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miércoles, 27 de abril de 2011

Y así fue la llegada de Maite...


El jueves 21 de abril empecé con contracciones un poco mas fuertes de lo habitual, y rítmicas, aunque muy espaciadas. Me di cuenta de que el momento se acercaba, pero aún no me sentía lista para despedirme del embarazo, de la panza… Sé que probablemente esta sea mi ultima hija, y disfruto tanto el sentir una vida dentro mío, que, como dice Raquel, no podía “soltar”.

El viernes hicimos vida normal, visitamos a mi cuñada, estuvimos en el shopping, visitamos a mi hermana y a la noche fuimos con los chicos a cenar a la casa de una amiga. Todo el día tuve contracciones suaves.

Alrededor de las 21 hs mientras cenabamos en casa de unos amigos, las contracciones empezaron a ser un poco mas fuertes, pero las disfrutaba. Alrededor de las 23 ya tenían un ritmo de 4/5 minutos entre una y otra, así que llamamos a Edith, nos despedimos de nuestros amigos y nos fuimos a casa, convencidos de que había llegado el momento.

Edith y Vero llegaron después de las 12 de la noche. Joaqui se había quedado a dormir en la casa de nuestros amigos, Emma miraba Enredados, Hernán limpiaba y ordenaba para que el nido estuviera en orden para la llegada del nuevo integrante, y yo charlaba con Edith y Vero entre contracción y contracción.

Alrededor de las 2 de la mañana, y viendo que las contracciones no aumentaban en frecuencia ni en intensidad, Edith propuso hacer un tacto, y accedí: todo estaba exactamente igual que 3 semanas atrás… Así que quedamos que se iban y que veríamos como seguía por la mañana. Edith me ofreció una pastilla para parar un poco las contracciones y que pudiera dormir un poco....

Me aguanté las contracciones hasta las 5 de la matina... pero después ya necesitaba descansar, y esto no evolucionaba, así que me tomé una de las pastillitas que me dejó Edith para relajar el utero, y me dí un buen baño de inmersión... Alrededor de las 7 de la mañana me acosté otra vez, y dormí hasta las 10:30 hs. Siempre con contracciones, aunque más espaciadas (las incorporé al sueño, soñaba que estaba durmiendo y que sentía algo entre las piernas y era el bebé que salía... paría un muñeco de Emma, y mientras alumbraba la placenta, le gritaba a Hernán que dormía al lado mío para que se despierte, pero él no se despertaba... jajaja!! muy loco el sueño).

Comenzó el sábado 23, con contracciones un poco mas intensas pero también mas espaciadas y muy irregulares. Así que hicimos vida normal: fui al club con los chicos, visité el mercado organico de San Fernando con una amiga (caminando y caminando) y pasamos un rato en casa de otros amigos, todo esto en medio de contracciones intensas pero muuuuuy irregulares y con más de media hora entre una y otra.

Cuando llegué a casa, a eso de las 20 hs, abrí la compu y encontré un mensaje de una amiga de ACC, donde me aconsejaba leer un artículo sobre los prepartos largos (luego lo voy a poner aquí porque me fue muy esclarecedor, era todo lo que me estaba pasando) y un mail de Raquel: “soltar, soltar…”, decía el titulo… Terminé de leerlo con lágrimas en los ojos, porque como siempre Raquel puso en palabras todo lo que tenía adentro. Y fue automático: cerré la compu, y empecé a sentir que venía una contracción, y a los pocos minutos la siguiente, y otra, y otra...

Me metí un rato en la bañera. Cuando salí, al secarme, noté que estaba expulsando el tapon.

Ahí fue cuando llamé a Edith, que me dijo que controle cada cuánto eran y la volviera a llamar en una hora (menos mal que no se hizo caso ella misma porque yo no la llamé nunca, así que no hubiera llegado). Me metí en la bañadera otra vez, el agua era lo único que me hacía más soportable las contracciones. Joaqui dormía y Hernán luchaba tratando de dormir a Emma. Así que estaba sola en el baño, cantando con cada contracción el tema “Sabemos parir” de Rosa Zaragoza: “Siente, que el momento llega, siente tus huesos son fuertes. Siente, el niño está en la puerta, vivirá para abrazarte…”. Casi 40 segundos tardan esas estrofas, lo que duraba cada contracción.

Edith y Vero llegaron un poco pasadas las 22 hs. Me acompañaron en el baño, charlamos, Vero me tiraba agua en la panza. Yo ya no sabía en qué posición ponerme, estaba muy cansada, me dolían las piernas hasta los gluteos, la cintura, cada contracción se me hacía más dificil de sostener que la anterior, quería dormir. Definitivamente, no tuve un parto orgásmico, jajaja!! A las 23 hs. Edith me propuso tactarme, yo tenía terror de que me dijera que tenía 4 cm de dilatación porque sentía que no iba a poder aguantar mucho más. Cuando me dijo que tenía dilatación completa, que la cabeza estaba un poco alta, que si empezaba a acompañar las contracciones con el pujo iba a empezar a bajar, me decidí a que naciera YA (la sensación de pujo la tenía desde hacía rato, pero no me animaba a pujar por miedo a no estar dilatada y desgarrarme). Así que le pedí a Hernán que entre, Edith y Vero salieron, y en la siguiente contracción puje con todas mis fuerzas. Se rompió la bolsa. Me toqué y sentí la cabeza asomando. Volví a pujar y empecé a sentir como salía. La posición no me resultaba cómoda, las bañaderas comunes son incómodas para parir, pero tampoco tenía ganas de salir. En realidad ya no podía mover un músculo más que los necesarios para pujar. Hernán le avisó a Edith que estaba naciendo, entraron Edith y Vero, y Edith ayudó un poco a acomodar a la beba (creo que tenía un hombro o algo así que no terminaba de girar), un pujo más y nació Maite (que tenía la vulva tan grande que cuando la ví pensé que eran las bolitas y que habíamos tenido un varón!!) a las 23:10 hs.

Estuvo hipotónica al principio, Edith la frotaba con una toalla mientras yo la llenaba de besos, y a los 15 minutos de nacida ya estaba prendida en la teta, y cómo succionaba!! El cordón lo cortaron como a los 20 minutos porque no dejaba de latir. Vaciamos la bañadera y al ratito alumbré la placenta, y me pasé con la beba a la cama. Un rato más tarde se despertaron Joaqui y Emma para conocer a su hermana.

Ya eramos una familia de 5.

lunes, 25 de abril de 2011

Llegó Maite



El 23 a las 23:10 hs, nació Maite, en un parto intensísimo en la bañera de casa. A los 15 minutos ya estaba enganchada a la teta.
Pesó 3.150 grs y es una beba preciosa. Ya les contaré detalladamente el parto.

sábado, 9 de octubre de 2010

A esta misma hora, hace dos años


Hace dos años, a esta misma hora, estaba cambiando a Joaqui entre contracción y contracción para que salga a pasear con mi suegra.
La llegada de Emma era inminente. Las contracciones habían empezado suavemente durante la mañana (luego de algunas "falsas alarmas" los días anteriores), y poco a poco subían en intensidad. Sin embargo, eran soportables.
Yo recorría la casa buscando la remera y las bermudas en el cuarto de Joaqui, las zapatillas que habían quedado tiradas en el living, e iba vistiendo de a poco al enano. Cuando sentía la llegada de una contracción, simplemente respiraba hondo y me ponía en cuclillas, porque así me lo pedía el cuerpo.
Edith, la partera, había llegado hacía media hora, y había anunciado una dilatación de 4 cm.
Cuando recuerdo el parto de mis hijos me pasa algo sumamente extraño. La sensación que tengo no es la de recordar con la mente, sino la de "recordar con todo el cuerpo". Como si cada célula que estuvo implicada en el nacimiento reviviera otra vez aquellas sensaciones. Es algo parecido a lo que pasa cuando uno siente un olor que trae el recuerdo de un momento de la infancia: se siente transportado a ese momento y a ese lugar, y hasta el corazón late fuerte como si hubiera podido viajar en el tiempo y todo volviera a repetirse, de tan vívida que es esa sensación.
"Sensación". Esa es la palabra exacta. Cuando pienso en el nacimiento de mis hijos, especialmente el día de sus cumpleaños, vuelven a mí todas esas "sensaciones". No el dolor físico, pero sí la sensación de estar otra vez de parto.
Dos partos muy, muy distintos. Pero cada uno de ellos hermoso a su manera, porque fueron la llegada de mis hijos.
Con Emma, las sensaciones son como oleadas. Una contracción aquí, que viene, sube, y se va, y que la paso en cuclillas en el living. Luego nada, como si todo volviera a su lugar. Otra contracción acá, mientras busco en el cuarto de Joaqui. Se va, y otra vez nada...
Cuando finalmente Joaqui se va con su abuela, alrededor de las 11 de la mañana, la dilatación ya era de 6 cm. Me meto en la pileta, con agua caliente. Hernán sigue calentando agua, que va echando de a poco, para mantener la temperatura.
Las contracciones son más intensas, pero increíblemente, cuando pasa el dolor, puedo charlar de cualquier cosa con Edith y Hernán. Voy buscando distintas posiciones. En cuclillas, en cuatro patas, sentada... siento que mi cuerpo me pide abrirse, siento que mi cuerpo se va abriendo... siento que Emma va abriéndose el espacio para venir al mundo.
Cuando apenas ha pasado una hora, ya estoy dilatada completamente, pero yo no ni me lo imagino. Siento contracciones muy fuertes. Me ayudan a salir de la pileta, voy al baño, y me voy, al "planeta parto". De allí en más, mis recuerdos son confusos.
Sé que Edith me ayudó a salir del baño, que cuando cruzaba el pasillo rompí bolsa, y apenas hubo tiempo para tirar algunas toallas en el piso y que Hernán me tomara de las axilas. Casi inmediatamente empecé a pujar, en cuclillas, sostenida por mi marido. Y 10 minutos después conocía a mi hija. La tenía en brazos. La miraba. La ponía en mi pecho. Ella solo berreaba.
Y hoy, después de 2 años, con un clima prácticamente igual al de aquel día primaveral, revivo todas estas sensaciones, con mucha emoción, porque con el nacimiento de Emma pude sanar heridas, porque pude darle a mi hija una llegada al mundo respetada, a sus tiempos, que no eran los de otros, sino los suyos propios.
Revivo esas sensaciones que, especialmente los días como hoy, vienen a mí como esos viajes en el tiempo que nos regalan algunos aromas de la infancia.
FELIZ CUMPLEAÑOS EMMITA!

martes, 21 de septiembre de 2010

No hay dos sin tres


Chachachán chachachán!!
Estamos embarazados!!
Aunque seguramente muchos de ustedes ya se hayan enterado a través de FB, no queríamos todavía decir nada aquí hasta no hacer la primer eco y confirmar que todo marchaba bien.
Y por suerte, todo está perfecto.
"Saco gestacional normoinserto, embrión vivo, LEM 26.6 mm (esta es la medida del embrión), FC 176 lat/min (esta es la frecuencia cardíaca), corion envolvente homogéneo, saco vitalino presente. Embrión creciendo con buena vitalidad".
Esto dice el informe ecográfico.
La verdad, no estábamos buscando.
Estábamos inmersos en otros proyectos, y pensamos que "por una vez no pasa nada". Pero pasó.
Esta vez, no elegimos: el bebé nos eligió a nosotros.
Fue sorprendente, porque los dos embarazos anteriores fueron super buscados (si bien Joaqui no se dejó esperar, con Emma estuvimos casi un año), así que la noticia fue un poco un "shock" (aunque yo ya me lo veía venir).
Joaqui recibió la noticia con un "Aghhh", al tiempo que se deslizaba del sillón como si se hubiera desmayado. Y Emma, que nos acompañó a la primer eco, cuando nos ibamos del sanatorio saludaba "Chauuu bebé".
Por supuesto, estamos planeando otro parto en casa. Y esta vez, si todo marcha bien, no habrá médicos. Sólo las parteras. Edith Diez controlará el embarazo, y haré otra vez el ACE con Raquel Schalman.
También estoy leyendo sobre tandem, ya que Emma sigue tomando la teta (algunos días más enganchada que otros), así que si no se desteta sola, en 8 meses tendré un bebé y una niñita prendidos a la teta. Ojalá lo logre.
Estas son las buenas nuevas. Y estamos muy felices.

viernes, 9 de octubre de 2009

FELIZ CUMPLE CHANCHIS!!







Hace un año, a esta hora, Emma tenía apenas 2 horas y media de nacida, y empezabamos a conocernos abrazadas en mi cama. Joaqui había llegado un ratito antes, y nos acompañó en nuestra primer siesta juntas.




Es increíble todo lo que nuestros hijos nos enseñan, las grandes lecciones de vida, de amistad, de empatía, de altruismo, que nos dan cada día, siendo tan pequeños.




Joaqui, no solo me abrió las puertas al maravilloso mundo de la crianza con apego, y la lactancia, sino que también, a través de su nacimiento, abrió el camino para que su hermana pudiera tener un parto respetado.




Emma, por su parte, me enseñó a DAR A LUZ, a PARIR y a PARTIRME para traer a este mundo a un nuevo ser humano.




FELIZ CUMPLE MI CHANCHA LINDA!! GRACIAS POR ELEGIRME COMO TU MAMÁ!!




domingo, 14 de diciembre de 2008

Hace cuatro años...

Un día como hoy, a las 19:15 de la tarde, me convertía en madre por primera vez...

Hoy, cuatro años después y revolucionada hormonalmente por el nacimiento de mi segunda hija, recuerdo ese momento con lágrimas en los ojos...
Tal vez no fue el parto respetado que yo quería, ni el mejor nacimiento para mi hijo, pero fué lo mejor que yo podía ofrecer en aquel momento. Fue mágico y hermoso a su manera, porque trajo a Joaqui a mis brazos y me convirtió en madre, llevando a mi vida un montón de interrogantes sobre lo que se "suponía que debía hacer" y lo que "sentía que quería hacer", y abriendo el camino que llevó a que luego su hermana pudiera tener un nacimiento diferente.
Joaqui ha sido y es nuestro gran maestro. Es dulce, tierno, sensible, y a la vez tiene un caracter fuerte y desafiante que muchas veces nos hace enfrentar con situaciones que nos llevan al limite de nuestra paciencia, poniendo a prueba todas nuestras ideas sobre la crianza respetuosa (y muchas veces haciendonos caer, muy a nuestro pesar, en el típico chantaje, en el grito fácil o en el reto irrespetuoso).
Con él y gracias a él estamos aprendiendo a ser padres, a veces no todo lo buenos que querríamos ser, porque el primero siempre es el que abre las puertas, pero en cada situación que hemos vivido con el hemos ido aprendiendo cosas, y de hecho nos damos cuenta hoy, con otro bebé en casa, cuan diferentes es la maternidad y la paternidad con el segundo hijo, simplemente porque el que plantea los desafíos es el mayor, el que nos enseña y nos hace buscar respuestas a lo desconocido es el primogénito.
Y como en este blog ya está publicado el nacimiento de su hermana, hoy quiero contar el parto de Joaqui, mi chiquito que se está haciendo grande... No voy a contar con detalles la medicalización, simplemente quiero contar el momento mágico del nacimiento de mi hijo mayor.
Te amamos Joaqui!!!




El nacimiento de Joaquín: Jueves 14 de diciembre de 2004

Alrededor de las 10 de la mañana fui con Hernán a la consulta con mi obstetra. Me hizo un tacto y me dijo que estaba con un poquito más de 2 cm de dilatación, que de esa semana no pasaba.

Por algún designio del destino, Hernán prefirió no ir a trabajar ese día, y volvimos juntos a casa.

Almorzamos. Yo me sentía bien, pero notaba una sensación algo extraña en las caderas, como si me hubieran atado unos hilos con pesas que me tiraban hacia abajo. No era doloroso ni incomodo, solo extraño...

A eso de las 13 hs. me llama la partera. Me llamó la atención porque hasta ese día nunca me había llamado. Me comentó que había hablado con mi médico y que le había contado que tenía algo de dilatación, y quería saber como me sentía. Le conté que sentía como un peso en las caderas, y me pidió que me tomara el tiempo de cada cuanto era esa sensación, y la llamara en media hora. Me recosté y comenzamos a contar minutos, eran muy irregulares en duración, pero entre cada una de ellas no pasaba más de 3 minutos.

A las 13:30 me llama la partera y le cuento como me sentía. Me pide de vernos a eso de las 15 hs. en el sanatorio donde pensaba tener a Joaqui.

Me bañé y me cambié tranquila. Hernán quería llevar el bolso, pero yo no, no me creía que pudiera estar de parto. Finalmente Hernán me convenció que era mejor llevarlo, por las dudas, para no tener que volver a buscarlo si me tenía que quedar internada.

Cuando ibamos saliendo llamó mi hermana por telefono, pero solo le dije que iba a una consulta. Yo estaba segura de que aún no había llegado el momento, que me harían otro tacto y me mandarían otra vez a casa.

Llegamos al sanatorio a las 16 hs. La partera ya nos estaba esperando. Me hizo un tacto, que me dolió mucho, y me dijo que estaba con 4 cm de dilatación, que me quedaba internada. Pero cuando fuimos a hacer los papeles, no había camas en maternidad, así que tuvimos que elegir otra clínica. Llamamos a la prepaga para pedir autorización y nos derivaron a la Clínica Olivos.

A las 17 hs entré en la clínica, caminando, no me dolía nada, solo tenía un ligero dolor premenstrual. Hicimos los papeles y fuimos a la habitación. Me pusieron el famoso "suerito" y a partir de ahí los dolores comenzaron a hacerse un poco más intensos. Yo bromeaba con la partera: "Ahora me tomaría un Ibuevanol... ahora me tomaría un Ibuevanol rápida acción... ahora me tomaría un Ibuevanol Forte..."

A través de la vía me empezaron a poner "calmantes", porque yo había decidido que no quería peridural. Empecé a sentirme mareada y con sueño. Los dolores eran cada vez más intensos.

A las 18 hs. la partera me hace un nuevo tacto y de paso rompe la bolsa. Comenzó a dolerme muchísimo cada contracción, y yo comencé a perder el control de mí misma. Sentía muchísimas ganas de pujar, pero no me dejaban, y pedí que me pusieran la peridural.

A las 18:30 me bajaron a la sala de partos, y me pusieron la peridural. El dolor se fue, pero las ganas de pujar no, y el médico no llegaba... "Todavía no, falta el médico!", me decían... y yo obedecí...

A las 19 hs llegó el obstetra y comenzaron a guiarme el pujo. Fueron exactamente cuatro pujos: primero uno, luego otro y me dijeron "Ya se ve el pelito, es rubio!", un tercer pujo y salió la cabeza y en el cuarto pujo me sentaron para que viera nacer a mi hijo. Eran las 19:13 hs.

Enseguida lo pusieron sobre mi pecho. Joaqui no lloraba, solo me miraba fijo y yo a él... Lo tuve unos minutos sobre mi pecho y luego se lo llevaron para bañarlo y hacerle todas las rutinas hospitalarias (que hoy lamento tanto que haya tenido que pasarlas).

Me cosieron y unos 40 minutos después me llevaron a la habitación, donde Hernán me esperaba con Joaqui en brazos. Recién ahí comenzamos a llamar a familiares y amigos para avisar del nacimiento, y decirles que podían visitarnos a partir del día siguiente.

Esa noche fue mágica. Yo no podía creer que se hubiera producido semejante milagro. Esa noche Joaqui durmió en su cunita, al lado de mi cama, pero yo no pegué un ojo en toda la noche. No podía dejar de mirarlo y de admirarlo, tan chiquito y fragil, tan hermoso, tan mío, tan nuestro. Ya no eramos un matrimonio, ahora eramos una familia.

Esa noche comencé a sentir la voz de mi instinto de loba con su cría, ese que todas tenemos grabado a fuego y que tantas veces nos negamos a escuchar. Creo que por eso tampoco podía dormir... no era seguro teniendo a mi cachorro lejos de pecho... Mi memoria de mamífera me gritaba a través de cada célula de mi ser que esa personita tenía que estar sobre mi cuerpo, y no en una cuna. Tardé casi 4 meses en escucharla, pero desde entonces Joaqui no se ha separado de nosotros en las noches.

Por suerte, la leche fluyó rapido y abundantemente, y a pesar de que no todo fue color de rosa en nuestra lactancia, estoy segura de que facilitó tremendamente ese encuentro indispensable entre madre e hijo, y fue la puerta a través de la cual comencé a enterarme de que otro tipo de crianza era posible, que no había nada de malo con seguir lo que me dictaba mi cuerpo, mi corazón, mi alma, todo mi ser... Y Joaqui mamó de mí durante 3 años y medio, que fueron para nosotros la gloria.

Mi Joaqui. Nuestro Joaqui.

El que nos abraza y nos dice que nos quiere mucho, escondiendo su carita en nuestro cuello. El que se emberrincha facilmente cuando tiene hambre o sueño. El que pide "comprame, comprame", pero no se enoja cuando le explicamos que hay cosas que no se puede. El que tiene una facilidad motriz increible, y nos hace morir de risa con su lengua de trapo. El que pide perdón sin que se lo pidamos cuando sabe que algo que hizo no está del todo bien. El que no guarda rencores y nos perdona enseguida cuando somos nosotros los que perdemos la paciencia. El que le gusta acostarse tarde y dormir hasta el mediodía. El que se hace el payaso en el jardín para sacarles una risa a sus compañeritos. El que muere por los autos de carrera y que dice que es de Boca. El que se esconde cuando llegan sus tíos o abuelas, porque le gusta que lo busquen. El que se compadece por el sufrimiento ajeno, al punto en que lo hemos visto con lágrimas en los ojos mirando un Cristo Crucificado. El que es lo suficientemente generoso como para regalar algunos de sus juguetes a los chiquitos que menos tienen.

Nuestro Joaqui. El que nos enseña a ser padres.

Te amamos con toda nuestro ser.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Porqué atravesar el dolor del parto?

Hace unos días, Laura de Familia Natural me hacía esta pregunta.

Luego de reflexionarlo un poco, esto es lo que le contesté:


Yo tuve dos partos, así que para responderte debo diferenciar dos tipos de parto, y por ende, dos tipos de dolor.

Con Joaqui tuve un dolor terrible antes de que me pongan la peridural. Era un dolor insoportable, constante, creí volverme loca, gritaba "que me lo saqueeeen"... fue un dolor que duró aproximadamente 1/2 hora porque pedí la peridural a gritos. Ese dolor no fue el natural de mi cuerpo, sino provocado por el famoso "suerito": la oxitocina sintetica, corriendo a borbotones por mi sangre.

De ese dolor no aprendí nada, absolutamente nada... fue un dolor carente de todo sentido, porque me dolía tanto que no sentía nada: toda mi panza dura, un dolor que la abarcaba completamente, totalmente desconectada de mi bebé, de mi cuerpo, de mí misma... No fue dolor, fue sufrimiento.... A partir de que me anestesian, solo siento la sensación de pujo, pero no el dolor. Sin embargo la desconexión siguió siendo la misma... Es triste, pero apenas nació Joaqui y me lo pusieron en el pecho, no pude reconocerlo como mi hijo...

Con Emma fue tan distinto!!! El dolor fue tan diferente!!! Las contracciones fueron aumentando gradualmente, en intensidad y en duracion... Cada contracción me preparaba para la siguiente. El dolor era localizado, y no en toda la panza. No era un dolor constante, entre cada contraccion podía descansar. Ese dolor me conectaba a mi hija, me llevaba al momento del parto, me conectaba con mi cuerpo, con mis sensaciones, con mis miedos... Ese dolor no era solo oxitocina, era MI oxitocina, acompañada de endorfinas que me hacían atravesar cada contracción y salir victoriosa. Era dolor de parto, no sufrimiento. Y las ultimas contracciones, las que traían la urgencia del nacimiento, las que empujaba mi misma hija en el canal de parto... Dios!! que dolor tremendamente hermoso!!! Y el momento sublime cuando todo acaba y tenes a esa criaturita en brazos, y te das cuenta que VOS Y TU DOLOR HICIERON POSIBLE ESE MILAGRO. Y te sentís una diosa.

En mi caso, el dolor VERDADERO (no el artificial) de parto fue necesario para sentirme mas viva que nunca, para conectar con mi hija desde un lugar especial, ya que nosotras dos solitas lo hicimos posible, para conectar tambien con mi niña interior... Para hacerme MUJER en un sentido casi místico, que solo quien lo ha pasado por esta experiencia puede entender. Y sobre todo, para devolverme el poder de lo femenino y olvidado...


Y ustedes... para que piensan que es necesario atravesar el dolor del parto?

martes, 21 de octubre de 2008

El nacimiento de Emma

El miércoles 8 de octubre por la madrugada me despertaron las primeras contracciones pre- parto. Eran suaves y regulares, cada 12 minutos aproximadamente, así que no me preocupé demasiado. Por la tarde las contracciones ya eran cada 6 minutos. Sin embargo llevé a Joaqui caminando al jardín, como siempre, y a la tarde pasamos un ratito por la plaza.
Así estuve toda la tarde y la noche.
El jueves 9 de octubre, alrededor de las 4 de la mañana, me despierta la primera contracción fuerte, como un dolor menstrual bastante intenso.
Sigo en la cama hasta las 5, sin controlarlas y tratando de descansar, pero a las 5 ya me dolían bastante, así que lo desperté a Hernán y le pedí que llenara la pileta de parto que nos había dado Raquel unos días antes.
Mientras tanto, puse el disco de Jack Johnson, prendí velas y encendí el hornito (Hernán me cargaba preguntándome si iba a parir o a hacer una macumba). Las contracciones las pasaba en cuclillas, agarrada de lo primero que encontraba. A las 6 la pileta ya estaba lista y me metí en ella… que diferencia!!! Pasar las contracciones allí era otra cosa… Hernán, lápiz y papel en mano, comenzó a controlarlas: en promedio duraban unos 40 segundos y eran cada 4 minutos y medio.
Esperamos que se hicieran las 7 de la mañana y la llamamos a Edith. Mientras hablaba con ella, tuve otra contracción… me preguntó si había tenido alguna perdida, ya que me había revisado unos días atrás y el cuello del útero apenas estaba acortado. Le dije que no. Me dijo que estaba en trabajo de parto, pero que podía llegar a ser largo, que saliera del agua y tratara de descansar, que me llamaba en dos horas.
Volvimos a la cama. Joaqui dormía a pata suelta. Hernán trató de descansar un poco, y yo también, pero las contracciones no me lo permitían…
A las 9 nos llamó Edith, le dije que no había seguido controlando el tiempo entre contracción y contracción, pero que me parecía que la dinámica no había cambiado demasiado desde que habíamos hablado más temprano.
- Ok, ya salgo para allá así te reviso- me dijo Edith.
A las 10 y piquito ya estaba en casa. Joaqui se despertaba.
Edith me revisó: 4 cm de dilatación, cuello blando, pero aún no estaba borrado del todo.
Llamamos a mi suegra para que viniera a buscar a Joaqui. Comencé a vestir al gordo entre contracción y contracción, las que pasaba en el lugar que me encontraran, en cuclillas. Edith me animaba “Muy bien, si te sale pasarlas así, muy bien”.
A las 10:50 mi suegra vino a buscar a Joaqui, a quien tuvimos que darle un “anticipo” (dos autitos) del regalo que le traería Emma para convencerlo de que se fuera… pero yo realmente sentía que era mejor así, con Joaqui cerca no podía terminar de “desconectar”.
A las 11 y pico Edith me revisa nuevamente: 6 cm!!! Había dilatado 2 cm en una hora o menos!!



Decidí volver a meterme en la pileta.
Hernán calentaba agua para que no se enfriara la pileta, y mientras charlaba con Edith. Yo iba y venía… pasaba mis contracciones en el agua: en cuatro patas, agarrada del borde, en cuclillas… como podía… Me iba durante la contracción, me sumergía en ella, escuchaba el rumor de sus voces pero en realidad no sabía de qué hablaban… y luego de a poco volvía, y seguía charlando como si nada…
A las 12 del mediodía llegó Gaby, la obstetra ayurveda, a quien yo aún no conocía… Cuando vi su cara conecté con ella al instante, la verdad nunca la sentí como una desconocida en mi parto, ella irradiaba mucha paz, y me hablaba con cariño y suavidad.
Un par más de contracciones. Cada vez dolían más… comenzaba a sentir que el agua por sí sola ya no era suficiente.
De pronto, una contracción muy fuerte, muy intensa, muy larga, y al final de la contracción una lejana sensación de “hacer fuerza”… “No puede ser, pensé, es muy pronto, no pueden ser ganas de pujar, si hace menos de una hora estaba de 6 cm…”
Otra contracción, más fuerte aún, más intensa, más larga, y ahí ya no tuve dudas de que tenía ganas de hacer fuerza:
- Quiero ir al baño!!
Edith y Gaby me ayudaron a salir de la pileta, yo no podía ni levantar las piernas. Me envolvieron en una toalla, corrí al baño.
A partir de allí, ya no recuerdo casi nada, lo que sé me lo contaron:
Según Hernán, entré al baño y ellos se quedaron en el living. De pronto escucharon que gritaba y corrieron todos a ver que pasaba. Edith me decía:
- No hagas fuerza, Jose, ya nace y acá no tengo lugar para recibir a la beba!! Vamos a otro lado, que tu hija nazca en otro lugar, no en el baño!!
Yo sentía que no podía moverme, solo tenía ganas de pujar…
Edith me guió hasta el living. Apenas llegamos, rompí bolsa… Otra contracción: me agarré entre la arcada de entrada al living y la mesa del comedor, impidiendo el paso de Hernán que quería llegar a la caja que tenía las cosas para el parto, que estaba en nuestra habitación.
Yo solo pujaba y pedía a gritos el banquito de partos, que tampoco hubo tiempo de ir a buscar porque estaba en el auto de Edith.
Todavía no se como, Hernán logró llegar a la caja, pero no encontraban el nylon para el piso, así que empezaron a tirar toallas sobre el parquet.
Hernán se puso detrás mío, sosteniéndome de las axilas, me puse en cuclillas y comencé a pujar con todas mis fuerzas. La sensación era de una intensidad inconmensurable. Edith me animó a poner la mano para tocar la cabecita de mi hija… eso me dio más ánimo, y comencé a pujar con más fuerza aún…
- Ya casi esta!- gritaba Edith- está un cuarto de la cabecita afuera!!!
- Me partoooo!!!! – grité cuando sentí el famoso “aro de fuego”.
Sentí que ya no daba más, que ya no aguantaba… y a continuación dí el grito más poderoso de mi vida, un grito que me salía de las entrañas, en el que sentía que se me iba la vida… enseguida, sentí que el dolor aminoraba…
- Ya salió la cabecita, un pujo más!!- me animó Edith.
Puje una vez más, y enseguida escuché el llanto de mi hija... el dolor se fue por completo, de forma mágica e inexplicable. Me entregaron a Emma, que no paraba de llorar. Yo trataba de calmarla, la puse en mi pecho, la acunaba…
Me ayudaron a sentarme en una silla del comedor, me anunciaron que tenía un pequeño desgarro (piel y mucosa, no requirió más que unos 4 o 5 puntos), y enseguida alumbré la placenta… esa placenta que alimentó a mi hija durante 9 meses, enorme, brillante… Hernán la enterraría más tarde en el jardín.






Cuando el cordón dejó de latir, Hernán fue el encargado de cortarlo.
Me acompañaron a la cama. Hernán y Edith buscaron ropita para vestir a la beba.
A los 35 minutos de nacida, Emma mamaba tranquilamente en mis brazos… Y una hora más tarde, Joaqui conocía a su hermana y descansábamos los tres en nuestra cama familiar.
Mi hija nació en casa, a las 12:15 del mediodía. Fue recibida por mí y por su padre, y nos acompañaron una partera y una obstetra, ambas maravillosas.
Mi hija nació sin violencia: no se le puso ninguna sonda anal, hizo su primer meconio a las 3 o 4 horas de haber nacido; no se le puso ninguna sonda para extraer fluidos, los expulsó solita, con su llanto, con sus estornudos, con pequeñas tosesitas; no se le inyectó vitamina K, se la dimos oralmente a las 24 hs. de nacida; no le pusieron gotas en los ojos; no la bañamos, lo que posibilitó que el cordón cayera apenas a los 4 días de nacida; la pesamos a la noche y la medimos recién al día siguiente; nadie se la ha llevado para control y no se ha separado de mí desde que nació. Es una niña sana, felíz, tranquila y llena de paz.
Yo tuve el parto que deseaba, y ahora puedo decir con orgullo que se lo que es PARIR.
Solo me queda agradecer a quienes hicieron posible este milagro: a mis compañeras de ACE, con quienes compartí este proceso: de cada una de ustedes me he llevado algo valioso; a Raquel, que nos fue guiando en los últimos 3 meses para que en el momento del parto pudiera tener confianza en mi cuerpo y en mi capacidad de parir; a mis compañeras del foro Criar con el Corazón, que me enseñaron de a poco este camino, y que me sostuvieron cuando tuve dudas; a aquellos familiares y amigos que a pesar de no entender mi decisión, la respetaron sin tratar de convencerme de otra cosa; a aquellos que dudaron, porque en sus dudas yo fui buscando respuestas y afirmando mis convicciones.
Y por ultimo, a las tres personas más importantes de mi vida: a mi marido y compañero de vida, Hernán, por haberme acompañado durante todo el embarazo, defendiendo nuestros ideales, y por haberme sostenido físicamente durante el parto y emocionalmente durante todo este camino que emprendimos juntos; a mi hijo Joaquín, porque aunque lamento no haber sabido darte un nacimiento respetado, tu parto abrió las puertas para que tu hermana haya venido al mundo de esta maravillosa manera; y a Emma, por haberme elegido como mamá y haberme enseñado a DAR A LUZ. Después de tu nacimiento, ya nunca podré ser la misma. Los amo profundamente.





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