¿Qué características debería cumplir esa persona?
1.- Alguien que pueda dedicarle al niño tanto tiempo como le dedica la madre. Por supuesto que la madre no le dedica cada minuto de su tiempo: va al lavabo, habla por teléfono, prepara la comida... Pero cuando el bebé está despierto, pasa mucho rato mirándole a los ojos, diciéndole cosas, tocándole, cantándole... y también mucho rato saludándole desde lejos, diciéndole alguna cosa al pasar para mantener el contacto. Si el niño llora, la madre puede acudir en pocos minutos (a veces, en pocos segundos), y dejar cualquier otra cosa para tenerlo en brazos todo el tiempo que haga falta. La persona que la substituya, ¿tendrá tiempo material para hacer lo mismo?
2.- Alguien a quien el niño conozca. El padre es ideal, y la abuela (o el abuelo, que cada vez están más espabilados) u otros familiares también suelen serlo, si han tenido suficiente contacto previo con su hijo. Pero los niños no sienten “la llamada de la sangre”; si nunca ha visto a su abuela, es tan desconocida como cualquier otra persona.
Muchas madres intentan acostumbrar a su hijo a los biberones una semanas antes de volver al trabajo. Es un esfuerzo inútil, que suele conducir a la frustración (¿por qué iba a aceptar un biberón, si está allí el pecho de su madre?). No pierda el tiempo con eso; lo realmente importante es acostumbrarlo a la persona que le cuidará. Si va a ser la abuela, que venga o vayan a visitarla casi cada día. Si va a contratar a una cuidadora que venga a casa, contrátela con un par de semanas de antelación. Si va a llevarlo a la guardería, vaya con su hijo las últimas semanas.
Vaya con su hijo; esa es la clave. No estamos hablando de dejarlo solo con la canguro o en la guardería, y volver al cabo de una hora, y otro día al cabo de dos horas... Eso tal vez sea un poco mejor que dejarlo ocho horas de golpe; pero muy poco mejor. Lo que está haciendo en realidad es adelantar la separación en dos semanas, y desperdiciando parte del precioso tiempo que aún le queda para estar juntos.
No. Se trata de que la canguro venga a casa y estén las dos con su hijo, o de que vaya usted a la guardería y permanezca allí con él una o dos horas. Si su hijo conoce a la nueva cuidadora, o el nuevo ambiente de la guardería, precisamente cuando más angustiado está porque se ha separado de usted, es probable que asocie esas sensaciones desagradables al nuevo lugar o a las nuevas personas. Vamos, que les cogerá manía. En cambio, las personas y lugares a las que conoció en momentos de felicidad (es decir, estando con usted) le traen recuerdos agradables que le ayudan a soportar la separación. Y también se abre camino en su cabecita una vaga idea de que “esta señora es amiga de Mamá, puedo confiar en ella”.
Es posible que aún queden guarderías en que no permitan la entrada de la madre. En mi opinión, la negativa a que la madre entre en la clase en cualquier momento que ella elija, y permanezca junto a su hijo durante todo el tiempo que ella desee, sería motivo suficiente para empezar a buscar otra guardería.
3.- Alguien estable. No es bueno que un niño pequeño pase de mano en mano. Tanto las abuelas como las guarderías suelen cumplir este requisito de estabilidad; pero si contrata a una canguro, asegúrese de que realmente piensa dedicarse durante años a cuidar de su hijo, y no está simplemente buscando un empleo de verano.
4.- Alguien en quien pueda confiar plenamente. Que trate a su hijo con cariño y respeto, que jamás le haga daño. Del padre, de los abuelos, de los tíos, usted ya sabe, por experiencia de años, qué puede esperar. Pero dejar a su hijo en manos de una desconocida requiere un acto de fe, y este es otro motivo por el que conviene que no sólo su hijo, sino usted misma, conozca a esas personas durante un par de semanas, y valore durante horas su conducta hacia el bebé. Por desgracia, de vez en cuando se descubren casos de malos tratos o abusos sexuales. No tenga miedo a parecer obsesiva o desconfiada; tiene usted todo el derecho del mundo a desconfiar, a pedir referencias, a hablar largo y tendido con esa persona y “examinarla” (“¿crees que es bueno cogerlos en brazos?” “¿qué harás cuando llore?” “¿y si no quiere la papilla?”). Al fin y al cabo, le está usted confiando su bien más preciado, su propio hijo, y en el momento en que es más vulnerable. Si no se atreve a dejarle a esa persona las llaves de su casa, las llaves de su coche o su tarjeta de crédito, ¿cómo se atreve a dejarle a su hijo?
La persona que cuide a su hijo debe tener también la madurez y experiencia necesarias. Una adolescente puede ser adecuada para hacer compañía a un niño de seis años mientras usted va al cine; pero cuidar a un bebé no es lo mismo.

******* Las opciones en la práctica

1.- Abuelos y otros familiares. Deben tener, por supuesto, ganas de encargarse de su hijo, y salud y fuerza suficiente para hacerlo. A veces vemos abuelas auténticamente explotadas, la palabra es dura pero real.
En el otro extremo, algunas madres podrían dejar a su hijo con un familiar deseoso de cuidarlo, pero no se atreven por temor a parecer “aprovechadas”. En algunos casos, una forma de superar esta situación es pagar por el cuidado de su hijo, como pagaría si lo llevase a la guardería. Así puede obtener una buena atención para su hijo sin sentir que se aprovecha, y al mismo tiempo puede ayudar económicamente a unos abuelos con una pensión escasa o a una hermana en paro sin ofenderles.

2.- Alguien que venga a casa a cuidar a su hijo. Puede ser una amiga o conocida que necesite un trabajo. Para buscar a una profesional, una buena opción es a través de una guardería. Allí van las estudiantes de puericultura a hacer prácticas, y pueden recomendarle a alguna.

3.- Llevar a su hijo a casa de otra persona. En ocasiones, tres o cuatro amigas con niños de edades similares se ponen de acuerdo, una cuida a todos los niños mientras las otras trabajan, y comparten sus ganancias. En algunos países, los gobiernos facilitan y subvencionan estos arreglos. En España, algunos ayuntamientos, como el de Sant Feliu de Guixols, promueven un servicio de cuidadoras de niños, haciendo cursos de formación y dando a las cuidadoras un diploma.

4.- Llevar a su hijo a una guardería. En el momento actual, esta suele ser la opción menos recomendable, pues por desgracia la legislación española permite ocho niños menores de un año por cuidadora, y muchos más después del año, lo que es absolutamente incompatible con una atención adecuada. Incluso una persona cariñosa, experimentada y dedicada no tendrá tiempo material para cuidar a ocho bebés. Sólo en darles de comer y cambiar pañales se le pasará casi todo el tiempo. En Estados Unidos, la ley sólo permite cuatro niños por cuidadora, y muchos expertos consideran que eso es excesivo y que debería reducirse a tres.
El problema, por supuesto, es económico. Las guarderías no se inventaron para satisfacer una necesidad de los niños, sino una necesidad del sistema capitalista, que necesita el trabajo de los padres para mantener niveles de producción y consumo adecuados, y por tanto algo hay que hacer con los niños. En Bielorrusia, donde las madres disfrutan de una licencia de maternidad de tres años (recuerdo del sistema comunista), no hay guarderías. ¿Quién iba a querer instalar una?
Por lo tanto, el razonamiento no ha sido: “los niños necesitan tanto espacio, tantas cuidadoras, tantos materiales... todo esto cuesta tanto dinero, vamos a ver de dónde lo sacamos”, sino al revés: “disponemos de tanto dinero, vamos a ver para qué nos llega”. Y la cantidad de dinero disponible es sólo, por definición, una pequeña parte de lo que gana la madre, porque si no no le saldría a cuenta ir a trabajar. Y en nuestra sociedad las madres suelen ganar menos que los padres. Así que sólo llega para grupos sobrecargados a cargo de cuidadoras mal pagadas (las puericultoras de la guardería deberían ganar más que los profesores de universidad, puesto que están haciendo un trabajo más difícil, más delicado y más importante).
Esta aberración se extiende por toda la sociedad, contribuyendo a desprestigiar el cuidado de los niños: La hora de faenas domésticas se paga mejor que la hora de cuidado de niños (qué es más importante, ¿que le dejen el suelo bien limpio o que atiendan bien a su hijo de un año?). La madre que toma la costosa (pues no cobra) decisión de dedicarse plenamente a cuidar a sus hijos durante meses o años no es más que una “maruja”, y muchos en su entorno se asombran o se compadecen de ella porque “no hace nada” o “renuncia a su carrera”. En cambio, la que trabaja fuera de casa “se realiza”, sea cual sea ese trabajo: escribir a máquina durante horas, meter sardinas en una lata o incluso cuidar a ocho bebés en una guardería.
Si necesita llevar a su hijo a una guardería, visite varias y compruebe cuántos niños hay en cada una, cómo les tratan, el carácter y la simpatía de las señoritas, si dejan entrar a la madre... Si trabaja lejos de casa, si tiene que pasar cada dia una hora en el tren o el autobús, le conviene una guardería cercana a su lugar de trabajo: así puede estar una hora más con su hijo al ir, y otra al volver, y tal vez incluso visitarle a la hora del bocadillo.

************* Cómo recuperar lo perdido

Ofrézcale a su hijo todo el cariño, el contacto físico y la atención que pueda durante todo el tiempo que pueda, por las tardes y en los fines de semana. Acepte su conducta como normal, reconozca que sus llantos, protestas y exigencias no son “caprichos” ni indicios de malcriamiento, sino pruebas de amor.
Muchos bebés parecen iniciar espontánemente un programa de “reducción de daños”. Mientras su madre no está, se pasan casi todo el rato durmiendo y no comen nada o casi nada, ni siquiera aceptan la leche que su madre se sacó y les dejó en la nevera. Luego pasan la tarde y la noche en danza y enganchados a la teta. Es agotador, pero al mismo tiempo un gran consuelo para la madre, que piensa “es como si no me hubiera ido, no me echó de menos porque estaba durmiendo”. Muchas madres que trabajan deciden meterse al niño en la cama por la noche; es la manera más fácil de satisfacer las necesidades de pecho y contacto de su hijo, y al mismo tiempo dormir lo suficiente para poder mantener la cordura. Recuerde, el meollo de la conducta de apego, lo que su hijo instintivamente necesita, es su presencia. Incluso una madre dormida le sirve, al menos por la noche. Ya ha tenido la tarde para mirarle a los ojos, hablarle, jugar con él... ahora puede dormir tranquila, que su hijo ya se tranquilizará solito cuando se despierte y la vea a su lado.

Bibliografía:
Bowlby J. Child Care and the Growth of Love. 2ª ed. Penguin Books, London, 1990 (no sé si existe traducción)
Small MF. Nuestros hijos y nosotros, Javier Vergara editor, Barcelona 2000
Jackson D. Three in a bed, the benefits of sleeping with your baby. Bloombsbury Publishing, London, 1999 (existe traducción en Mexico, creo, “tres en la cama”, a ver si localizáis la cita)


martes, 17 de marzo de 2009

Presentación del nuevo libro de Laura Gutman y fragmento


La anorexia

Cuando la furia emocional nos desborda -especialmente si somos aún muy jóvenes-, y cuando no logramos desplegar nuestras alas sometidas al deseo omnipresente de nuestra madre, creemos que seremos capaces de rechazarla a través de otras entidades nutricias, como por ejemplo, el alimento. Así es como iniciamos esta guerra de deseos. Si ganamos esa batalla, nos sentimos poderosas. No comer, ser capaces de decir “no”, no tentarse, no tener hambre, no necesitar del otro, es el trofeo alcanzado. Eso se llama anorexia.

Alcanzamos la ilusión de estar demostrándole a nuestra madre que no la necesitamos y que podremos sobrevivir sin ella. Aunque en el fondo estemos desesperadas de amor materno. Es evidente que el problema no reside en el hecho de no comer, sino que la anorexia es la herramienta ideal contra la invasión del deseo ajeno. Por eso es ridículo que nos obliguen a comer o que controlen cuánto alimento ingerimos, ya que en esos casos reaparece una “entidad externa” con un deseo bien definido que pretende anular el nuestro. Ninguna anoréxica “desearía” comer más. Al contrario. No comer nos permite imponer nuestro deseo y eso nos otorga seguridad. Mientras no comamos, estamos orgullosas de estar ganando la batalla.
Admitamos que visto de este modo, quizás no haya nada más “saludable” para la anoréxica, que cerrar la boca. No conocemos otra manera de defendernos. Si lo supiéramos, no nos dejaríamos morir de hambre.

Que actualmente esta respuesta de la conciencia tenga un nombre y que ahora todos acordemos que se llama anorexia, no significa gran cosa. Porque creemos que hay una enfermedad allá afuera que es la culpable. Desviamos la culpa en la moda, en las imágenes exageradamente delgadas de las modelos, en los talles pequeños de la ropa y en la imagen distorsionada del cuerpo femenino.
En cambio, si ahora somos madres de hijas adolescentes o jóvenes que encuentran en la anorexia el modo desesperado de gritarnos lo que necesitan, rindámosles al menos un homenaje por haber llegado hasta aquí, todavía con las ganas intactas de ser sí mismas. Y preguntémosles qué necesitan de nosotras hoy, aquí y ahora. Dejemos de controlarlas. Pero eso no significa que continuemos ignorándolas. Emprendamos el recorrido que la anorexia se merece: el camino de la comprensión y la aceptación de los deseos ajenos. El camino del amor. El camino de regreso a casa.


Fragmentos del libro “La Revolución de las Madres”

sábado, 14 de marzo de 2009

La frustración innecesaria en la infancia

Artículo de Yolanda González


Vivimos en una Sociedad, donde desde la más tierna infancia, se nos enseña a soportar la frustración.


Existe la creencia generalizada, de que si no hay frustración marcada por los adultos, los bebés y los niños-as, no logran tener ningún límite a su demanda (“perversos polimorfos”) y como consecuencia, devienen en sujetos anti-sociales y no adaptados.


Hemos aceptado, que la vida es dura y cruel. Y nuestros hijos deben prepararse para afrontarla cuanto antes. Es por ésto, que desde que son bebés, recibimos consejos permanentes sobre cómo evitar que nuestros hijos se malcrien: "No lo cojas en brazos" "No atiendas a su llanto, que primero te piden la mano y luego te toman el brazo". "No transijas, pues se subirán a las barbas". Tantos y tantos tópicos, con el único objetivo de que esos bebés, ávidos de contacto epidérmico, de mirada amorosa, de empatía profunda, vayan aprendiendo a través de la frialdad, a ser "Duros", que no fuertes.


Poco a poco, la sociedad nos transmite que debemos acorazarnos. Con una coraza rígida e insensible ante el dolor de los otros "porque la vida es así". Poco a poco, nos distanciamos de nuestro instinto protector, y de nuestro sentido común, para ser máquinas que responden al sistema, con sumisión. Aceptamos las normas, aunque sean irracionales, y formamos parte del engranaje.


¿Qué hemos olvidado? ¿Qué confundimos cuando hablamos de límites, educación, autoridad, frustración...?.


Olvidamos que ese bebé y ese niño, tiene una innata capacidad, para SENTIR mejor que nosotros-as cuáles son sus necesidades más imperiosas. Olvidamos que, siguiendo a manuales o recomendaciones que dinamitan el sentido común (el más escaso de los sentidos), violentamos el proceso natural de autonomía y auto-estima, que se forma tan sólo desde el respeto a sus necesidades básicas. Tan sólo una respuesta sensible y empática a sus necesidades primarias, garantiza un desarrollo psicoafectivo saludable.


JAMAS, debemos de frustrar las necesidades afectivas. ¿ A quién le ha hecho daño un abrazo, una mirada cálida o una presencia en los momentos de mayor necesidad? A quién le hace daño el amor?


Confundimos la frustración de necesidades culturales, con la frustración de las necesidades afectivas. La única frustración saludable, es la que frena el sinsentido del consumismo.


Consumismo de la Tv. no constructiva. De los dulces excesivos. Sabemos que comprar y comprar, tapona en pequeños y mayores, grandes lagunas y ausencias afectivas. Y la sociedad no limita, sino fomenta estas necesidades vacías.


Estas y no las otras, son las necesidades secundarias o culturales que debemos aprender con inteligencia y amor, a limitar.


Muchos pediatras, autores, vecinos, cuestionan la lactancia natural prolongada. Y la justifican desde psicologizaciones y teorizacíones, sin ningún fundamento. Sin ningún seguimiento práctico y directo de bebés, que de forma sólida, permita realizar dichas afirmaciones. Y en los casos que se acompañan de observación, lo observado responde generalmente a lo "normal" y estadístico para la sociedad actual , ignorando y desconociendo lo que pudiera ser "lo sano". Intentan imponer con sus criterios, lo que hace la mayoría, sin cuestionar, si esos criterios generan felicidad o infelicidad, salud o normalidad.


Frustrar la necesidad del pecho a demanda y la necesidad de la lactancia prolongada (en los casos que así se decida, o en su defecto un biberón dado con contacto y amor) , es negarnos una experiencia esencial en la vida:


Porque, conocer el placer y el amor, es la mejor prevención de trastornos psicosomáticos posteriores. Permitir que el bebé, explore cuáles son sus necesidades y que el medio se las posibilite, es lo que crea confianza y seguridad en la vida.


Es lo que posibilita el vínculo. El apego seguro.


Los padres, y el profesorado están a veces muy desorientados con tanto bombardeo informativo y contradictorio.


Es por ello muy importante, desarrollar la capacidad de empatizar con nuestros bebés ya desde el embarazo, para que el continuum de relación, ese " hilo mágico" como me gusta llamarlo y que algunos padres y madres percibimos desde el nacimiento hasta la autonomía de nuestros hijos, sea el mejor antídoto ante tantas influencias nefastas en el desarrollo saludable de la primera infancia.-


Ese "hilo mágico", se llama VINCULO, y su base es la confianza, la seguridad y sobre todo el AMOR, del bueno.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Porqué usamos pañales de tela


A pesar de que en Argentina, cuando uno habla de pañales de tela la gente se imagina chiripas y bombachitas de goma, en el mundo entero los pañales de tela han cambiado.

Ahora los hay de diferentes tipos: con inserts o de bolsillo, todo en uno, de dos piezas, de tres piezas. De diferentes colores y motivos: lisos o estampados. De una sola talla que se van agrandando con boches a presión, o de diferentes talles dependiendo del peso del niño.

Nosotros ya llevamos dos meses usando pañales de tela, y la verdad, es que estamos felices con la decisión.

Tal vez sea solo cuestión de pieles, pero Joaqui, con los mejores descartables del mercado, vivía con dermatitis, mientras que Emma, con pañales de tela, no ha tenido hasta ahora ni una sola paspadura.

Es cierto que hay que cambiarlos más seguido que con los descartables, pero eso también tiene sus beneficios: mi hija siempre está con la cola limpia. A quien le gustaría estar con una toallita sucia durante 12 horas? Seamos honestas, nosotras ni para dormir dejamos pasar más de 8 horas con la misma toallita... Y esa es la misma cantidad de horas, aproximadamente, que me dura un pañal de tela durante la noche.

Es cierto que a veces hay algún desborde, pero también tenía desbordes con los pañales descartables, así que no puedo echar la culpa a la tela, sino más bien a que no lo coloqué correctamente, o que hizo demasiado pis en poco tiempo.

Por otra parte, además de ser ecológicos (les aconsejo leer este artículo de Crianza Natural) son preciosos. Mi niña ya no necesita bombachudos, porque tiene un pañal de cada color para combinar con cada vestidito.

Son unitalla, así que aunque me costó un dineral importarlos, tengo pañal para al menos 2 años, así que no solo lo amortizo, sino que ahorro. Y no solo ahora, sino también a futuro, ya que si decidimos tener otro hijo, estos mismos pañales me serviran también para el tercero.

Algunos me cargan porque "le hacen demasiada cola". En esto también veo una ventaja: cuando empiece a caminar y darse los primeros porrazos, tendrá mas acolchado el culete para las caídas!

Y lavarlos es una pavada. Solos los enjuago con agua caliente, y si tiene caca la saco con un cepillito (ahora que hace cacas blandas, cuando empiece a comer solo tendré que tirarlas al inodoro) y los voy juntando en un balde con agua con un poquito de jabón. Día por medio hago un lavado de pañales en el lavarropas, con poco polvo de lavar (y del mas barato, sin aditivos de ningún tipo), un poquito de bicarbonato y un chorrito de vinagre blanco en el enjuague. Secarlos al sol termina de blanquearlos. Y cuando se los vuelvo a poner, otra vez estan como nuevos.

Ese es nuestro granito de arena para un medio ambiente más sano.

jueves, 5 de marzo de 2009

Newsletter de Laura Gutman del mes de Marzo


El mismo miedo


Es muy extraño que actualmente sólo podamos imaginar los partos como si fueran “situaciones riesgosas”. Es por eso que recurrimos a “especialistas” en tecnología, poco entrenados para sostener un encuentro humano y sin conocimientos para hacer preguntas adecuadas e íntimas. El motor de las decisiones suele ser el miedo. En consecuencia cada parturienta queda al servicio de las rutinas hospitalarias, en lugar de que el personal asistente esté al servicio de la parturienta. Un verdadero despropósito.

Que los partos se produzcan en las clínicas y hospitales trae consigo una contradicción insoslayable: para tratar todas las enfermedades y accidentes se requiere que los médicos y paramédicos “hagamos algo, y rápido”. En cambio, para asistir a una parturienta, lo ideal sería “no hacer casi nada y esperar”. Por lo tanto, la lógica de parir y nacer en instituciones médicas es difícil de explicar.

Consideremos que hemos dejado de respetar el tiempo. El parto es una demostración más de que las mujeres necesitamos comprender la dinámica del tiempo, sin confrontarlo ni manipularlo, porque lo único que logramos es quedar “fuera de nuestro tiempo” interno. Sólo cuando comprendamos que el parto sucederá cuando tenga que suceder, las intervenciones innecesarias caerán en desuso.

Tomemos en cuenta que si la escena del nacimiento es hostil, si somos mal tratadas, si parimos enchufadas a cables y atragantadas de medicamentos, si nos desconectamos al punto de despersonalizarnos para no sufrir; recibiremos a nuestros hijos en pésimas condiciones físicas y emocionales. Las primeras experiencias de esos niños serán desgarradoras y el futuro, incierto. En cambio si pretendemos convertirnos en una sociedad más madura, más rica, más culta y más pacífica, comencemos por el inicio: hagamos la revolución en las salas de parto. Trasformemos cada nacimiento en una semilla de amor. Informémonos. Hablemos entre nosotras. Contemos la verdad. Pidamos ayuda. Organicémonos. Acerquémonos parturientas y profesionales para saber que compartimos el mismo miedo y la misma ignorancia. No nos hagamos las distraídas porque el cambio depende de cada una de nosotras, las mujeres.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Las mujeres que dan el pecho son menos propensas a descuidar a los niños


Investigadores australianos sugieren que la hormona liberada durante el acto refuerza el vínculo maternal
(FUENTE: Baylor College of Medicine, news release, Jan. 26, 2009)
LUNES, 26 de enero (HealthDay News/Dr. Tango) --
Las madres que dan el pecho son menos propensas a descuidar a los niños, informan investigadores australianos.En su estudio, los científicos dieron seguimiento a 7,223 mujeres australianas y a su hijos durante 15 años y hallaron que mientras más amamantaba una madre a sus hijos, menor era el riesgo de negligencia.
Las madres que daban el pecho menos de cuatro meses eran el doble de propensas a descuidar a sus hijos que las que lo hacían por cuatro meses o más. Las mujeres que no daban el pecho eran 3.8 veces más propensas a descuidar a sus hijos que las madres que lo hacían durante al menos cuatro meses.
Incluso tras ajustar otros factores, como el estatus socioeconómico, el abuso de sustancias y la depresión, los investigadores encontraron una fuerte relación entre dar el pecho y la atención materna.
Los hallazgos aparecen en la edición de febrero de Pediatrics.
Una investigación previa sugiere que la lactancia materna podría ayudar a crear un fuerte vínculo entre madre e hijo, señaló la autora principal del estudio, la Dra. Lane Strathearn, profesora asistente de pediatría del Colegio Baylor de Medicina y del Hospital Infantil de Texas, en un comunicado de prensa de Baylor.
"La oxitocina es una hormona crítica que se produce durante la lactancia materna que promueve y refuerza el comportamiento materno. Los estudios en animales demuestran que esta hormona es crítica en el inicio del comportamiento maternal en los animales", dijo Strathearn. "Es posible que la lactancia materna estimule la producción de oxitocina en el cerebro, ayudando a desarrollar un fuerte vínculo entre la madre y su bebé. También, los factores que ayudan a moldear el desarrollo del sistema de la oxitocina en el cerebro podrían predisponer para dar el pecho y cuidar al bebé de manera exitosa".
"Fomentar la lactancia materna podría ser una forma sencilla y rentable de fortalecer la relación entre la madre y su bebé. Brindar apoyo económico y social a las nuevas madres para que se queden en casa con sus bebés podría ayudar a lograr este objetivo. El simple hecho de que las mujeres tengan licencia por maternidad tan limitadas les impide fortalecer esta relación", dijo Strathearn.
"La negligencia materna representa una anomalía fundamental en la relación entre una madre y su hijo, ya que la madre no le ofrece los cuidados físicos y emocionales que necesita para su óptimo desarrollo. La lactancia materna podría ser una forma sencilla de apoyar la relación entre madre e hijo y de reducir el riesgo de negligencia a largo plazo".
http://healthfinder.gov/

lunes, 23 de febrero de 2009

Padres dicen a la BBC que la presentadora de un solo brazo asusta a sus hijos

Hoy leí esta noticia de Inglaterra, que me dejó atónita.
Realmente no puedo creer que gente adulta y de uno de los países más desarrollados del mundo pueda tener una mentalidad tan cerrada y obtusa.
Básicamente, parece que en la BBC es dueña de un canal digitalpara niños (CBeebies) en el que recientemente han incorporado a una presentadora de 29 años, Cerrie Burnell, que nació con un solo brazo. Esta chica participa en dos programas: "Haz y descubre" (Do and Discover) y "La hora de ir a la cama" (The bedtime hour).
Los padres están inundando las casillas de la BBC con quejas al respecto, y según la nota, algunos comentarios son tan fuertes que han tenido que ser borrados por los administradores.
Los padres se quejan, principalmente, de que sus hijos van a tener pesadillas por la noche por ver a la chica con un solo brazo, y de que han tenido que hablar con sus hijos de temas (supongo que debe referirse a las capacidades diferentes) para los que los niños aún no estaban preparados (yo me pregunto, quienes estaban menos preparados, los niños o los padres?).
Por suerte, algunos padres han enviado mails apoyando a la presentadora.

domingo, 22 de febrero de 2009

Los celos


Emma ya tiene 4 meses. Ya no es un bebé que duerme la mayor parte del día, sino una bebota que ríe y sonríe, interactua, acaricia y reclama atención.
Y Joaqui está celoso. Adora a su hermana, pero a la vez se pone terrible y trata de llamar la atención cuando le hago cosquillas a Emma en el cambio de pañales, o cuando me siento un ratito a jugar con ella. Reclama tiempo en exclusiva, pero le cuesta muchísimo otorgar ese mismo espacio a su hermana.
Y a veces, tenemos que armarnos de paciencia y recordar que no es fácil para el, de ser único hijo, único nieto, y único sobrino, a pasar a compartir el cariño de TODOS, porque encima, tambien tiene dos primitas y un primito nuevos...
Por eso, y porque se que varias mamás que nos leen estan esperando el segundo embarazo, me pareció bueno compartir, y de paso tener un poco más presente, este excelente artículo de Carlos Gonzalez.


POR QUÉ TIENEN CELOS

Los adultos sienten celos de sus rivales sexuales, y los niños sienten celos de sus hermanos. ¿Qué tienen en común estas dos situaciones para que generen reacciones tan similares que les damos el mismo nombre?

Los celos no son exclusivos del ser humano. En aquellas especies, como el león, en que el macho permanece junto a la hembra y protege a las crías, suele también ahuyentar a los posibles rivales. El macho que cuida a sus hijos transmite más fácilmente sus genes, siempre y cuando sus hijos sean realmente suyos y tengan sus mismos genes. Cuidar a los hijos de otro no sale muy a cuenta desde el punto de vista evolutivo. El gen de cuidar a los hijos se transmite mejor si va acompañado del gen de los celos.

La hembra no suele tener estos problemas. Sus crías son suyas, de eso no hay dudas, y lo que haga el macho en sus ratos libres le trae sin cuidado. Pero en el ser humano, la larguísima infancia de nuestros hijos hace recomendable contar con la compañía del padre. Si tu hombre empieza a tontear con otras, un día de éstos puedes encontrarte sola y sin ayuda para cuidar a tus hijos. En nuestra especie, tanto el varón como la mujer son celosos, y no les gusta que la persona a la que aman se fije en otros.

¿Y por qué los novios tienen celos, cuando aún no tienen hijos? No es un razonamiento consciente. No tienes celos porque piensas «si mi marido se marcha, tendré dificultades para llegar a fin de mes», lo mismo que no tienes hambre porque piensas «necesito mil ochocientas calorías para mantener en marcha mi metabolismo». Son sensaciones que surgen espontáneamente de nuestro interior y que nos obligan a hacer cosas.

Los celos entre hermanos obedecen a motivos similares: los niños necesitan la atención y los cuidados de sus padres para sobrevivir. Si los padres sólo atienden a uno y olvidan al otro, este último lo va a pasar muy mal. Por tanto, cuando nace un hermanito, la reacción lógica y normal es hacer lo necesario para recordar a los padres: «¡Eh, que estoy aquí!». Es decir, llamar la atención. La motivación no es consciente; el niño de tres años no piensa: «Tengo que volver a hacerme pipí encima, tener rabietas y tartamudear, para que así mis padres me hagan más caso. » No, lo que ocurre es que, a lo largo de miles de años, los niños que hacían esas cosas u otras parecidas han tenido más posibilidades de sobrevivir, y sus genes se han extendido por el planeta.

Los niños con celos muestran una curiosa mezcla de conductas. Se comportan como un bebé más pequeño para inspirar compasión, pero también les gusta comportarse como un niño más grande para demostrar que son mejores que el pequeño. Tratan a sus padres con una mezcla de cariño casi «pegajoso» y hostilidad. Muestran hacia el hermanito un cariño exagerado que bordea la agresión, como cuando le abrazan tan fuerte que casi le ahogan. Intentan a veces golpearle, o con más frecuencia ridiculizarle («no sabe hablar, se hace caca encima»). También pueden tener rabietas y accesos de ira, insultando y golpeando a los mismos padres cuyo afecto intentaban conseguir. Pueden parecemos conductas muy extrañas, pero en el fondo es lo mismo que hace un hombre cuando sospecha que su esposa se está interesando por otro: a ratos llorar y suplicar, a ratos intentar ser un esposo modelo, lavar los platos y colmarla de regalos; a ratos mostrarse atento y cariñoso, a ratos hacer reproches y montar escenas; intentar dejar en ridículo al rival, a veces agredir al rival e incluso a su esposa...

¿Por qué nos sorprende en los niños la misma conducta que veríamos como normal en un adulto? Se compara a veces al hermano mayor con un «príncipe destronado», suponiendo que la causa de los celos es la pérdida de los privilegios del hijo único. Llevada a sus últimas consecuencias, esta manera de pensar podría conducir a no hacer mucho caso a los niños, para que así no noten la diferencia cuando nazca el hermanito. Parece una barbaridad, pero Skinner propone algo parecido en Walden Dos: los padres no han de ofrecer a su propio hijo más cariño que a cualquier otro niño:

Nuestra meta es que cada miembro adulto de Walden Dos mire a todos nuestros niños como suyos, y que cada niño mire a todos los adultos como sus padres.

La gran ventaja de tener tan poco trato con los padres es que, si éstos mueren, el huérfano no los echa de menos:

¡Piense en lo que esto significa para el niño que no tiene padre ni madre! No tiene ocasión de envidiar a sus compañeros que si tienen, porque, prácticamente, no existe diferencia entre ellos.

Pero la causa de los celos no es el recuerdo de los privilegios perdidos. Los hermanos pequeños, que jamás han sido hijos únicos y que no han podido por tanto acostumbrarse a ser «los reyes de la casa», también tienen celos de sus hermanos mayores. El haber sido cubierto de mimos en los primeros años probablemente no aumenta los celos, sino que los disminuye, o más bien da al mayor la confianza suficiente para soportarlos.

Los celos suelen ser mayores cuanto menor es la diferencia de edad, porque el mayor todavía necesita lo mismo (brazos, mimos, compañía constante) que el pequeño, y por tanto la competencia es mayor. Los celos entre hermanos son totalmente normales, y es absurdo (y muchas veces contraproducente) pretender negarlos, reprimirlos o erradicarlos.

Podemos ayudar al niño celoso demostrándole nuestro cariño incondicional. Debe saber que no necesita mostrarse celoso para obtener nuestra atención, pero también debe saber que le seguimos queriendo aunque se muestre celoso. Podemos intentar encauzar sus celos hacia manifestaciones más positivas, ayudarle a demostrar lo grande y listo que es («Cuéntale a mamá cómo me ayudaste a bañar a Pilar. ¡Qué suerte tener a Juanito en casa; me ayuda muchísimo!»). Pero no podemos pretender o esperar que un niño no tenga celos. Eso sería antinatural.

Imagine que su marido se presenta en casa una tarde con una mujer más joven: «Querida, te presento a Laura, mi segunda esposa. Espero que seáis amigas. Como es nueva y se siente extraña, le tendré que dedicar mucho tiempo, espero que tú, que eres mayor, sabrás portarte bien y ayudar más en casa. Ella dormirá en mi habitación, para que me sea más fácil cuidarla, y tú tendrás una habitación para ti sólita, porque ya eres grande. ¿A que estás contenta de tener tu propia habitación? Ah, y compartirás con ella tus joyas, claro. » ¿No estaría usted un poquito celosa?
Extraído del libro "Bésame mucho - Cómo criar a tus hijos con amor", del pediatra español Carlos Gonzalez, Ed. Temas de Hoy, pág. 115

viernes, 20 de febrero de 2009

Y seguimos con el babywearing...

Les dejo un video excelente de la Red Canguro, que me recomendó Lili, donde se puede ver perfecto como poner al bebé en la posición canguro en la espalda. Parece difícil, al principio uno se siente muy inseguro, pero es un nudo excelente para poder llevar al bebé mientras hacemos las cosas de la casa!!


miércoles, 18 de febrero de 2009

Babywearing


Cuando Joaqui tenía unos 4 meses, descubrí el fantástico mundo de las quepinas. A partir de ese momento, el cochecito comenzó a juntar polvo, solo lo usaba la bisabuela de Joaqui para sacarlo a pasear.
Poco a poco descubrí el mundo del "babywearing": quepinas o "wawitas", rebozos o fulares, mei-tai, con nudos, con correas o con anillos...
Un tiempito antes de que nazca Emma me compré 4,50 mts de tela y la bisabuela de los chicos nos hizo el rebozo. Los primeros meses, lo usamos en posición "canguro", la gorda se pasaba el día ahí dentro, durmiendo como si jamás hubiera salido de la panza, y cuando salía a la calle la gente pensaba que aún estaba embarazada.
Un día, en una heladería, un chiquito le dijo a su papá, mirandome: "Papi, ese bebé está naciendo!!"... es que, lamentablemente, esta forma de llevar a nuestros hijos aún es poco común en Argentina...
Ahora Emma tiene 4 meses y medio, y hemos empezado a usar la posición "canguro en la espalda". Así hago todas las tareas de casa: armo las camas, pongo el lavarropas, tiendo la ropa limpia y descuelgo la ropa seca, barro, y a veces hasta cocino... Emma observa atentamente, desde mi espalda, cada movimiento, mientras yo le voy contando qué estamos haciendo, o se queda profundamente dormida y se hecha una buena siesta.
El babywearing cambió nuestra vida: ya no hay que cargar pesados cochecitos, no hace falta plegar ningún paraguitas para subir a un colectivo, tengo mis dos manos libres para llevar bolsas o para ir de la mano con Joaqui, y mi hija no tiene que llorar para que yo pueda ocuparme de otras labores hogareñas.
Favorece el apego, y le da seguridad al bebé, que está permanentemente en contacto con el cuerpo de su mamá, con su calor, con su olor...
Además de las fotos de nuestro babywearing, les dejo este maravilloso video que me recomendó Christine. Si bien no entiendo el idioma (alemán?), no hace falta entender las palabras, solamente ponerse en la piel de ese bebé llevado en cochecito o ese otro, que va en la espalda de su mamá...

martes, 3 de febrero de 2009

Educación: Entrevista a Roger C. Schank - "Los colegios no deberían existir"

Artículo extraído de


Entrevista a Roger C. Schank, presidente de Socratic Arts


Roger C. Schank es un crítico severo del sistema educativo actual, y no trata de suavizar sus palabras para que suenen políticamente correctas. Schank es, además, uno de los principales investigadores del mundo en Inteligencia Artificial, Teoría del Aprendizaje y en la construcción de entornos virtuales de enseñanza. Durante 35 años, fue profesor de Universidades como Standford, Yale y Northwestern. Ahora está empeñado en acabar con el actual sistema educativo, y ofrece sistemas alternativos de aprendizaje desde su compañía Socratic Arts y su organización sin ánimo de lucro, Engines for Education. KINDSEIN le ha realizado una extensa entrevista.
Según Schank, el sistema educativo que tenemos hoy —y que ha seguido invariable desde hace siglos— se podría resumir así: un profesor entra en clase y habla. Los alumnos, como mucho, toman apuntes. Como no pueden recordar lo que se les dijo, les hacen exámenes. Pero poco después de pasar esos exámenes, olvidan todo. A Schank le gusta preguntar a sus alumnos: «¿Podrías aprobar ahora, sin estudiar, el exámen de álgebra que pasaste el año pasado?» La respuesta es no. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque no se puede aprender lo que nos dicen. Los recuerdos siempre van asociados a sorpresas, emociones, retos. Se aprende haciendo. Y el "aprender haciendo" no es un concepto nuevo. Desde la antigüedad, muchos filósofos y científicos han reiterado que es la única forma de aprender.

KINDSEIN: ¿Por qué, si es tan obvio que "aprender haciendo" es la mejor forma de enseñanza, nadie hace nada para cambiar el sistema educativo y adaptarlo a ese concepto?

ROGER SCHANK: Es bastante difícil enseñar mediante el “aprender haciendo”. Si 30 niños aprenden de esta forma, todos tendrán distintas necesidades y problemas a los que debe enfrentarse el profesor al mismo tiempo. Y todos pueden ir en distintas direcciones, según los intereses de cada uno.
El problema es el aula. Cuando hay aulas y un maestro al frente, aprender haciendo es casi imposible. Cambiar esto significa prescindir de las aulas, así como de la idea de un profesor de pie delante de 30 niños, que sabe qué es verdad y te lo va a contar. Este cambio resulta inconcebible para los colegios. Aprender haciendo implica tener un objetivo que conseguir. Los niños deben intentar hacer algo. ¿Qué intentan en el colegio? Sobre todo, aprobar exámenes y conseguir buenas notas. La cuestión es si esa es una habilidad que merezca la pena enseñar.

KINDSEIN: ¿Quién tiene la culpa del sistema educativo? ¿Los gobiernos?

ROGER SCHANK: Por supuesto, tienen la culpa los gobiernos. Los políticos nunca se han preocupado de educar realmente a los niños, ni nunca lo harán. Todos hablan de educación porque así consiguen votos, pero un electorado verdaderamente preparado haría preguntas difíciles a los políticos, y les complicaría la vida. Los votantes tontos son más fáciles de tratar. Más aún, los adultos tontos hacen los trabajos serviles, y los gobiernos siempre están preocupados por no tener suficientes trabajadores serviles, como los soldados, para cumplir sus órdenes. Los gobiernos represivos enseñan la verdad que quieren que conozcan los ciudadanos. Los gobiernos controlados por grandes empresas enseñan a los estudiantes a convertirse en empleados dóciles. No muchos gobiernos quieren realmente enseñar a los estudiantes a pensar por sí mismos.

KINDSEIN: ¿Y los profesores? ¿Tienen algo que ver?

ROGER SCHANK: Los profesores no tienen la culpa. Han aprendido a vivir en un sistema tonto, pero normalmente empiezan con grandes ideales y aprenden a adaptarse. Podrán aprender a enseñar de una nueva manera cuando exista una nueva manera.

KINDSEIN: ¿Quién decide qué tenemos que estudiar y cómo?

ROGER SCHANK: Es una pregunta muy interesante. La respuesta, sorprendentemente, es 'nadie'. Todo se decidió hace mucho tiempo y nadie puede cambiarlo. Y, lo que es peor, hay grupos de presión que quieren dejarlo igual, y son muy fuertes. Editores de libros de texto, preparadores de exámenes, profesores y muchos otros tienen un gran interés en que todo siga igual.Sólo tienes que intentar eliminar el álgebra o la trigonometría del plan de estudios de cualquier escuela secundaria del mundo. El clamor sería estruendoso. Esto es cierto incluso teniendo en cuenta que casi nadie recuerda nada de esos temas una vez terminado el colegio. No lo recuerdan porque es inútil y el 99,9 % de los adultos nunca lo ha utilizado. Y no, no te enseña a pensar. Si queremos enseñar a la gente a pensar podríamos investigar buenas maneras de hacerlo.

KINDSEIN: Tenemos el mismo sistema educativo desde hace cientos de años...

ROGER SCHANK: Miles de años. Los críticos romanos se quejaban de que el colegio era irrelevante e inútil. Platón señalaba que la gente aprendía haciendo; argumentaba contra el sistema existente en Grecia. Montaigne se quejaba sobre el sistema francés, Locke sobre el inglés, Einstein sobre el alemán. Nadie escuchaba.

KINDSEIN: ¿Y por qué hay tan pocos revolucionarios de la educación?

ROGER SCHANK: No es un trabajo divertido. La mayor parte de la gente no sabe nada sobre educación y defiende con ardor el sistema actual. Y aunque es fácil conseguir que la gente corriente esté de acuerdo contigo, nunca es la que puede producir un cambio.

KINDSEIN: John Taylor Gatto, John Holt, Jerry Mintz son algunos de esos revolucionarios de la educación. ¿Tienen algo en común?

ROGER SCHANK: Normalmente, los demás son ex-profesores que ven lo terrible que es el sistema. Pero no son teóricos del aprendizaje, luego no se preguntan por qué las asignaturas son como son. Aceptan que los niños no aprenden matemáticas ni literatura, sin preguntarse por qué se enseñan esas asignaturas, para empezar. Además, como normalmente no tienen formación informática, no asimilan que la solución debe estar basada en los ordenadores para que el cambio sea amplio. Internet puede cambiarlo todo al proporcionar una experiencia de alta calidad a todo el mundo. Por supuesto, lo que se ha visto hasta ahora es el vino de siempre en una nueva botella.

KINDSEIN: Da la sensación de que no sólo hay pocos recolucionarios de la educación y la mayoría de ellos acaba perdiendo la batalla o la esperanza. ¿Es eso cierto?

ROGER SCHANK: No hay muchos. De todos modos, es una cuestión de dinero. Cuando tengamos el suficiente, podemos construir el plan de estudios alternativo que necesitamos. Engines for Education (mi organización sin ánimo de lucro) lanza nuestro primer año completo en ciencias de la salud este próximo mes de septiembre.

KINDSEIN: ¿Tienes algún programa para niños?


ROGER SCHANK: El que hay disponible ahora es para universidad. Pero puede que tenga uno listo en otoño para niños de tercer grado [8 y 9 años].

KINDSEIN: ¿Cuáles son los enemigos en la batalla para acabar con la mala educación?

ROGER SCHANK: Los políticos son el principal enemigo. Cada vez están más involucrados en los exámenes, y por tanto en estropear la educación.

Las universidades son el otro gran problema. Establecen criterios de admisión que no permiten a los graduados de escuelas secundarias alternativas acceder con facilidad. Esto asusta a los padres y hace que no prueben alternativas que podrían ser mejores para sus hijos.

KINDSEIN: Eres famoso también por ser políticamente incorrecto. ¿No es un papel duro y cansado?

ROGER SCHANK: No. Es fácil para mí, de hecho algo natural. Tengo muchos fans.

KINDSEIN: ¿Pero por qué lo haces?

ROGER SCHANK: Porque es importante hacerlo. Demasiados niños brillantes y motivados se vuelven adultos infelices porque les aterrorizaban las matemáticas, o los profesores, u otros niños, o tenían algo que les gustaba hacer y no era el colegio. Me preocupan esos niños. Y vivimos en democracias donde todos pueden votar. Cuando todo el mundo está sin preparar, votarán de una manera simplista. Puede que funcione para los políticos, pero no funciona para el mundo.

KINDSEIN: ¿Cuáles son tus planes? ¿Qué crees que vas a conseguir?

ROGER SCHANK: Voy a construir un sistema educativo del que los niños realmente quieran formar parte cada día. La gente será más feliz. El mundo será más seguro porque todos seremos capaces de entendernos mejor. La economía del mundo funcionará mejor porque los empleados entenderán realmente cómo hacer bien sus trabajos.

KINDSEIN: ¿Por qué crees que no hay nadie más que se atreva a seguir tus pasos?

ROGER SCHANK: Hace falta entender de una manera profunda cómo el aprendizaje, la memoria y la comprensión funcionan en las personas. Y es necesario entender cómo utilizar de la mejor forma posible la tecnología informática actual. No todo el mundo lo sabe. Además, si no eres miembro del 'establishment' universitario, te derribarán los que están a cargo del sistema. Mis credenciales me proporcionan credibilidad.

KINDSEIN: ¿Has creado alguna escuela?

ROGER SCHANK: Muchas de ellas. La mejor es el West Coast Campus de la universidad Carnegie Mellon. Tienen un sistema de aprendizaje en línea en programas de máster que he diseñado, y que funcionan bastante bien. También la Universidad Trump tiene algunos cursos hechos por mí y que también funcionan bien.

KINDSEIN: ¿Estás a favor del aprendizaje natural? Me refiero a que si crees que los niños deberían aprender aquello por lo que se sientan interesados y no lo que les imponen.

ROGER SCHANK: Estoy a favor de que los niños aprendan sobre lo que les interesa bajo la guía de expertos y profesores que les indiquen direcciones razonables. El plan de estudios de talla única debe desaparecer.
Los planes de estudio que están en línea solucionan ese problema. Los niños pueden avanzar a su propio paso. Esto es muy difícil de hacer en una aula tradicional. Si hay miles de niños en todo el mundo trabajando en asuntos parecidos, podemos encontrarles compañeros cuando estén listos para hacerlo.

KINDSEIN: ¿Es tan importante que los alumnos estén agrupados siempre según la edad?

ROGER SCHANK: No. De hecho, es probablemente una mala idea.

KINDSEIN: ¿Y qué hay de los diferentes tipos de "mentes"? Recientemente, ha habido un número creciente de diagnósticos de niños con síndrome de Asperger, con trastorno por déficit de atención, etc. Son niños que comparten la misma clase pero no las mismas inquietudes o necesidades que sus compañeros. ¿Cómo crees que debería abordarse este problema?

ROGER SCHANK: Tenemos que dejar de pensar que si a un niño se le dan mal las matemáticas eso significa que tiene un problema de aprendizaje, y empezar a preguntarnos qué es lo que hace bien y permitirle mejorar en eso. Tenemos que dejar de drogar a los niños con Ritalin porque no pueden sentarse quietos y concentrarse, y dejar de pedirles que hagan algo que es tan poco natural para ellos. Dejemos a los niños ser como son y enseñémosles en ese contexto, haciéndoles mejores en sus inclinaciones naturales.

KINDSEIN: ¿Por qué existe el acoso escolar? ¿Es algo inherente al ser humano?

ROGER SCHANK: La escuela ayuda a reforzar muchos malos comportamientos. No creo que los colegios deban existir. Los niños necesitan aprender en contextos más fáciles, que no sean tan traumáticos.KINDSEIN: Recientemente, entrevistamos a Jay Belsky con motivo de los últimos resultados un ambicioso estudio que concluye que a más tiempo pase un niño en una guardería, independientemente de la calidad de esta, más problemas de comportamiento tendrá después en la escuela. ¿Qué opinas de eso? ¿Crees que los niños aprenden a ser agresivos en la guardería?

ROGER SCHANK: Los colegios son guarderías, y no muy buenas.

KINDSEIN: Si queremos llegar hasta el final de los estudios, tenemos que pasar, año tras año, por una serie de asignaturas obligatorias que van en bloque y son comunes a todos los alumnos. ¿A quién beneficia este sistema?

ROGER SCHANK: El plan de estudios de los EE.UU. fue diseñado en 1892 por el presidente de Harvard, con la intención expresa de hacer la vida más fácil a los profesores de Harvard, ya que garantizaba que los alumnos que entraban habían estudiado las mismas asignaturas (las que se enseñaban en Harvard en aquel momento). Nadie puede cambiar esta situación porque el sistema está demasiado comprometido con él, y porque las universidades todavía insisten en seguir. Esta situación es más o menos la misma en todos los países. El cambio lo impiden las universidades, que realmente no tienen ningún interés en la escuela secundaria. En resumen, no quieren enseñar materias de escuela secundaria en la universidad.
Hace mucho tiempo, antes de Internet y de la posibilidad de múltiples opciones para los estudiantes, las escuelas secundarias realmente no podían cambiar. ¿Cómo podías proporcionar opciones a los estudiantes sin añadir grandes costes y muchos más profesores? Ahora ya no hay ese problema. Podemos hacer un plan de estudios una vez y puede utilizarlo cualquier persona del mundo. Sin embargo, el colegio no puede cambiar porque los gobiernos no entienden en absoluto lo que hay que hacer.«La escuela en casa arregla uno de los problemas importantes de los colegios: que los colegios y los profesores hacen que los niños se sientan mal consigo mismos»

KINDSEIN: ¿Qué tipo de apoyo necesita alguien que no esté de acuerdo con el sistema educativo y quiera hacer algo para cambiarlo? ¿Dejar la escuela, escribir una queja al director de la escuela,...?

ROGER SCHANK: El director del colegio no puede hacer nada. No pierdas el tiempo. Pide nuevos planes de estudio en línea que tengan el apoyo de la industria y del gobierno. Pide que el dinero se invierta en construir nuevos programas de estudio en áreas específicas. O piensa en inscribir a tus hijos en los programas que yo construyo. Por supuesto, no están en español. Organiza un grupo y tradúcelos.

KINDSEIN: La escuela en casa es un sistema bastante extendido en EE.UU. No tanto en España. ¿Qué opinas del homeschooling?

ROGER SCHANK: Me gusta la idea de la escuela en casa. Pero, al final, siguen enseñando a los niños el mismo plan de estudios y el Estado sigue diciendo en muchos casos qué asignaturas tienen que enseñar. Necesitan nuevos planes de estudios.
La escuela en casa arregla uno de los problemas importantes de los colegios: que los colegios y los profesores hacen que los niños se sientan mal consigo mismos. También apunta a otro asunto-- el tiempo. Los padres que enseñan en casa pueden ir mucho más rápido en el plan de estudios normal, y así pueden enseñar temas mucho más interesantes a su propia manera con el tiempo extra.

KINDSEIN: ¿Para qué sirve la escuela tradicional? ¿Qué se aprende en ella?

ROGER SCHANK: Todo el colegio es una pérdida de tiempo si piensas que su papel es realmente el aprendizaje. La educación más importante ocurre en casa o en el trabajo. La mayoría de lo que se aprende en el colegio se olvida. Lo que sí aprenden los niños en el colegio es cómo tratar con otros niños, con la autoridad, con las normas, etc. Muchas veces, un mal profesor es el que es mezquino o descuidado en su trato con la gente. Esos profesores deberían ser despedidos, porque su papel principal, en mi opinión, es apoyar a los niños.

KINDSEIN: ¿Hay alguna escuela en el mundo donde se pueda ir a "aprender haciendo"?

ROGER SCHANK: Sí. Aprender haciendo se utiliza como método de enseñanza en escuelas de comercio, en el trabajo, en el ejército y en cualquier área en la que esperemos que la gente consiga algo. En la escuela, eso no se intenta realmente. Se espera la memorización de los hechos aleatorios que las autoridades consideran importantes. Como no hay que hacer nada, ¿por qué enseñar así? El tema clave es el cambio en el plan de estudios, para que el examen principal sea de rendimiento, no de competencia.

KINDSEIN: En la actualidad, se habla de que hay muchos profesores desmotivados y muchos que no son vocacionales. En muchas carreras universitarias, las únicas salidas laborales son la enseñanza. ¿No hay mucho desnivel entre la cantidad de alumnos y el número de profesores con ganas de hacer una buena enseñanza?

ROGER SCHANK: Enseñar es un trabajo terrible. No consigue respeto y la escuela no permite a los profesores ser bueno en lo que hacen de ninguna forma real. Necesitamos convertir la enseñanza en supervisión. La supervisión sólo puede hacerse en un plan de estudios en el que los niños están intentando conseguir algo, y realmente quieren hacerlo. Los mentores pueden ayudarles a conseguirlo. La supervisión puede ser muy gratificante, pero el sistema tiene que cambiar radicalmente para que esto ocurra.

KINDSEIN: ¿Algún consejo final para los padres? Puedes darnos alguna buena noticia sobre el futuro de la educación. ¿Hay alguna solución? ¿Hay algo que podamos hacer?

ROGER SCHANK: Ha habido colegios buenos en muchas partes a lo largo de los siglos. El problema es el sistema, no los colegios en particular. Puede haber buenos profesores y buenas experiencias en el colegio, pero son la excepción y no la regla. La buena noticia es Internet. Podemos crear buenas experiencias educativas e inmediatamente permitir a cualquier niño del mundo participar en esas experiencias. Un plan de estudios bien construido una vez puede utilizarse en todos los colegios y hogares del mundo mientras haya mentores en línea para ayudar. ¿Podemos hacerlo? Seguro que sí.Convence a tu gobierno de que construya un puente menos o un misil menos y tendremos el dinero necesario. El gobierno es el problema, y no porque sea malo sino porque no tiene ni idea y es rehén de intereses muy poderosos que quieren impedir el cambio. Los millonarios hablan de ayudar pero siempre se refieren a enseñar las antiguas asignaturas de alguna forma nueva que mejore las puntuaciones.
El objetivo no son las notas de los exámenes, sino la felicidad. La felicidad proviene de una vida emocionante, que incorpora habilidades laborales, capacidad de razonamiento, capacidades personales, y no incluye fórmulas matemáticas ni obras literarias que consideran sagradas las distintas culturas. Tenemos que enseñar lo que importa hoy en día. Dejemos de convertir a los niños en intelectuales y hagamos que sean ciudadanos de provecho.

KINDSEIN: Gracias, Dr. Schank, y mucha suerte.

lunes, 2 de febrero de 2009

Newsletter de Laura Gutman del mes de Febrero



La revolución nuestra de cada día.

La nuestra es una revolución silenciosa, amorosa y pacífica. Es una revolución doméstica, en el sentido más sublime del término. Es un cambio cotidiano, permanente, cariñoso, tierno y compartido.
Hacemos la revolución cada mañana cuando despertamos sudando envueltas en el cuerpo del niño pequeño. Cuando la divinidad femenina se hace presente a través del alimento que ofrecemos. Cuando organizamos los rituales familiares de comida, baño, limpieza, orden, palabras, explicaciones, verdades nombradas, diálogos abiertos, comprensiones compartidas y sueños soñados. Cuando somos anfitrionas de las celebraciones. Cuando cada día compartido y cada noche de descanso hacen parte de la nutrición afectiva. Cuando brindamos porque estamos vivos. Cuando el poder susurrante del agua nos adormece, y el poder hipnótico del fuego nos vitaliza.
Las madres hacemos la revolución cuando recuperamos nuestros rituales ancestrales, cuando defendemos los espacios íntimos, cuando hacemos silencio, cuando recordamos que somos la Tierra y que somos el Cosmos. Cambiamos el mundo cuando conservamos el valor sagrado que tienen los pequeños actos de intercambio humano.
La revolución de las madres acontece cuando nos dejamos fluir por la energía de las trece lunas de cada año. Cuando nutrimos, alimentamos, sanamos, atendemos, esperamos y estamos abiertas y receptivas para con los demás.
No importa que hayamos tenido vidas difíciles. Cada día es una nueva oportunidad para mirar a un niño, y saber que está deseoso de alimentarse con nuestra sustancia materna. Tampoco importa si se trata de un hijo propio o un hijo ajeno, porque ellos siempre permanecerán receptivos a los cuidados amorosos. Todos los niños saben que existe un ámbito generoso y caliente latiendo en el corazón de cada madre, potencialmente útil y nutritivo para ellos.

Laura Gutman - Fragmento de "La revolución de las madres"




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domingo, 1 de febrero de 2009

PVDC en casa

Se puede tener un parto en casa luego de una cesarea? Claro que se puede!!! Y este video del maravilloso nacimiento de Sacha nos lo demuestra.
Gracias Ceci por tu autorización para publicar tu video, y por tu valentía al animarte a un PVDC en casa, a pesar de toooodooo lo que habrás tenido que escuchar del entorno!!
Espero que les guste y les emocione tanto como a mí.
Euge, pongo este video pensando especialmente en vos. Estoy segura de que vas a tener el parto que soñás.

jueves, 29 de enero de 2009

Programa de Telenoche sobre el Metodo Estivill

Me he enterado a través del blog de Familia Natural de que el pasado martes 27 de enero se emitió un programa de Telenoche en el que se hablaba de Método Estivill, con una clara línea a favor del metodito, a excepción del conductor Luis Otero que no se mostró muy a favor diciendo que parecía un metodo de adiestramiento (lo que de hecho es).
Si bien no he visto el programa, he enviado la siguiente carta a Telenoche:
Estimados Sres. de Telenoche:
Me dirijo a ustedes ya que he tomado conocimiento, por amigas y diferentes paginas que visito, que el pasado martes 27 de enero se emitió un programa referido al Método Estivill, lamentable exito de ventas en España y Latinoamerica, y mediante el cual se adiestra a los niños dejandolos llorar para que aprendan a dormir solos.
Lamentablemente no vi el programa, y si bien lo busqué en su pagina de internet, así como en You Tube, no me fue posible encontrarlo.
No obstante ello, no puedo dejar pasar esta situación por alto. El Metodo Estivill está basado en el metodo norteamericano del Dr. Ferber, quien se ha retractado. Además, está cientificamente comprobado que el dejar llorar solo a un niño pequeño o un bebé (notése que el Dr. Estivill habla de que su metodo puede ser aplicado desde los 6 meses de edad!!) produce altos niveles de estrés en el mismo, además de minar la confianza del niño en sus padres, total "aunque llore nadie acudirá a llamarme". Los niños no aprenden a dormir, simplemente aprenden a que no importa cuanto llamen a sus padres, estos no acudiran a su llamado.
Eso es lo que queremos de nuestros hijos? Así esperamos poner los cimientos hacia la confianza que luego les pedimos que depositen en nosotros? Así sentamos las bases para el dialogo cuando sean adolescentes? Y que podemos esperar que hagan ellos con nosotros cuando seamos ancianos, si nosotros no hemos sabido acudir a sus llamados cuando han sido niños? Debería llamarnos la atención que el recrudecimiento de la violencia en nuestra sociedad ha ido acompañado de un mayor alejamiento en la relación padres-hijos, el que se enseña desde la cuna misma, cuando dejamos a nuestros hijos llorar por la noche.
Me gustaría muchísimo ver la contracara de este artículo: una nota donde se habla del respeto y la empatía que nuestros hijos merecen de nosotros, un artículo donde se hable de los beneficios del colecho, y para aquellas familias que aún así opten por camas o cuartos separados, donde se brinden alternativas respetuosas para que los niños (que no bebés!! los bebés nos necesita a su lado, ya que el ser humano nace prematuramente y la exterogestación continúa hasta los 9 meses de vida, sino más!!) aprendan a dormir solos (y que tengamos siempre presente que el hacer dormir solo a un niño es una necesidad de los padres, NO del niño).
Al respecto, les sugiero entrevistar o leer artículos de especialistas como Rosa Jové, Carlos Gonzalez, Laura Gutman, Jean Liedloff e incluso se tenga en cuenta la ponencia de la Dra. Monica Tesone en el ultimo Congreso Argentino de Pediatría, el que pego a continuación.
Agradeciendo desde ya su atención, aprovecho para saludarlos muy atentamente,
Josefina Schatz


11º Congreso Argentino de Pediatría Social

6º Congreso Argentino de Lactancia Materna

1 al 4 de octubre de 2008

Se d e s : Centro de Docencia y Capacitación Pediátrica "Dr. Carlos A. Gianantonio" y Palais Rouge

Ciudad de Buenos Aires_______________________________

Mesa Redonda: Controversias en Lactancia MaternaTema: Consecuencias psicológicas del colecho

Autor: Lic. Mónica Tesone

Fecha: 2 de octubre de 2008

Los estudios científicos demuestran que dormir solos no tiene beneficios.

No produce independencia, competencia social, sentimientos de autoestima, capacidad de enfrentar el stress, ni mayor identificación sexual.

Por el contrario está demostrado que el colecho aumenta la independencia y mejora el desarrollo psicológico de los niños.

Un estudio de Lewis and Janda concluye que los chicos que nunca durmieron con sus padres eran más difíciles de controlar y menos felices, tenían más berrinches, y eran más miedosos que los que siempre durmieron en la cama de sus padres.

Las conclusiones de un estudio de Crawford son que los varones que colecharon con sus padres tenían mas alta autoestima, experimentaban menos culpa y ansiedad y tenían sexo con más frecuencia. Y en las mujeres el colecho se asoció con menos incomodidad con el contacto físico y en relación al afecto cuando eran adultas.

El colecho entre otros efectos fisiológicos tambien mejora la estabilidad respiratoria, la oxigenación, la termorregulación, provoca despertares sincronizados con la madre, disminuye las fases profundas del sueño, aumenta la prevalencia y duración de la Lactancia Materna y la producción de leche, y aumenta las horas de sueño de las madres que amamantan.Por el contrario la separación precoz puede producir modificaciones importantes en la predisposición al sufrimiento de patologías inducidas por el estrés, ya que el estrés y por consiguiente el elevado nivel de cortisol, es capaz de matar neuronas de los cerebros en formación de los bebés.

Los invito a todos a mandar sus mails a Telenoche pidiendo el derecho a réplica de quienes estamos en contra de dejar llorar a nuestros hijos.

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