martes, 26 de octubre de 2010

La educación prohibida

Un grupo de jóvenes estudiantes de cine, preocupados por el actual sistema educativo y su futuro, se encuentran preparando un largometraje documental que al que llamaron "La Educación Prohibida", y que estará disponible en forma gratuita a partir de mediados de 2011.
Acá les dejo los avances de este documental que promete.





martes, 19 de octubre de 2010

Desconectar para conectar

Muchas veces me ha pasado de estar mirando otros blogs, o incluso estar preparando una entrada para éste, y que mis hijos me llamen la atención.
A veces estoy tan ensimismada que (aunque me avergüenza contarlo) no me doy cuenta hasta que Joaqui o Emma directamente me apagan la computadora.
Muchas veces nos pasamos "conectados" a la pc, al celular, a FB, a Twitter, y no nos damos cuenta que lo más importante está sucediendo alrededor nuestro: cambiamos la VIDA VIRTUAL por la VIDA REAL.
Comparto con ustedes esta publicidad Tailandesa, para que reflexionemos y tratemos de encontrar el equilibrio, aprendiendo a disfrutar todo lo hermoso que tiene la vida.




jueves, 14 de octubre de 2010

La Corte Suprema de Bs. As. obliga a vacunar


Estoy indignada.
Acabo de enterarme, a través del blog de Mamás y Bebés (y luego a través de la nota original que pueden leer aquí), que la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires han intimado a los papás de un bebé nacido en casa en la ciudad de Mar del Plata, y que practican ayurveda, a que en el plazo de 2 días vacunen a su bebé y lo demuestren ante las autoridades, bajo apercibimiento de COMPULSIVAMENTE (es decir POR LA FUERZA) hacer vacunar igual al bebé, aún sin el consentimiento de sus padres.
En la nota no especifica cuál es la vacuna que se niegan a ponerle al bebé. Por ser un recién nacido, supongo que debe tratarse de la Hepatitis B o de la BCG.
Vacunar a un recién nacido con la vacuna de la Hepatitis B es ridículo. Es una vacuna que ni siquiera debiera estar en el calendario, ya que, en primer lugar, en Argentina la Hepatitis B no es una enfermedad endémica, y las vías de contagio son: transfusión (se supone que a la sangre le hacen análisis antes de transfundirla, por que con el mismo criterio sino podrían contagiar HIV), relaciones sexuales (que un recién nacido no va a tener), tatuajes (que un recién nacido no se va a hacer) o compartir jeringas. Es una vacuna que estaría bien darla cuando el niño entra en la adolescencia, al momento de ingresar al secundario, por ejemplo. Pero no tiene ningún tipo de sentido, si la madre es sana y no tiene tampoco Hepatitis B (lo que sale en los análisis de embarazo) a ponerle este tipo de vacunas a un recién nacido. Es meterle virus y hormonas en el cuerpo al santísimo botón, porque durante unos cuantos años estará muy lejos de contagiarse esta enfermedad.
En cuanto a la BCG, que es la vacuna contra la tuberculosis, esta enfermedad en Argentina, hoy en día es rarísima, sobre todo en los grandes centros urbanos. Esta vacuna ha dado lugar en Estados Unidos a muchos juicios porque se cree que podría ocasionar AUTISMO, aunque no existe evidencia científica al respecto. En Argentina es obligatoria y se aplica en forma sistemática. En otros países, por ejemplo España, se dejó de aplicar en forma sistemática en 1980 (aquí más información al respecto).
Debemos tener en cuenta que TODAS LAS VACUNAS TIENEN EFECTOS SECUNDARIOS, y que cuando vacunamos, en realidad NO TENEMOS LA MENOR IDEA de lo que les estamos metiendo a nuestros hijos en el cuerpo: virus vivos atenuados, virus muertos o inactivados, toxoides, thimerosal (un derivado del mercurio, que es sumamente peligroso) hormonas de distintos animales (mono, vaca, etc.). Quién se hará responsable si a este bebé le pasa algo por vacunarlo?
Mientras la decisión era de los padres, estos eran claramente los responsables de la salud del niño. Pero que pasa ahora, con este Estado paternalista, si el niño adquiere alguna patología que, aunque más no sea presumiblemente, pueda entenderse que proviene de esta vacunación? Por supuesto, respondemos todos como sociedad, pagando el juicio que estos podres podrían hacer al Estado. Pero si algo pasara, nadie les devolverá a estos padres, cuya ELECCION era NO VACUNAR, a su niño sano.
Quiero aclarar que YO NO ESTOY EN CONTRA DE LAS VACUNAS. Quienes sigan este blog sabrán que si bien mi postura no está definida, vacuno a mis hijos CON TODAS LAS VACUNAS DEL CALENDARIO OFICIAL, quizás de cobarde, nada más. No obstante, cada vez que llevo a uno de mis hijos a recibir un pinchazo, no puedo evitar sentir otro pinchazo yo, pero de remordimiento, porque... qué hago si por culpa DE ESTA VACUNA les pasa algo? Pero lo mismo me pasaría si dejo de vacunar y el día de mañana enferman de algo que yo podría haber evitado con un pinchazo. Por eso he tratado de encontrar un término medio que, al menos a mí me funciona, que es VACUNAR CON EL CALENDARIO. NI UNA VACUNA MÁS: ni varicela, ni gripe A, ni ninguna otra.
En el caso que nos ocupa, no estamos hablando de unos padres irresponsables que no vacunan porque les importa poco o nada la salud de su hijo, sino de dos padres COMPROMETIDOS CON LA SALUD DE SU HIJO, solo que de una forma diferente a la tradicional: ellos han elegido la medicina ayurvedica, como podrían haber elegido la antroposófica, o la homeopatía.
Personalmente, considero que tienen TODO EL DERECHO DEL MUNDO A NO VACUNAR A SU HIJO, SI EN FORMA INFORMADA Y RESPONSABLE ASÍ LO HAN DECIDIDO, máxime cuando, como en este caso, no se pone en riesgo ni la salud del niño ni la salud pública.
Así como creo que tienen derecho a decidir si lo escolarizan o no, si quieren un parto en casa o un parto hospitalario, si quieren dar biberón desde el primer día o amamantar hasta los 5 años.
NADIE, ni aún el estado, tiene derecho a meterse en la órbita de esta familia, y decidir por ellos.
Nadie discute que amamantar es más beneficioso para los bebés que dar el biberón, sin embargo el Estado no OBLIGA a las madres a amamantar durante x cantidad de tiempo. Solo RECOMIENDA la lactancia exclusiva durante los 6 primeros meses.
Ya que tenemos un calendario de vacunación OBLIGATORIO, al menos podrían contemplarse las EXCEPCIONES A LA REGLA, verdad?
Aquí les dejo algunos links (tanto en pro como en contra de la libre vacunación) que pueden resultarles interesantes:


martes, 12 de octubre de 2010

Con la mirada de un niño, por Yolanda Gonzalez


Publicado en la revista Mente Sana Nº 63.

Con la mirada de un niño. Educar desde el corazón

Mirar a un bebé suele despertar en el adulto sentimientos de ternura y protección.Contemplar cómo ríen y se mueven los pequeños es un espectáculo único que muestra las ricas potencialidades que encierran desde el primer despertar a la vida.La infancia es el mayor tesoro que posee la humanidad.Y,sin embargo,la interacción del adulto con cada niño puede favorecer o interferir en su desarrollo óptimo y saludable en función de muchos factores interdependientes.

Como sabemos,a lo largo de la historia han ido variando los modelos educativos y la forma de interacción con la primera infancia.Desde los más estrictos modelos autoritarios hasta los más permisivos,hay un gran abanico de variedades educativas que coexisten en nuestra sociedad actual.Pero más allá de las modas y los mmanuales educativos,necesitamos tener criterios coherentes y saludables para interaccionar con la primera infancia.

Necesitamos crear un puente de conexión entre el mundo adulto y el infantil que supere la visión tradicional del modelo adulto "yo sé,tú no sabes" y sustituirlo por el sano e infrecuente ejercicio de la empatía.Necesitamos observar y sentir a los más pequeños,sin prejuicios educativos,cambiando nuestra mirada para crear vínculos seguros y saludables.Efectivamente,el factor esencial durante la crianza y la educación es nuestra mirada,es decir,cómo interactuamos y el lugar desde el que nos relacionamos con ellos.Metafóricamente,podríamos mencionar dos tipos de mirada:la vertical y la horizontal.

En la mirada vertical,la más habitual,el adulto dirige desde arriba los pasos evolutivos del niño.Se considera que hay que "enseñar" al pequeño porque "no sabe".No solo se le enseñan normas sociales,también las funciones naturales como "dormir solos y de un tirón" (aunque reclamen a llantos a mamá),"comer de todo" (aunque no estén preparados),compartir (sin haber llegado a la etapa de la socialización)...Este hábito de "enseñar" todo-incluso las funciones naturales que están sujetas a procesos de autorregulación desvela el desconocimiento habitual de los ritmos madurativos y la descofianza en su capacidad de autorregulación.

La mirada horizontal,por su parte,aborda la infancia desde la empatía y el respeto por su proceso madurativo.El adulto se coloca a la altura del niño,acompañándole en su camino,con "ojos de niño",como señala tan gráficamente Franceso Tonucci,psicopedagogo y dibujante italiano.Mirar con ojos de niño significa comprender y sentir junto al niño;en términos de la teoría del apego,significa dar una respuesta empática y sensitiva,además de adecuada e inmediata,a las demandas emocionales del pequeño.

Hasta los tres años,los pequeños no entienden las explicaciones racionales.Solo esperan nuestra respuesta sensible a sus demandas para sentir que la vida es segura y merece la pena vivirla en nuestro regazo.Conocer su proceso evolutivo emocional,es decir,sus necesidades vitales y emocionales,es la clave esencial para acompañarles desde el respeto,la paciencia,la presencia emocional que requieren en los primeros seis años de vida,etapa en que se constituye el carácter y el vínculo seguro.Muchos sinsabores de la crianza y la educación son debidos al desconocimiento de cuándo,qué y cómo se puede pedir o esperar de un niño pequeño.No podemos esperar lo mismo de un pequeño de dos años que de otro de seis.

Las necesidades adultas y las infantiles son antagónicas por simple evolución madurativa.Ellos son pequeños e inmaduros;nosotros,adultos y supuestamente maduros.Ellos necesitan depender para crecer;nosotros,que crezcan rápido para que se independicen.Ellos necesitan de mamá o papá por la noche para sentirse seguros;nosotros,que duerman solos.Ellos necesitan jugar sin cesar como forma de aprender a vivir;nosotros,descansar después de trabajar.Y así un largo etcétera que coloca a los protagonistas de la historia en dos posiciones opuestas y,a veces,irreconciliables,salvo si recordamos que para crecer seguros y sanos,los niños necesitan satisfacer sus necesidades emocionales:que atendamos su llanto,que les ofrezcamos contacto corporal y que respetemos su ritmo madurativo.El pediatra y psicoanalista inglés Donald Woods Winnicott decía:"La fuerza o debilidad del yo del niño/a está en función de la capacidad del cuidador para responder adecuadamente a la absoluta dependencia del bebé en las primeras fases de la vida".

Si queremos hijos saludables,con vínculo seguro,en la primera infancia se encuentra la clave.Por tanto,somos los adultos los que podemos adecuarnos y amoldarnos a estas necesidades prioritarias de los primeros años -aunque implique algunas renuncias-,en lugar de tratar de adaptar a los pequeños a nuestro mundo adulto,con el consiguiente estrés y malestar para la primera infancia.Podemos superar la realidad de dos mundos opuestos estableciendo un puente de conexión a través de la empatía,de "sentir-con" ese pequeño que reclama nuestra atención y no entiende nuestras razones.Ellos son los pequeños;nosotros,los mayores.

Las emociones infantiles y las nuestras no son idénticas en cuanto a intensidad y capacidad de asimilación.Los menos de tres años sienten intensamente y no pueden relativizar sus emociones.El intelecto y la capacidad de racionalización adulta no están presente en esta etapa temprana del desarrollo en que están inundados de emociones,sin un filtro racional posible.Si mamá se va,por ejemplo,no valen las explicaciones verbales de buena fe como "volverá enseguida".Con menos de tres años,el niño llorará desconsolado,y solo parará por agotamiento o ante el regreso materno.No se trata de ningún déficit ni de que deban "aprender" algo para superarlo,simplemente necesitan tiempo de maduración para sentir y saber que si su figura de apego parte,volverá.

Es crucial comprender que las necesidades emocionales infantiles-de atención,afecto y presencia de la figura de apego-son legítimas y no responden a ningún capricho ni malcrianza.Malcriar es,contrariamente a la creencia popular,no responder con empatía a la demanda imperiosa de antención del niño,que,por otra parte,le trasmite la seguridad que necesita para su evolución posterior.Todavía existe el mito de que la infancia es el paraíso de la felicidad que perdemos según crecemos.Si pudiéramos recordar nuestra infancia,quizás aflorarían a nuestra conciencia momentos alegres,pero también otros que no lo son tanto.Seguramente sentimos soledad o incomprensión más veces de las deseadas;puede que experimentásemos el doloroso sentimiento de la humillación cuando nos acusaron injustamente de mentir,o recibimos un castigo doloroso..Recordando nuestra infancia es probable que comprendamos que no siempre fue esa etapa idílica en la que se afirma que los niños son felices porque no tienen obligaciones ni créditos que pagar.Crecer tampoco es fácil.Partir de nuestra experiencia puede ayudarnos a abandonar la mirada vertical y descender hasta la altura del niño,mirando a sus ojos y sus pequeñas manitas,en lugar de interpretar automáticamente cualquier comportamiento suyo sin pararnos a sentir su lógica emocional.

Podemos frenar la tendencia sistemática a interpretar que "no nos obedecen"-con el consiguiente y automático enfado-y detenernos a pensar que,quizás,están inmersos en su juego preferido y necesitan la complicidad paterna o materna para abandonarlo e ir a cenar,por ejemplo.Podemos cuestionarnos la interpretación social que impone reglas externas sobre lo que "debe" hacer un niño sin discriminar edades madurativas o que considera que atender a sus demandas afectivas es malcriar.

En lugar de pensar en términos de "enseñar",tratemos de observar su momento evolutivo y discernir si está preparado para integrar madurativamente un paso más en su desarrollo.Ese paso puede ser la escolarización,el control de esfínteres,el destete o cualquier logro madurativo.Y para ello,necesitamos "sentir-con" ese pequeño y estar formados-informados sobre su proceso evolutivo,y desde el enfoque de la salud,que no siempre coincide con las normas sociales.En lugar de invadirles con nuestros razonamientos lógicos,tratemos de empatizar con su momento emocional,utilizando siempre "su" lenguaje-que no es el nuestro-,que se basa en el juego y la complicidad,y que tiene su sede en la expresión corporal.

Busquemos alternativas creativas que sustituyan al omnipresente "no",que frustra tanto las necesidades afectivas como los caprichos,y provoca las conocidas rabietas.Se pueden lograr los mismos objetivos sin entrar en guerras innecesarias fomentando los acuerdos consensuados a partir de los tres añitos.Es mucho más gratificante y educativo el aprendizaje mutuo del arte de los acuerdos que imponer criterios que se alejan de su comprensión infantil.En lugar de interpretar cualquier comportamiento como desobediencia,tengamos presente que ellos viven bajo el dominio del placer y nosotros bajo el del deber.Lenguajes,nuevamente,antagónicos.

Juguemos para lograr nuestros objetivos,sin imponernos desde el intelecto.Intentemos formar seres humanos razonables y solidarios,en lugar de personas sumisas o rebeldes sin causa.Y,para conseguirlo,cambiemos nuestra mirada a la infancia mediante la empatía y el respeto por ese pequeño ser de hoy,futuro adulto del mañana.

sábado, 9 de octubre de 2010

A esta misma hora, hace dos años


Hace dos años, a esta misma hora, estaba cambiando a Joaqui entre contracción y contracción para que salga a pasear con mi suegra.
La llegada de Emma era inminente. Las contracciones habían empezado suavemente durante la mañana (luego de algunas "falsas alarmas" los días anteriores), y poco a poco subían en intensidad. Sin embargo, eran soportables.
Yo recorría la casa buscando la remera y las bermudas en el cuarto de Joaqui, las zapatillas que habían quedado tiradas en el living, e iba vistiendo de a poco al enano. Cuando sentía la llegada de una contracción, simplemente respiraba hondo y me ponía en cuclillas, porque así me lo pedía el cuerpo.
Edith, la partera, había llegado hacía media hora, y había anunciado una dilatación de 4 cm.
Cuando recuerdo el parto de mis hijos me pasa algo sumamente extraño. La sensación que tengo no es la de recordar con la mente, sino la de "recordar con todo el cuerpo". Como si cada célula que estuvo implicada en el nacimiento reviviera otra vez aquellas sensaciones. Es algo parecido a lo que pasa cuando uno siente un olor que trae el recuerdo de un momento de la infancia: se siente transportado a ese momento y a ese lugar, y hasta el corazón late fuerte como si hubiera podido viajar en el tiempo y todo volviera a repetirse, de tan vívida que es esa sensación.
"Sensación". Esa es la palabra exacta. Cuando pienso en el nacimiento de mis hijos, especialmente el día de sus cumpleaños, vuelven a mí todas esas "sensaciones". No el dolor físico, pero sí la sensación de estar otra vez de parto.
Dos partos muy, muy distintos. Pero cada uno de ellos hermoso a su manera, porque fueron la llegada de mis hijos.
Con Emma, las sensaciones son como oleadas. Una contracción aquí, que viene, sube, y se va, y que la paso en cuclillas en el living. Luego nada, como si todo volviera a su lugar. Otra contracción acá, mientras busco en el cuarto de Joaqui. Se va, y otra vez nada...
Cuando finalmente Joaqui se va con su abuela, alrededor de las 11 de la mañana, la dilatación ya era de 6 cm. Me meto en la pileta, con agua caliente. Hernán sigue calentando agua, que va echando de a poco, para mantener la temperatura.
Las contracciones son más intensas, pero increíblemente, cuando pasa el dolor, puedo charlar de cualquier cosa con Edith y Hernán. Voy buscando distintas posiciones. En cuclillas, en cuatro patas, sentada... siento que mi cuerpo me pide abrirse, siento que mi cuerpo se va abriendo... siento que Emma va abriéndose el espacio para venir al mundo.
Cuando apenas ha pasado una hora, ya estoy dilatada completamente, pero yo no ni me lo imagino. Siento contracciones muy fuertes. Me ayudan a salir de la pileta, voy al baño, y me voy, al "planeta parto". De allí en más, mis recuerdos son confusos.
Sé que Edith me ayudó a salir del baño, que cuando cruzaba el pasillo rompí bolsa, y apenas hubo tiempo para tirar algunas toallas en el piso y que Hernán me tomara de las axilas. Casi inmediatamente empecé a pujar, en cuclillas, sostenida por mi marido. Y 10 minutos después conocía a mi hija. La tenía en brazos. La miraba. La ponía en mi pecho. Ella solo berreaba.
Y hoy, después de 2 años, con un clima prácticamente igual al de aquel día primaveral, revivo todas estas sensaciones, con mucha emoción, porque con el nacimiento de Emma pude sanar heridas, porque pude darle a mi hija una llegada al mundo respetada, a sus tiempos, que no eran los de otros, sino los suyos propios.
Revivo esas sensaciones que, especialmente los días como hoy, vienen a mí como esos viajes en el tiempo que nos regalan algunos aromas de la infancia.
FELIZ CUMPLEAÑOS EMMITA!

miércoles, 6 de octubre de 2010

Semana Mundial del Porteo: porqué llevo a mi bebé en brazos


Hoy empieza la semana mundial del porteo, babywearing o, en criollo, "llevar a tu bebé en brazos".
Quiero contarles un poco mi experiencia sobre el "portear" un bebé.
Con Joaqui descubrí la "kepina" cuando tenía unos 4 meses. Si bien la usamos bastante, hasta casi el año, también usó bastante cochecito.
Con Emma, en cambio, así como nunca armé una cuna, nunca armé un cochecito. Antes de que Emma naciera había leído experiencias con "foulard" o "africana", y había averiguado para hacerme mi propio foulard.
Desde que nació, me convertí en una verdadera "mamá canguro", a punto tal que a veces la gente pensaba que seguía embarazada, porque a la gorda no se le veía ni un pelo, toda acurrucada ahí dentro, en posición fetal, como si siguiera dentro de mi panza.
A medida que fue creciendo fuimos probando otros nudos: en sillita mirando hacia mí, de costado, en la espalda, y hasta sentada chinito mirando hacia adelante.
Desde que Emma nació (el sábado harán 2 años) hasta hoy solo una vez usó el paraguitas, porque había tenido que lavar el foulard, que se había ensuciado con chocolate, y justo llovió y no se había secado.
Tanto es así que la gorda ve un cochecito y para ella es toda una aventura subirse un ratito, como si se tratara de un triciclo, un autito o algo así.
Y los beneficios que yo he encontrado en el porteo son muchísimos:
- Cuando es un bebé recién nacido, duerme en el foulard y podés hacer mil cosas (lavar, tender la ropa, ordenar, barrer) porque tenés ambas manos desocupadas. Además, el movimiento los adormece todavía más.
- Se sienten seguros, calentitos, escuchan el latido de su mamá y sienten su olor. Esto ayuda a establecer mejor el vínculo mamá-bebé.
- Favorece la lactancia, ya que si tenés puesta ropa cómoda (o nada debajo del foulard, que perfectamente puede funcionar como camiseta) el bebé puede tomar toda la teta que quiera y soltar cuando esté satisfecho. Usando un foulard o una kepina podés amamantar con total y absoluta discreción.
- Es económico. Hacer un foulard no cuesta ni el 5% de lo que cuesta comprar un cochecito. Solo necesitás una tela de buen algodón en el color que quieras, de 0.7 de ancho por entre 4 y 5 metros de largo (depende de tu contextura física: más larga cuanto más alta o grandota seas), y practicar mucho los nudos.
- Es ecológico, ya que no se usan derivados del petroleo para hacer un foulard, y además la tela puede ser reciclada en sabanitas, ropita para muñecas o lo que se te ocurra cuando la dejes de usar.
- Es cómodo. No tenés que andar para todos lados cargando enormes trastos, abriendolos y cerrandolos. Podés llevar a tu bebé en foulard o kepina cuando das un paseo a pie, cuando vas en colectivo o tren, e incluso es mucho más cómodo poner un foulard o kepina en el bolso cuando vas en auto, que cargar con el cochecito en el baúl.
- Es ideal para ir a hacer compras, ya que el bebé está calentito junto a tu cuerpo, y tenés las manos libres para llevar el carrito y las bolsas de las compras.
- Podés adaptarlo a la edad de tu bebé, depende del nudo que elijas: en posición fetal para el recien nacido, con las piernitas afuera pero mirando hacia el porteador cuando son pequeñitos, en la espalda o al costado cuando empiezan a interesarse en lo que sucede a su alrededor, sentados chinito y mirando hacia el frente cuando ya se sientan solos.
Estos son solo algunos de los beneficios de hacer babywearing. Seguro que si lo practican, encontrarán muchos mas!

viernes, 1 de octubre de 2010

El maltrato verbal es violencia

Hoy, a través de una amiga de esa maravillosa red social que es Facebook, conocí una publicidad que, a pesar de ser argentina, y aparentemente ser del año pasado, no vi nunca en ningún canal ni de cable ni de aire.
Me pareció excelente, sobre todo para reflexionar, porque parece fácil criar con respeto y apego cuando nuestros niños son pequeños, pero a medida que crecen, y nos imponen mayores desafíos (sobre todo cuando son ellos mismos los que parecen desafiar nuestra paciencia), muchas veces nos salta el "automático", y decimos cosas terribles, de las que tal vez luego nos arrepentimos, pero que una vez dichas, quedan en sus cabecitas para siempre.
A veces resulta difícil ver a un niño de 6 años o más como un niño, pero en definitiva eso es lo que es: un niño pequeño. Aunque ya hable correctamente, camine, corra y salta, tenga independencia suficiente para comer, cambiarse, bañarse o ir solo al baño. Es un niño pequeño. Un niño que todavía nos necesita. Y necesita, sobre todo, nuestra comprensión, amor y paciencia.
Yo debo recordarlo más seguido. Y seguramente muchos de ustedes también. Y contar hasta un millón, si es necesario, y recordar como me sentía yo con esa edad cuando mis padres me trataban de "tonta", "inútil" o "pesada".
Para reflexionar...

Newsletter Laura Gutman Octubre 2010


Hijos adolescentes

El adolescente se va a dormir una noche y a la mañana siguiente despierta con un cuerpo que no le pertenece, envuelto en sensaciones nunca antes percibidas. Desregulados como estamos todos en la sociedad de consumo, los adolescentes tienen fuerza suficiente para cazar rinocerontes y valentía para internarse en la selva. Sin embargo los tenemos aferrados a sus pupitres, haciéndoles creer que no son capaces, que no pueden adquirir autonomía, que no son mayores de edad, y que deben prolongar la infancia de mandatos y obediencias debidas. El cuerpo y el alma del adolescente puja por volar lo más lejos posible del hogar de los mayores, pero suele quedar atrapado por las convenciones que determinan que hasta los 18 años, eso no se hace. Los jóvenes se encuentran con más fuerza física y sobre todo, con sentimientos opuestos a los de los padres o maestros amados. Si tienen el coraje interno para desafiar a los mayores, la consecuencia va a ser la expulsión -en términos emocionales- del territorio de intercambio afectivo. Y para rematar, los padres aumentaremos el control sobre los actos que pretendan desplegar.

Si los adultos comprendiéramos que los adolescentes necesitan auto regularse entre ellos, permitiríamos que se junten más, convivan más entre pares, resuelvan más y mejor sus asuntos y sobre todo, facilitaríamos las cosas para que vayan calibrando armónicamente la capacidad de valerse por sí mismos. Suponer que la adolescencia es sinónimo de dolor de cabeza para los padres, es una estupidez. Si han sido niños amados y acompañados sin exigencias desmedidas, la adolescencia transcurrirá con separaciones saludables, cortas y confianza establecida. Pero si quienes son adolescentes hoy, ayer han sufrido el abandono emocional en cualquiera de sus formas, la confrontación hacia los adultos será dura.
Todo pasaje entre la infancia y la adultez requiere pruebas de valentía. A falta de rituales organizados en nuestra moderna sociedad, los jóvenes se calzan la mochila al hombro y salen al bosque, dispuestos a enfrentar ciertos peligros, obstáculos y aventuras que efectivamente tendrán que superar. Todo viaje de iniciación es un adiós al hogar de la infancia, una preparación para medir las capacidades personales de supervivencia y calibrar la autonomía que pueden desplegar a partir de ese momento. Quienes hayan recibido suficiente amparo, sabrán distinguir entre aquello que vale la pena enfrentar y lo que no. En cambio, quienes provengan de historias de descuido o maltrato, caerán en las garras de feroces depredadores, confundiendo arrojo con fragilidad interior.

Laura Gutman.

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