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sábado, 9 de octubre de 2010

A esta misma hora, hace dos años


Hace dos años, a esta misma hora, estaba cambiando a Joaqui entre contracción y contracción para que salga a pasear con mi suegra.
La llegada de Emma era inminente. Las contracciones habían empezado suavemente durante la mañana (luego de algunas "falsas alarmas" los días anteriores), y poco a poco subían en intensidad. Sin embargo, eran soportables.
Yo recorría la casa buscando la remera y las bermudas en el cuarto de Joaqui, las zapatillas que habían quedado tiradas en el living, e iba vistiendo de a poco al enano. Cuando sentía la llegada de una contracción, simplemente respiraba hondo y me ponía en cuclillas, porque así me lo pedía el cuerpo.
Edith, la partera, había llegado hacía media hora, y había anunciado una dilatación de 4 cm.
Cuando recuerdo el parto de mis hijos me pasa algo sumamente extraño. La sensación que tengo no es la de recordar con la mente, sino la de "recordar con todo el cuerpo". Como si cada célula que estuvo implicada en el nacimiento reviviera otra vez aquellas sensaciones. Es algo parecido a lo que pasa cuando uno siente un olor que trae el recuerdo de un momento de la infancia: se siente transportado a ese momento y a ese lugar, y hasta el corazón late fuerte como si hubiera podido viajar en el tiempo y todo volviera a repetirse, de tan vívida que es esa sensación.
"Sensación". Esa es la palabra exacta. Cuando pienso en el nacimiento de mis hijos, especialmente el día de sus cumpleaños, vuelven a mí todas esas "sensaciones". No el dolor físico, pero sí la sensación de estar otra vez de parto.
Dos partos muy, muy distintos. Pero cada uno de ellos hermoso a su manera, porque fueron la llegada de mis hijos.
Con Emma, las sensaciones son como oleadas. Una contracción aquí, que viene, sube, y se va, y que la paso en cuclillas en el living. Luego nada, como si todo volviera a su lugar. Otra contracción acá, mientras busco en el cuarto de Joaqui. Se va, y otra vez nada...
Cuando finalmente Joaqui se va con su abuela, alrededor de las 11 de la mañana, la dilatación ya era de 6 cm. Me meto en la pileta, con agua caliente. Hernán sigue calentando agua, que va echando de a poco, para mantener la temperatura.
Las contracciones son más intensas, pero increíblemente, cuando pasa el dolor, puedo charlar de cualquier cosa con Edith y Hernán. Voy buscando distintas posiciones. En cuclillas, en cuatro patas, sentada... siento que mi cuerpo me pide abrirse, siento que mi cuerpo se va abriendo... siento que Emma va abriéndose el espacio para venir al mundo.
Cuando apenas ha pasado una hora, ya estoy dilatada completamente, pero yo no ni me lo imagino. Siento contracciones muy fuertes. Me ayudan a salir de la pileta, voy al baño, y me voy, al "planeta parto". De allí en más, mis recuerdos son confusos.
Sé que Edith me ayudó a salir del baño, que cuando cruzaba el pasillo rompí bolsa, y apenas hubo tiempo para tirar algunas toallas en el piso y que Hernán me tomara de las axilas. Casi inmediatamente empecé a pujar, en cuclillas, sostenida por mi marido. Y 10 minutos después conocía a mi hija. La tenía en brazos. La miraba. La ponía en mi pecho. Ella solo berreaba.
Y hoy, después de 2 años, con un clima prácticamente igual al de aquel día primaveral, revivo todas estas sensaciones, con mucha emoción, porque con el nacimiento de Emma pude sanar heridas, porque pude darle a mi hija una llegada al mundo respetada, a sus tiempos, que no eran los de otros, sino los suyos propios.
Revivo esas sensaciones que, especialmente los días como hoy, vienen a mí como esos viajes en el tiempo que nos regalan algunos aromas de la infancia.
FELIZ CUMPLEAÑOS EMMITA!

sábado, 21 de noviembre de 2009

Mi partera tiene blog!

L@s invito a visitar el blog "Viví tu parto", de Edith Diez, la partera que me acompañó en el parto de Emma, y que es parte del equipo de Raquel Schallman.
El sitio tiene valiosa información sobre parto natural, un foro, relatos de partos y además Edith responde consultas.
Felicidades Edith!! Me encantó el blog!

viernes, 9 de octubre de 2009

FELIZ CUMPLE CHANCHIS!!







Hace un año, a esta hora, Emma tenía apenas 2 horas y media de nacida, y empezabamos a conocernos abrazadas en mi cama. Joaqui había llegado un ratito antes, y nos acompañó en nuestra primer siesta juntas.




Es increíble todo lo que nuestros hijos nos enseñan, las grandes lecciones de vida, de amistad, de empatía, de altruismo, que nos dan cada día, siendo tan pequeños.




Joaqui, no solo me abrió las puertas al maravilloso mundo de la crianza con apego, y la lactancia, sino que también, a través de su nacimiento, abrió el camino para que su hermana pudiera tener un parto respetado.




Emma, por su parte, me enseñó a DAR A LUZ, a PARIR y a PARTIRME para traer a este mundo a un nuevo ser humano.




FELIZ CUMPLE MI CHANCHA LINDA!! GRACIAS POR ELEGIRME COMO TU MAMÁ!!




jueves, 27 de noviembre de 2008

Porqué atravesar el dolor del parto?

Hace unos días, Laura de Familia Natural me hacía esta pregunta.

Luego de reflexionarlo un poco, esto es lo que le contesté:


Yo tuve dos partos, así que para responderte debo diferenciar dos tipos de parto, y por ende, dos tipos de dolor.

Con Joaqui tuve un dolor terrible antes de que me pongan la peridural. Era un dolor insoportable, constante, creí volverme loca, gritaba "que me lo saqueeeen"... fue un dolor que duró aproximadamente 1/2 hora porque pedí la peridural a gritos. Ese dolor no fue el natural de mi cuerpo, sino provocado por el famoso "suerito": la oxitocina sintetica, corriendo a borbotones por mi sangre.

De ese dolor no aprendí nada, absolutamente nada... fue un dolor carente de todo sentido, porque me dolía tanto que no sentía nada: toda mi panza dura, un dolor que la abarcaba completamente, totalmente desconectada de mi bebé, de mi cuerpo, de mí misma... No fue dolor, fue sufrimiento.... A partir de que me anestesian, solo siento la sensación de pujo, pero no el dolor. Sin embargo la desconexión siguió siendo la misma... Es triste, pero apenas nació Joaqui y me lo pusieron en el pecho, no pude reconocerlo como mi hijo...

Con Emma fue tan distinto!!! El dolor fue tan diferente!!! Las contracciones fueron aumentando gradualmente, en intensidad y en duracion... Cada contracción me preparaba para la siguiente. El dolor era localizado, y no en toda la panza. No era un dolor constante, entre cada contraccion podía descansar. Ese dolor me conectaba a mi hija, me llevaba al momento del parto, me conectaba con mi cuerpo, con mis sensaciones, con mis miedos... Ese dolor no era solo oxitocina, era MI oxitocina, acompañada de endorfinas que me hacían atravesar cada contracción y salir victoriosa. Era dolor de parto, no sufrimiento. Y las ultimas contracciones, las que traían la urgencia del nacimiento, las que empujaba mi misma hija en el canal de parto... Dios!! que dolor tremendamente hermoso!!! Y el momento sublime cuando todo acaba y tenes a esa criaturita en brazos, y te das cuenta que VOS Y TU DOLOR HICIERON POSIBLE ESE MILAGRO. Y te sentís una diosa.

En mi caso, el dolor VERDADERO (no el artificial) de parto fue necesario para sentirme mas viva que nunca, para conectar con mi hija desde un lugar especial, ya que nosotras dos solitas lo hicimos posible, para conectar tambien con mi niña interior... Para hacerme MUJER en un sentido casi místico, que solo quien lo ha pasado por esta experiencia puede entender. Y sobre todo, para devolverme el poder de lo femenino y olvidado...


Y ustedes... para que piensan que es necesario atravesar el dolor del parto?

martes, 21 de octubre de 2008

El nacimiento de Emma

El miércoles 8 de octubre por la madrugada me despertaron las primeras contracciones pre- parto. Eran suaves y regulares, cada 12 minutos aproximadamente, así que no me preocupé demasiado. Por la tarde las contracciones ya eran cada 6 minutos. Sin embargo llevé a Joaqui caminando al jardín, como siempre, y a la tarde pasamos un ratito por la plaza.
Así estuve toda la tarde y la noche.
El jueves 9 de octubre, alrededor de las 4 de la mañana, me despierta la primera contracción fuerte, como un dolor menstrual bastante intenso.
Sigo en la cama hasta las 5, sin controlarlas y tratando de descansar, pero a las 5 ya me dolían bastante, así que lo desperté a Hernán y le pedí que llenara la pileta de parto que nos había dado Raquel unos días antes.
Mientras tanto, puse el disco de Jack Johnson, prendí velas y encendí el hornito (Hernán me cargaba preguntándome si iba a parir o a hacer una macumba). Las contracciones las pasaba en cuclillas, agarrada de lo primero que encontraba. A las 6 la pileta ya estaba lista y me metí en ella… que diferencia!!! Pasar las contracciones allí era otra cosa… Hernán, lápiz y papel en mano, comenzó a controlarlas: en promedio duraban unos 40 segundos y eran cada 4 minutos y medio.
Esperamos que se hicieran las 7 de la mañana y la llamamos a Edith. Mientras hablaba con ella, tuve otra contracción… me preguntó si había tenido alguna perdida, ya que me había revisado unos días atrás y el cuello del útero apenas estaba acortado. Le dije que no. Me dijo que estaba en trabajo de parto, pero que podía llegar a ser largo, que saliera del agua y tratara de descansar, que me llamaba en dos horas.
Volvimos a la cama. Joaqui dormía a pata suelta. Hernán trató de descansar un poco, y yo también, pero las contracciones no me lo permitían…
A las 9 nos llamó Edith, le dije que no había seguido controlando el tiempo entre contracción y contracción, pero que me parecía que la dinámica no había cambiado demasiado desde que habíamos hablado más temprano.
- Ok, ya salgo para allá así te reviso- me dijo Edith.
A las 10 y piquito ya estaba en casa. Joaqui se despertaba.
Edith me revisó: 4 cm de dilatación, cuello blando, pero aún no estaba borrado del todo.
Llamamos a mi suegra para que viniera a buscar a Joaqui. Comencé a vestir al gordo entre contracción y contracción, las que pasaba en el lugar que me encontraran, en cuclillas. Edith me animaba “Muy bien, si te sale pasarlas así, muy bien”.
A las 10:50 mi suegra vino a buscar a Joaqui, a quien tuvimos que darle un “anticipo” (dos autitos) del regalo que le traería Emma para convencerlo de que se fuera… pero yo realmente sentía que era mejor así, con Joaqui cerca no podía terminar de “desconectar”.
A las 11 y pico Edith me revisa nuevamente: 6 cm!!! Había dilatado 2 cm en una hora o menos!!



Decidí volver a meterme en la pileta.
Hernán calentaba agua para que no se enfriara la pileta, y mientras charlaba con Edith. Yo iba y venía… pasaba mis contracciones en el agua: en cuatro patas, agarrada del borde, en cuclillas… como podía… Me iba durante la contracción, me sumergía en ella, escuchaba el rumor de sus voces pero en realidad no sabía de qué hablaban… y luego de a poco volvía, y seguía charlando como si nada…
A las 12 del mediodía llegó Gaby, la obstetra ayurveda, a quien yo aún no conocía… Cuando vi su cara conecté con ella al instante, la verdad nunca la sentí como una desconocida en mi parto, ella irradiaba mucha paz, y me hablaba con cariño y suavidad.
Un par más de contracciones. Cada vez dolían más… comenzaba a sentir que el agua por sí sola ya no era suficiente.
De pronto, una contracción muy fuerte, muy intensa, muy larga, y al final de la contracción una lejana sensación de “hacer fuerza”… “No puede ser, pensé, es muy pronto, no pueden ser ganas de pujar, si hace menos de una hora estaba de 6 cm…”
Otra contracción, más fuerte aún, más intensa, más larga, y ahí ya no tuve dudas de que tenía ganas de hacer fuerza:
- Quiero ir al baño!!
Edith y Gaby me ayudaron a salir de la pileta, yo no podía ni levantar las piernas. Me envolvieron en una toalla, corrí al baño.
A partir de allí, ya no recuerdo casi nada, lo que sé me lo contaron:
Según Hernán, entré al baño y ellos se quedaron en el living. De pronto escucharon que gritaba y corrieron todos a ver que pasaba. Edith me decía:
- No hagas fuerza, Jose, ya nace y acá no tengo lugar para recibir a la beba!! Vamos a otro lado, que tu hija nazca en otro lugar, no en el baño!!
Yo sentía que no podía moverme, solo tenía ganas de pujar…
Edith me guió hasta el living. Apenas llegamos, rompí bolsa… Otra contracción: me agarré entre la arcada de entrada al living y la mesa del comedor, impidiendo el paso de Hernán que quería llegar a la caja que tenía las cosas para el parto, que estaba en nuestra habitación.
Yo solo pujaba y pedía a gritos el banquito de partos, que tampoco hubo tiempo de ir a buscar porque estaba en el auto de Edith.
Todavía no se como, Hernán logró llegar a la caja, pero no encontraban el nylon para el piso, así que empezaron a tirar toallas sobre el parquet.
Hernán se puso detrás mío, sosteniéndome de las axilas, me puse en cuclillas y comencé a pujar con todas mis fuerzas. La sensación era de una intensidad inconmensurable. Edith me animó a poner la mano para tocar la cabecita de mi hija… eso me dio más ánimo, y comencé a pujar con más fuerza aún…
- Ya casi esta!- gritaba Edith- está un cuarto de la cabecita afuera!!!
- Me partoooo!!!! – grité cuando sentí el famoso “aro de fuego”.
Sentí que ya no daba más, que ya no aguantaba… y a continuación dí el grito más poderoso de mi vida, un grito que me salía de las entrañas, en el que sentía que se me iba la vida… enseguida, sentí que el dolor aminoraba…
- Ya salió la cabecita, un pujo más!!- me animó Edith.
Puje una vez más, y enseguida escuché el llanto de mi hija... el dolor se fue por completo, de forma mágica e inexplicable. Me entregaron a Emma, que no paraba de llorar. Yo trataba de calmarla, la puse en mi pecho, la acunaba…
Me ayudaron a sentarme en una silla del comedor, me anunciaron que tenía un pequeño desgarro (piel y mucosa, no requirió más que unos 4 o 5 puntos), y enseguida alumbré la placenta… esa placenta que alimentó a mi hija durante 9 meses, enorme, brillante… Hernán la enterraría más tarde en el jardín.






Cuando el cordón dejó de latir, Hernán fue el encargado de cortarlo.
Me acompañaron a la cama. Hernán y Edith buscaron ropita para vestir a la beba.
A los 35 minutos de nacida, Emma mamaba tranquilamente en mis brazos… Y una hora más tarde, Joaqui conocía a su hermana y descansábamos los tres en nuestra cama familiar.
Mi hija nació en casa, a las 12:15 del mediodía. Fue recibida por mí y por su padre, y nos acompañaron una partera y una obstetra, ambas maravillosas.
Mi hija nació sin violencia: no se le puso ninguna sonda anal, hizo su primer meconio a las 3 o 4 horas de haber nacido; no se le puso ninguna sonda para extraer fluidos, los expulsó solita, con su llanto, con sus estornudos, con pequeñas tosesitas; no se le inyectó vitamina K, se la dimos oralmente a las 24 hs. de nacida; no le pusieron gotas en los ojos; no la bañamos, lo que posibilitó que el cordón cayera apenas a los 4 días de nacida; la pesamos a la noche y la medimos recién al día siguiente; nadie se la ha llevado para control y no se ha separado de mí desde que nació. Es una niña sana, felíz, tranquila y llena de paz.
Yo tuve el parto que deseaba, y ahora puedo decir con orgullo que se lo que es PARIR.
Solo me queda agradecer a quienes hicieron posible este milagro: a mis compañeras de ACE, con quienes compartí este proceso: de cada una de ustedes me he llevado algo valioso; a Raquel, que nos fue guiando en los últimos 3 meses para que en el momento del parto pudiera tener confianza en mi cuerpo y en mi capacidad de parir; a mis compañeras del foro Criar con el Corazón, que me enseñaron de a poco este camino, y que me sostuvieron cuando tuve dudas; a aquellos familiares y amigos que a pesar de no entender mi decisión, la respetaron sin tratar de convencerme de otra cosa; a aquellos que dudaron, porque en sus dudas yo fui buscando respuestas y afirmando mis convicciones.
Y por ultimo, a las tres personas más importantes de mi vida: a mi marido y compañero de vida, Hernán, por haberme acompañado durante todo el embarazo, defendiendo nuestros ideales, y por haberme sostenido físicamente durante el parto y emocionalmente durante todo este camino que emprendimos juntos; a mi hijo Joaquín, porque aunque lamento no haber sabido darte un nacimiento respetado, tu parto abrió las puertas para que tu hermana haya venido al mundo de esta maravillosa manera; y a Emma, por haberme elegido como mamá y haberme enseñado a DAR A LUZ. Después de tu nacimiento, ya nunca podré ser la misma. Los amo profundamente.





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