jueves, 18 de julio de 2013

La Fiesta de la Luz

Fiesta  de  la  Luz
Al vivenciar la Fiesta de los farolitos, pudimos percibir como dábamos entre todos, el aspecto de cielo lleno de estrellas a la Tierra, miles de lucecitas encendidas brillan en las almas como las semillas brillan en ahora el seno de la Madre Tierra. Con la Fiesta de la Luz, es nuestra propia alma la que se nos presenta como un universo lleno de luzla luz de la estrella más poderosa, la VERDAD. Es esa luz,  la que hace de nuestra alma la tierra más fértil, donde cada semilla sembrada puede crecer para luego ofrecer al mundo  frutos cada vez, cada año, renovados, en forma de nuevas capacidades o posibilidades, dispuestas para el encuentro, para poder cobijar a la humanidad en cada uno de nosotros.
En el ámbito de la interioridad pueden nacer virtudes tales como : amor, paciencia, generosidad, el compartir, etc.
Se ha sembrado el campo, se ha sembrado el alma con virtudes dispuestas a manifestarse en el momento preciso.
Con la cercanía del invierno, ya percibimos que las fuerzas de la naturaleza se repliegan y en el exterior todo parece adormecerse.
Es tiempo de recogimiento, de silencio, de acallar el ruido interior y ser capaz de ir hacia lo verdadero…laesencia de uno mismo, esa esencia siempre es verdadera. El ser humano busca la luz en su interior, donde reside la fuerza del Yo.
Pero para encontrarla hay que caminar solo, nadie más que uno mismo puede reconocerse en el interior más profundo. Llevar al camino “el conocimiento” y llegar a la “luz” interior da la posibilidad de volver por el camino habiendo nutrido el alma con Amor, pues el ser humano es un ser sabio cuando une “saber” con “amor”, esto lo convierte en una de esas hermosas estrellas.
Esta es una época del año en que la luz diurna ha llegado a su mínima duración, precisamente cuando la luzinterior del ser humano ha de ser la máxima, como si el sol interior estuviese en su esplendor. Los gnomos de la tierra están en pleno trabajo, cuidando las raíces y guardando piedras preciosas, fortaleciendo latierra. Saben que de este esfuerzo dependen la flor y el fruto  del árbol, así como la cosecha del sembrador.

Con los niños nos preparemos  haciendo las velas que irán colocadas sobre una manzana, imagen del conocimiento. El día de la fiesta los niños recorrerán un sendero hecho con ramas de pino, que da tres vueltas en espiral. Esa vela estará apagada hasta que al llegar al final del sendero…al llegar al centro del ser…encontrarán la luz de la verdad y las fuerzas esenciales, donde el ser humano se nutre para formar y conocer su propio Yo, fortalecerse y salir al mundo. Con la llama de esa luz central  encenderán la vela para volver por el camino iluminados por ella. Este camino hacia adentro y hacia fuera, cada niño lo recorre solo. Ha sido preparado en un lugar que se encontrará en absoluto silencio y penumbra, apenas iluminado por la luz de esa llama que estará en el centro del espiral. El clima es de recogimiento.
Los compañeros estarán sentados alrededor del espiral, en ronda, y desde allí acompañarán su recorrido con cantos, música, poesía o silencio…según elija el caminante.

Con esta celebración que se llevará a cabo el último día de clases, antes de las vacaciones de invierno, los niños se llevarán en el alma, lo necesario para que en esos días también en casa puedan realizar actividades acordes al momento del año. Recogimiento, el movimiento es interior, no exterior…esto ayuda a reunir las fuerzas que han de sostener las actividades de la segunda mitad del año.
Esperamos que tengan un saludable  disfrutar de lo que el invierno nos brinda.

*Extraído del Mail que enviaron los maestros de la escuela Waldorf  Perito Moreno, de Martinez

miércoles, 17 de julio de 2013

Los abuelos

Hoy me encontré en Facebook este hermoso escrito de un médico cordobes. Lo comparto, porque me pareció simplemente hermoso.

Para la abuela de mis hijos, Lala, que no se murió, solo se volvió invisible.
Para el abuelo Tata y el abuelo Hugo, que a pesar de la distancia, siembran en sus nietos.
Para la abuela Marisú, que es la abuela angel que los cuida desde el cielo.
Para la bisabuela Bela, que sigue haciendo comidas ricas para malcriarlos.
Para la bisabuela Mamama, que les canta Aserrin Aserran.
Gracias.


En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente

como consecuencia de un nuevo sistema de producción.

La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”. El nuevo paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se extendió y naturalizó en muchos hogares. Algunos afortunados todavía pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas.

Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe, zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre, cuando la coquetería lo exige.
Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.
La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.

El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez. Lejos de apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad.
Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos: extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se ilusionan.

Los abuelos miran diferente.

Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas.

Para opinar, por ejemplo. O para recordar.
Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado.

Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más
profundas; la identidad, más probable.
Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día.


Son incomparables cómplices de secretos.

Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos.

Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.
Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba.

La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada.

Los abuelos huelen siempre a abuelo.

No es por el perfume que usan, ellos son así.

¿O no recordamos su aroma para siempre?
Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad.

Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena gente disponible).

FINALMENTE Y PARA QUE SEPAN LOS DESCREIDOS....

LOS ABUELOS NUNCA MUEREN, SOLO SE HACEN INVISIBLES.

Enrique Orschanski.
19/01/2013 | Enrique Orschanski (Médico)

martes, 16 de julio de 2013

Newsletter Laura Gutman Julio 2013

La conciencia sólo recuerda lo que es nombrado
Muchas experiencias reales que nos han acontecido durante nuestra infancia no han sido nombradas, por lo tanto, para la conciencia no existen. Por ejemplo, supongamos que nos hemos dedicado a cuidar a nuestra madre, porque sufría de depresión. Hoy en día podemos recordar con lujo de detalles todos los infortunios de nuestra madre, ya que ella se ocupó de relatarlos a lo largo de los años. Pero curiosamente nuestra madre no ha sabido nada de nosotros, ni de nuestros sufrimientos acaecidos cuando fuimos niños. En esos casos, nuestra madre nombraba lo buenos y responsables que hemos sido, pero nadie ha nombrado nuestras carencias o necesidades no satisfechas, ni la sensación de no ser merecedores de cuidados. Para nuestros recuerdos conscientes, éramos niños buenos, educados, brillantes en la escuela, sin conflictos y hacendosos. Es decir, hemos incorporado una interpretación de nuestras actitudes o acciones concretas, que pueden estar bastante alejadas de lo que ha sido nuestra realidad emocional. En el caso de este ejemplo, la conciencia no reconoce nada relativo al desamparo ni a las necesidades del niño que hemos sido. Sólo “sistematiza” que éramos buenos y que mamá tenía muchos problemas. Esto no refleja toda la verdad. Pero aprendemos a interpretar la vida desde un punto de vista prestado -habitualmente desde el punto de vista de mamá-. Luego seguiremos alineando nuestras ideas en relación directa con el punto de vista de nuestra madre. De “ese” discurso dependerá si nos consideramos buenos o muy malos, si creemos que somos generosos, inteligentes o tontos, si somos astutos, débiles o perezosos.

Aquí tenemos un problema importante porque la conciencia sólo recuerda lo que es nombrado. Esto significa que, si nos acontece algo que nadie nombra, no lo recordaremos. Por ejemplo, podemos haber padecido abusos sexuales en nuestra infancia. Obviamente nadie dijo nada, en principio porque todos los adultos que había alrededor miraban para otro lado. Nadie nunca dijo: “están abusando de ti y eso es un horror”. Al contrario, lo que se dijo es “mamá tiene muchos problemas y no hay que hacer nada que la preocupe aún más”. O bien, “esto es un secreto, tienes suerte porque te amo, eres el más dulce de los niños del universo y por eso te he elegido”. Por lo tanto, incluso si nos ha acontecido algo bien concreto, algo doloroso, sufriente, lastimoso o hiriente; la conciencia no lo recordará. Porque no hubo palabras. Entonces tampoco hubo una “organización” del pensamiento. No fue posible “acomodarlo” en ningún estante mental ni emocional. Nos pasó algo pero es como si nunca hubiera pasado. Podemos tener sensaciones borrosas o confusas, pero recuerdos concretos, no. Luego crecemos y como “eso” nadie lo nombró, y uno mismo al ser niño tampoco sabía “con qué palabras explicarlo”, entonces “eso” dejó de existir.

Esto que parece inverosímil....es algo común y corriente. Podemos haber vivido algo y no recordarlo. Y al revés: podemos no haber vivido algo, y sin embargo, si ha sido nombrado por alguien importante durante nuestra infancia, recordarlo como si fuera una verdad incuestionable. Moraleja: nuestras opiniones no son confiables, sobre todo si son prestadas.
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