Mostrando entradas con la etiqueta Crianza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crianza. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de marzo de 2014

La ¿peor? madre de América

Ayer leí este artículo sobre Lenore Skenazy, una periodista norteamericana que se ha ganado el título de "la peor madre de América". Su pecado: haber dejado (entre otras cosas) que su hijo comenzara a viajar solo en el subte de Nueva York con tan solo 9 años.
En este otro artículo Lenore cuenta un poco más sobre su experiencia, y porqué para ella en realidad, que le dieran tan tremendo título, ha sido un honor.
La historia de Lenore y de su hijo Yzzy, y su devenir en "mala madre" me dejo reflexionando mucho sobre cómo criamos a nuestros hijos hoy.
Me crié en Concordia, una ciudad de Entre Ríos lo suficientemente grande para no ser considerada un pueblo, pero lo suficientemente chica para tener todas las virtudes de uno (o al menos las tenía hace 20 años, cuando yo vivía allí).
A los 8 años aproximadamente ya cruzaba sola a la casa de mi vecina de enfrente, y hacía mandados en el almacén de la esquina (había que cruzar una calle).
A los 11/12 años ya volvía sola caminando de la escuela, que era a más de 20 cuadras de mi casa, y para cuando cumplí los 15 ya iba sola a la mañana también.
A los 13/14 ya me iba sola en bicicleta al club, a Inglés, y a la casa de una de mis mejores amigas, que quedaba cerca de la escuela.
Desde antes de los 14 me quedaba también tardes enteras sola en casa, cuando no me gustaba el programa familiar.
Por su parte, Hernán se criaba en San Fernando. Según me cuenta, a los 8 iba a la farmacia a comprar azufre y no sé que otras cosas más, y hacían explosiones de pólvora con sus amigos.
Más o menos a esa edad también, desaparecían tal vez toda la tarde andando en bicicleta con los chicos del barrio.
Jugaban con herramientas, se metían en casas abandonadas, en lugares tipo descampados.
Antes de los 18 viajó solo con amigos, y a los 18 se fue con sus dos mejores amigos en camioneta (el que manejaba apenas había cumplido los 17) a la Patagonia y a Chile, a hacer turismo aventura con kayaks.
Cuando Hernán me cuenta las cosas que hacía de tan chico, un poco me espanto y un poco pienso "que lindo tener una infancia así, con tanta libertad, con tantas aventuras, con tanta oportunidad para explorar y aprender!!"
Mis padres y la madre de Hernán eran un poco como Lenore: confiaban en nosotros y nos daban alas para volar.
¿Qué ha cambiado, que a pesar de que Joaqui tiene 9 años cumplidos, no se me ocurre mandarlo a hacer un mandado al mercado de la esquina? Y cuando lo dejo 5 minutos con las nenas en casa para comprar algo a las corridas en el almacén de una cuadra, me siento super culpable!
Por supuesto que muchas cosas. Son otras épocas, sin duda alguna. Las calles tienen más automóviles que van a mayor velocidad, seguramente la cantidad de delitos haya aumentado, o tal vez haya aumentado solo la información que tenemos sobre esos delitos, no estoy segura de cual de las dos.
De hecho, en Argentina, muchas familias se encierran en "countries" y "barrios cerrados" buscando que sus hijos puedan tener un poco de esa vida libre que ya no se encuentra en las calles de la ciudad.
Me da un poco de pena por mis hijos, cuando miro atrás, de no poder darles un poco de la libertad que nosotros teníamos a su edad.

O tal vez sí puedo? Ustedes que opinan?

Elegí ilustrar esta nota con esta historieta de Mafalda, porque muestra a una niña de no más de 8 años, que va sola a la farmacia de su barrio. Se ve que era algo muy común por aquellas épocas, verdad?

domingo, 2 de marzo de 2014

La relación entre hermanos


Criar con apego no siempre es fácil. Tengo 3 niños, de 9, 5 y casi 3 años, y he notado que a medida que van creciendo, mi umbral de paciencia es más bajo con cada uno de ellos.
Cuando son pequeños y uno está con ese subidón hormonal que significan el parto y la lactancia, cuando te acostas y sentís el olorcito a bebé, o cuando te explican la macana que se mandaron con esa media lengua y ojitos de absoluta y sincera inocencia, no hay forma posible de que uno "se enoje en serio".


Sin embargo, a medida que el niño crece, no me pregunten como ni por qué, el nivel de paciencia que nos resulta aceptable va bajando. Lo veo en mí como algo en lo cual tengo que trabajar para mejorar, y lo veo también en mi marido y en otras familias cercanas.
En los únicos casos en que sigo viendo la misma tolerancia es en los casos de hijos únicos, tal vez porque la atención de los padres está centrada exclusivamente en ellos, tal vez porque al ser hijos únicos, hay situaciones que no se dan en la casa, como las peleas entre hermanos. 

Y es que las peleas entre amigos, rara vez llegan a los niveles las peleas entre hermanos, y además siempre tenderemos a proteger y defender a nuestro cachorro, así que no nos sirve la comparación.

Por supuesto que se de hogares en los que los hermanos se adoran y no se pelean jamás. No me pregunten cual es la receta porque no es lo que sucede en mi casa. 
Mis hijos se adoran, sí, pero también se matan. Si es algo que hacemos mal, si es que al ser 3 niños buscan más llamar la atención en exclusiva mediante este tipo de comportamientos, si es que simplemente estas son sus personalidades o los niños que nos tocaron por algo que tenemos que aprender y trabajar en esta vida terrenal, lo desconozco.
Pero en este hogar, donde se intentó, al menos, criar con amor, respeto y apego, donde se colecha, se toma teta a demanda, y se pare en casa, donde van a un cole respetuoso y varios etcéteras más, señoras y señores, en este hogar mis hijos se hacen burlas, se gritan, se insultan, y se pegan.
No me parece que sea un comportamiento adecuado, no me parece aceptable, no me parece "normal", pero sí creo que es bastante común. Yo misma me mataba literalmente con mis hermanas, al punto de rodar por el piso agarradas de los pelos y  rasguñandonos, con mi madre en un ataque de nervios tratando de separarnos, y recuerdo que yo para mis adentros pensaba que "no era para tanto".
Hoy me toca vivirlo del otro lado (karma, que le dicen) y realmente es exasperante.
En general "intento" (porque no siempre lo logro) dialogar con ellos, escuchar a ambos y validar los sentimientos de los dos. De nada sirve buscar responsables, ni "quien empezó", porque generalmente la escalada viene de varias horas atrás, con caritas, muecas, burlas, risitas y demases... De nada sirven tampoco las advertencias cuando una ve que las caritas, muecas, burlas, risitas y demases van derechito a convertirse en golpe o empujón, porque aunque me escuchen en el momento, cuando están con el "modo pelea on", terminaran peleando, si no es en ese momento será una hora después, y recién terminaran haciendo las paces enojo mío mediante.


Hay muchos consejos para este tipo de situaciones, como cambiarlos de escenario llevandolos a dar una vuelta, distraerlos con otra cosa, etc. En mi caso el cambio de escenario no siempre es posible (a veces se pelean Emma y Joaquín, por ejemplo, y Maite está durmiendo, o alguno de los dos no quiere salir a dar una vuelta) y las distracciones no siempre funcionan.
Muchas veces (karma) termino pegando tres gritos yo. Sí, no es respetuoso, no está bien y debo trabajar mucho, MUCHO, en eso. Pero cuando la situación me desborda, pegar tres gritos al mejor estilo LA CORTAN YAAAA!!  y darme un tiempo fuera para mí, es lo único que me funciona. No estoy recomendando para nada esta estrategia, solo me sincero y cuento lo que me sale de las entrañas cuando siento que mi paciencia rebasó su limite hace más de media hora.
Me queda mucho para mirarme para adentro, tratar de cambiar y buscar otras formas de comunicación en este sentido.
Y ustedes como lo viven? Sus niños se pelean? Como lo solucionan? Tienen artículos o libros para recomendar que hablen de esto?
Yo tengo que releer el libro "Como hablar para los niños escuchen y como escuchar para que los niños hablen", que es una excelente guía para manejar esta y otras situaciones con niños un poco más mayores.






miércoles, 17 de julio de 2013

Los abuelos

Hoy me encontré en Facebook este hermoso escrito de un médico cordobes. Lo comparto, porque me pareció simplemente hermoso.

Para la abuela de mis hijos, Lala, que no se murió, solo se volvió invisible.
Para el abuelo Tata y el abuelo Hugo, que a pesar de la distancia, siembran en sus nietos.
Para la abuela Marisú, que es la abuela angel que los cuida desde el cielo.
Para la bisabuela Bela, que sigue haciendo comidas ricas para malcriarlos.
Para la bisabuela Mamama, que les canta Aserrin Aserran.
Gracias.


En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente

como consecuencia de un nuevo sistema de producción.

La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”. El nuevo paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se extendió y naturalizó en muchos hogares. Algunos afortunados todavía pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas.

Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe, zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre, cuando la coquetería lo exige.
Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.
La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.

El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez. Lejos de apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad.
Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos: extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se ilusionan.

Los abuelos miran diferente.

Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas.

Para opinar, por ejemplo. O para recordar.
Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado.

Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más
profundas; la identidad, más probable.
Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día.


Son incomparables cómplices de secretos.

Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos.

Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.
Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba.

La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada.

Los abuelos huelen siempre a abuelo.

No es por el perfume que usan, ellos son así.

¿O no recordamos su aroma para siempre?
Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad.

Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena gente disponible).

FINALMENTE Y PARA QUE SEPAN LOS DESCREIDOS....

LOS ABUELOS NUNCA MUEREN, SOLO SE HACEN INVISIBLES.

Enrique Orschanski.
19/01/2013 | Enrique Orschanski (Médico)

sábado, 17 de marzo de 2012

Restaurar el paradigma original

Les comparto el video (dividido en 4 partes) del documental "Restaurando el paradigma original del nacimiento". Espero lo disfruten!!







sábado, 18 de febrero de 2012

Niñeras nocturnas??


Hoy leí esta nota que salió publicada en el diario La Nación.
Bien, en primer término, creo que cabe reconocer que no es lo mismo atender a un solo bebé, que a dos o a tres... ni hablar si son quintillizos o sextillizos!! Tampoco es lo mismo para una mujer que cuenta con un compañero empático y sostenedor, que una mujer que tiene a su lado un hombre infantil o machista, que "no se ocupa".


Así que las críticas que voy a hacer a este sistema de "niñeras nocturnas" tómese como una generalización, y que estoy hablando de una familia con, por ejemplo, mellizos.
A mí criterio (sólo mío, y me hago cargo), contratar a alguien para que atienda los bebés de noche, es el sumum de la desconexión entre la madre y los recién nacidos.
Una madre que puede, tan suelta de cuerpo, dormir a pata suelta 8 horas completitas, sin despertarse si los bebés lloran, o que si se despiertan se queda igual en su cama muy tranquilamente porque total se ocupa la niñera, a mí entender, primero que nada debe replantearse qué es lo que le está sucediendo para tener tal nivel de desconexión con sus propios hijos recién nacidos.

Al menos en mi caso, con mis tres hijos, me despertaba apenas hacían el primer quejido... es más, estaba tan sincronizada con ellos, que me despertaba incluso ANTES de que ellos lo  hicieran... puro instinto.
Que una persona pueda pagar el lujo de tener una niñera por la noche, con un sueldo básico de $5000, y sin embargo no pueda dejar de trabajar al menos unos meses, o trabajar medio tiempo para estar más descansada es, para mí, completamente inentendible...
Cuando entenderemos que los bebés necesitan el contacto, la voz, la piel, el olor de su madre? No digo que no debamos pedir ayuda!! No se me mal entienda! Pero esa ayuda debiera ser, en primer termino, para las cosas de la casa: que alguien se lleve la ropa y te la devuelva lavada y planchada, que alguien te traiga una tarta para la noche, que alguien pase por tu casa y te arme la cama o te barra el piso... Y en segundo lugar, si la madre necesita unos momentos para ella, que alguien de nuestra plena confianza (esposo, madre, suegra, hermana, cuñada, amiga) nos sostenga el bebé para que podamos ducharnos, dar una vuelta a la manzana, comer, o descansar un rato... Pero una niñera nocturna? No es ir demasiado lejos?
Por supuesto, ni hablar de lactancia materna, ya que si no voy a levantarme en toda la noche teniendo al niño en el cuarto de al lado, es obvio que la persona contratada le dará una mamadera...
Cosas que podrían solucionarse tan fácilmente con colecho, teta a demanda, sostén de la pareja y de la familia primaria, de amigos, de la "tribu", se llevan a extremos tales que la maternidad queda reducida a una mera obligación más. Tener hijos para qué, entonces? Para cumplir un mandato social? Que alguien los cuide durante la noche así duermo, y durante el día, así trabajo? Que sentido tiene?

Tengo la suerte de haber visto, y haber participado en algún caso en particular, como funcionan las tribus virtuales de madres, y es INCREIBLE. Mujeres que muchas veces ni se conocen más que por la red, a las que solo las une el ser madres recientes, que corren en ayuda unas de otras cuando se necesita...
Pero eso será materia de otro post. Por ahora, los dejo con esta inquietud: para que tenemos hijos si estamos demasiado ocupados para criarlos?


jueves, 6 de octubre de 2011

Shantala


Cuando Joaqui era bebé, mi amiga Jime me prestó un libro titulado "Shantala, un arte tradicional, masajes para bebés", de Frederick Leboyer.


El shantala es una tecnica hindú milenaria de masajes para bebés y niños. Sus beneficios son, aparte del momento compartido entre mamá y bebé/niño, el contacto piel con piel (es como una larga sesión de caricias, es una forma de dar afecto, de dar bienestar al niño, y recibirlo nosotros al mismo tiempo) y que ayuda al desarrollo sensoriomotor del pequeño.

Con Joaqui traté de llevarlo a cabo pero probablemente yo estaba muy tensa, tratando de hacer todo "como en el libro", y no nos resultó. Joaqui lloraba a mares y un momento que debía ser placentero y de disfrute mutuo, era una tortura, así que desistí.
Con Emma, ni siquiera lo intenté.
Con Maite, todo se ha ido dando solo... lo empecé a hacer sin darme cuenta siquiera que estaba haciendo shantala.

Cuando Maite nació, la neonatologa nos recomendó que en lugar de bañarla con jabón (cuando se cayera el cordón y cicatrizara, naturalmente) pusieramos unas gotas de aceite de caléndula de Weleda en el agua del baño.
Le hicimos caso, y como la piel de Mai quedaba tan suavecita, humectada y con un perfumito alimonado tan suave, con 5 meses la piel de la gorda aún no conoce el jabón.

Pero al poco tiempo de nacer, Mai engordó tanto que ya no entraba en el balde (sí, la bañabamos en un balde!!) y como Hernán ya había empezado a trabajar, empecé a ducharme yo con la beba. Le ponía unas gotas de aceite directamente en el cuerpito y la masajeaba bajo la ducha, en mis brazos.
Pero hace un tiempito, como el peso de la beba ya me complicaba lavarme el pelo con ella en brazos, se me ocurrió poner un colchoncito de telgopor que usabamos en la bañaderita con Emma, en el piso de la bañera, a la beba sobre el colchón, y hacerle una sesión de masajes con el vaporcito de la ducha... Y después se nos coló Emma, que también quiso los masajes que recibía su hermana menor... Ahí me dí cuenta que podía practicar aquellos masajitos hindués que había leído...
Así que ahora nuestras duchas terminan con sesión de shantala para las dos pequeñas, que lo disfrutan tremendamente!!
Aquí les dejo también un video de una mamá hindú haciendo shantala a su bebé... fijensé como termina de relajado que se queda dormido!!

martes, 28 de junio de 2011

Un día con un bebé pequeño (y una casa y dos niños más)




Hace un tiempo leí en una página de maternidad (a la que no voy a dar publicidad, por supuesto!) cómo es un típico día de una mamá primeriza con su bebé… Era una imagen bastante agotadora, en la que la joven mamá terminaba pidiendo a su marido que le diera un biberón al bebé porque ella ya estaba muy cansada…

Mi marido nunca les dio una mamadera a mis hijos a no ser que yo no estuviera en casa, y mis días con una recién nacida son muy distintos, así que decidí mostrar “la otra cara” de como puede ser un día con nuestro bebe, si nos relajamos y dejamos que la maternidad fluya…

7 hs: Hernán lo levanta a Joaqui para llevarlo a la escuela. Luego sale a caminar un rato y cuando vuelve a casa me da una mano ordenando y limpiando un poco.

9/10 hs: Me despierto. Emma y Mai siguen durmiendo. Aprovecho para hacer un rato de gimnasia y desayunar. Hernán se va al trabajo.

10/11 hs. Se despiertan las niñas. Le doy el desayuno a Emma y la teta a Mai. Preparo muda de ropa para todas y me baño con las dos nenas. Armo la cama, barro, tiendo la ropa que hay en el lavarropas y pongo a lavar mas.

12 hs. Salgo con las niñas a buscar a Joaqui al colegio. Generalmente antes le doy la teta a Mai.

13 hs. Llego con los niños a casa. Preparo algo rápido (fideos, polenta, milanesas con puré) y le doy la teta a Mai.

14 hs. Terminamos de almorzar. Mai duerme. Joaqui y Emma juegan. Aprovecho para limpiar el baño o el resto de la casa, lavar platos, poner a lavar más ropa, etc. De a ratos aprovecho para navegar en internet, armar algún artículo para el blog, (como ahora), etc.

16/17 hs. Mai se despierta, toma la teta. Les preparo la merienda a los chicos.

18 hs. Llevo a Joaqui a su actividad diaria (natación o judo) con las niñas.

19/20 hs. Volvemos a casa, empiezo a preprar la cena.

21 hs. Llega Hernán. Cenamos. Mai toma la teta.

22 hs. A la cama!! Me distraigo un rato con la computadora, leo algún libro, y a dormir!

Por supuesto que en medio de todo esto, hay pedidos de teta de Mai, cambios de pañal de Mai y Emma, idas al baño con Joaqui o a hacer CE con Mai, peleas entre hermanos en las que hay que intervenir, etc… En esos momentos, no queda más remedio que frenar, en lo posible, lo que uno estuviera haciendo… A veces la pongo a Mai en el fular y hago las cosas de la casa con ella a upa.

Cabe aclarar que no soy la mujer maravilla, ni una super mamá, y es posible hacer todo esto porque mi marido me da una manaza y porque puedo dormir bien en las noches... Y como lo logro? Por supuesto, Mai duerme conmigo desde que nació!! Las veces que he dormido mal ha sido porque está congestionada y la escucho con dificultad para respirar, pero en lo que respecta a la teta, se la doy casi dormida y ella tampoco se despierta para mamar...

Y si bien hay momentos en que se te juntan cosas (el telefono suena, Emma llora porque se golpeó, Mai llora porque quiere teta, Joaqui reclama desde el baño que le limpie la cola, y la comida se quema, todo al mismo tiempo!!) y uno cree que va a enloquecer, esta es solo una etapa, que ya pasará, y más rápido de lo que quisiera, sin duda alguna…

Y ya les contaré cómo me las arreglo cuando se me acabe la licencia y vuelva al trabajo!!

Emma y Mai en nuestra ducha matutina

viernes, 3 de junio de 2011

Newsletter Laura Gutman Junio 2011


Desde la voz del recién nacido

Hoy las mujeres trabajamos a la par de los hombres, hecho que vivimos con orgullo y satisfacción. Además ninguna mujer está dispuesta a volver al pasado de sometimiento económico, religioso o moral. Nos sentimos libres al gozar por fin de la autonomía largamente merecida. Luego nos felicitamos mutuamente por la victoria de las libertades individuales. Hasta ahí estamos todos de acuerdo.

Quien posiblemente no esté tan de acuerdo sea el bebe recién nacido. Porque como mamífero humano, nació “sin terminar”. Es decir, va a necesitar nueve meses de “embarazo extrauterino” para completar los nueve meses de “embarazo intrauterino”, esperando encontrar la misma calidad de confort, placer, movimientos, alimento, olores, mirada y presencia que experimentó en el vientre de su madre. Este torrente de experiencias agradables podrá recibirlas dentro de un entorno femenino, o más precisamente, dentro de un entorno maternante.

Los bebes recién nacidos no fueron invitados a la fiesta de los tiempos modernos. No tienen voz ni voto en estas decisiones. Y las personas grandes no nos tomamos el trabajo de averiguar qué es lo que ellos -en su especificidad de niños muy pequeños- necesitan: básicamente seguir navegando en la sutileza de la energía materna. Pero hay algo más que permanece oculto en el pensamiento colectivo: la espontánea e íntima escucha de la madre al llamado del recién nacido y la intransferible conexión que cada mujer siente respecto al propio hijo.

Para permitirnos reconocer que la necesidad de permanecer juntos también es nuestra, las mujeres deberíamos sentirnos cuidadas, atendidas, apoyadas y sostenidas. Libertad no es depender de los propios recursos para subsistir. Libertad no es trabajar dobles o triples jornadas. No somos libres cuando somos expulsadas al mundo del trabajo viéndonos obligadas a abandonar a la cría. Eso es lo que nos han hecho creer -y hemos aceptado como cierto- engañadas con la zanahoria de la modernidad. En realidad, sólo somos libres cuando nos otorgamos las posibilidades de vivir a fondo cada etapa de la vida. Y el primer período de la maternidad es una muy especial. Además dura poco tiempo.

Laura Gutman.

lunes, 9 de mayo de 2011

2 semanas: teta a demanda, Fei respetuoso y CE


Maite cumplió el sábado dos semanas de vida.
El viernes la llevé a la pediatra. Engordó 430 grs. en la ultima semana!! 630 grs. desde que nació!! Está con un poquito de mocos, pero sana y felíz con su teta a demanda. Come tanto que luego siempre termina devolviendo un poquito, porque se llena a más no poder. Y yo tengo los pechos tan llenos, que me estoy sacando leche y guardándola para cuando vuelva al trabajo. Hernán se ríe, dice que podría alimentar trillizos. Que sabía que es la naturaleza!!
El miércoles pasado le hicimos el FEI, el estudio para descartar enfermedades metabólicas como la Fenilcetonuria. Vino Mariana Gimenez, una bioquímica que me recomendó Raquel, a hacérselo a casa.
Con Emma sufrimos mucho cuando se lo hicieron. Fuimos al laboratorio de la Suizo, y si bien me permitieron tenerla en brazos, le exprimieron el talón como si fuera un limón, y la pobre gorda lloró desconsoladamente durante y después... Yo no quería que Maite pase por lo mismo, y por eso decidimos hacerlo en un ambiente más tranquilo, en casa, con Mariana, que es una divina.
Apenas llegó, se presentó no solo conmigo, sino con Maite, explicándole quién era, y qué le iba a hacer y porqué. Le puso agua tibia en el talón para que la sangre irrigara mejor, le avisó cuando iba a pincharla... Maite lloró, pero la puse al pecho y, si bien tenía gesto de dolor, no se quejó mas y se quedó dormida. Si bien tuvo que pasar el mal rato, fue una manera mucho más respetuosa y contenedora de hacer el estudio.
Por otra parte, hoy empezamos a probar el llamado "método sin pañal", "control temprano de esfínteres", "comunicación de la eliminación (CE o EC por sus siglas en ingles) o "higiene natural infantil"...
Durante algún tiempo, pensé que este "método" era una forma de adiestramiento, pero luego de ver a madres sumamente respetuosas como Emma Kwasnicka, Laura de Familia Natural y Mónica de Familia Libre, practicando este método, empecé a investigar un poco y decidí hacer la prueba.
Por lo pronto, puse un rato a Maite desnudita sobre una toalla. A los 5 minutos se puso inquieta e hizo un pichín. Ahora hace unos 40 minutos que la tengo durmiendo a upa, con un pañal de tela y una bombachita también de tela, y se hizo pis hace un ratito, mientras tomaba el pecho.
La idea por ahora es ver si puedo detectar "patrones" (gestos, muecas, ruidos) para poder adelantarme a su necesidad de hacer pis y caca. Ya les iré contando si nos resulta y qué tal vamos.

jueves, 31 de marzo de 2011

Newsletter Laura Gutman Abril 2011


Obediencia o sentido común


Tenemos muy arraigado el concepto de obediencia, porque casi todos quienes somos adultos hoy, hemos sido criados en base al sometimiento a los deseos o necesidades de alguien más poderoso. El más débil obedece al más fuerte que emite órdenes sobre cómo vivir, comportarse, comer, dormir o relacionarse. Si hemos obedecido como corresponde a los mandatos de otros individuos -generalmente nuestros padres- es posible que nos hayamos acomodado desde muy pequeños a sus necesidades o su moral y por lo tanto hemos obtenido beneficios. El más importante es haber sido aceptados. Hasta ahí, las cuentas dan bien. Sin embargo, hay algo sutil que sucede mientras somos niños, que es imperceptible pero opera a cada instante, que es la pérdida de nuestro pulso básico mientras hacemos grandes esfuerzos para adaptarnos a la modalidad de los mayores. Se desvanece esa voz interior que nos guía y que nos hace únicos. Extraviamos la autenticidad para situarnos en este mundo, en armonía con “eso que somos”. Y así perdemos sin darnos cuenta, el sentido común, que en nuestra sociedad es el menos común de los sentidos. Nos quedamos sin esa brújula interna que nos alumbra para indicarnos lo que nos compete y lo que no, lo que nos hace bien o nos hace mal, lo que encaja con nuestra personalidad o lo que nos lastima. Después de años de esfuerzos para acomodarnos a aquello que les conviene a los demás, hemos dejado de ser convenientes para nosotros mismos. Entonces estamos en peligro. En primer lugar, porque nuestros padres -mientras no sean molestados- no registran que haya algún problema. En segundo lugar, porque el rencor, la soledad, la rabia y el desamor crecerán en nuestro interior, y alguna vez ese cúmulo de sensaciones negativas, explotarán. Desde el punto de vista de los adultos, imponemos a nuestros hijos obediencias desmedidas y alejadas del ser esencial de cada uno de ellos, perpetuando un desastre espiritual colectivo. Tengamos la humildad de no pretender que nadie nos obedezca. El único que debe ser obedecido, es el corazón.

Laura Gutman.

jueves, 3 de marzo de 2011

Algunas cosas que quiero compartir

Y aquí estamos, un mes después de habernos mudado... la casa va tomando forma de a poco, y de a poco la vamos reconociendo como nuestro hogar.
Aún nos falta mucho. Sigo sin teléfono e internet (otra vez estoy en la heladería), pero eso también me ha dado más tiempo para compartir con mis hijos.
La panza no para de crecer. El bebé (o la bebé) aún está de cabeza. El sábado tengo la última eco, y dependiendo de como salga todo, empezaremos ya con acupuntura, homeopatía, ejercicios o lo que haga falta para que se de vuelta.
Si no se da vuelta para la fecha de parto (que todavía falta!!) aún no tenemos decidido si intentaremos igualmente un parto en casa (al ser el tercer embarazo los riesgos son menores), si iremos a una casa de partos, o iremos a un sanatorio. Lo único seguro es que intentaremos por todos los medios que sea un parto por vía vaginal.
Dos de mis compañeras de ACE, Sofía y Mariana, ya son mamás. Ambas tuvieron parto en casa.
Lo que indica que el momento ya está más cerca para todas.
Joaqui empezó el cole, y está muy contento. El comienzo de clases fue muy emocionante, todavía no puedo creer que mi pichón mayor ya esté en primer grado.
Y hablando de educación, aquí va una de las cosas que quería compartir con ustedes. No pude terminar de verlo, pero hasta donde llegué, me pareció genial. Es una charla sobre cómo la educación mata la creatividad:



También quería compartir con ustedes el último Newsletter de Laura Gutman, que me encantó y me vino de perillas, ya que como yo ya estoy muy incomoda con la panza (y a pesar de que tenemos una king size) estoy durmiendo muy mal con los chicos en la cama... cuando me doy vuelta para un lado o para el otro, me encuentro con alguno de los dos, que cuando se mueve me pega sin querer un manotazo o una patada... Así que estamos intentado pasarlos a su cuarto. Pero Joaqui está bastante reacio a esta decisión.
La única noche que logramos pasarlos, Joaqui durmió solo hasta las 4 am que se pasó a nuestra cama, y Emma... durmió sola toda la noche!! Hasta las 8 de la mañana, cuando me iba a trabajar, y se despertó de lo más campante y la acosté con el hermano y el papá...
Pero para no mezclar, el Newsletter lo pongo en un ratito en una entrada aparte, como habitualmente hacemos con los News de LG.
Eso es todo por ahora! Esperando poder reportarme más seguido en breve (en cuanto tenga internet en casa) y que no dejen de visitarnos!

sábado, 27 de noviembre de 2010

Reflexiones


El cómo se fueron confabulando los astros para que fuéramos tomando este camino en la crianza y educación de nuestros hijos es todavía un gran misterio para mí.
Trato de pensar cuándo, cómo y qué fue lo que me hizo el "click" (más allá del hecho en sí de devenir madre) y no lo sé.
Seguramente fue un proceso. Hemos ido haciendo camino en muchas cosas, y aún lo estamos haciendo en tantas otras.
Nuestra última aventura ha sido el cambio de cole de Joaqui de este año, de un cole común a un cole Waldorf.
Todo comenzó cuando me hablaron por primera vez de este tipo de educación, y yo pensé "Que secta más rara"... Luego escuché hablar de Montessori, Pestalozzi, Escuelas Activas y Libres, Homeschooling, Unschooling, y empecé a indagar, a averiguar, a curiosear.
Sí, creo que la curiosidad fue determinante. Cuando me han hablado de lactancia a demanda, de colecho, de crianza con apego, de escuelas alternativas, por más loco o raro que me sonara lo que me decían, indagaba, preguntaba, me fijaba en internet... Tal vez por eso me asombra tanto que de toda la gente que tengo a mi alrededor, a muy pocos se les haya ocurrido indagar un poco sobre estas cuestiones.
La gente tiende a no cuestionarse nada. Dan todo por sentado. Dejan todo en manos de terceros. Primero, lo que les dice el obstetra durante el embarazo. Luego, lo que les dice el pediatra. Más adelante, lo que les dice la maestra de la escuela... "Sí ellos lo dicen, que saben, que han estudiado, quién soy yo para cuestionarlo?", es el argumento.
Yo soy la madre, por eso lo cuestiono. Quién mejor que yo para conocer las necesidades de mi hijo, más allá de lo que un obstetra, pediatra o maestra me pueda decir?
En estos últimos meses he pasado ya por 4 obstetras. Que me han dicho las cosas más disparatadas o me han faltado el respeto, a mí y a mi cuerpo, de una u otra manera, tratando de infantilizarme, de ponerme en lugar de "paciente". No estoy enferma, estoy embarazada!!! Y ya tuve dos hijos antes, que se creen, que soy estúpida? Al último hasta lo tuve que escuchar meterse (sin permiso) en mi vida sexual, ante mi negativa a ponerme un DIU cuando nazca el bebé (para lo que faltan 5 meses!!!).
Con la pediatra, por suerte, no he tenido dolores de cabeza, porque desde el primer día elegimos una pediatra amorosa, que no sé si compartirá o no gran parte de mis "locuras", pero al menos las respeta, y no se mete.
Y con el cole... ahhh, el cole de Joaqui!! No puedo dejar de agradecerle al ángel que logró que consiguiéramos esa vacante!!
Ayer tuvimos reunión con la directora de jardín, la directora de primaria, y el maestro que acompañará a Joaqui durante los próximos siete años. La forma tan cuidada en que se está dando este paso del jardín al primer grado, es increíble. Sin estridencias. Sin grandes actos. Sin disfraces. Sin banda sonora. Solo una entrega solemne de los trabajos realizados por los niños durante el año, que se hará en 15 días, y esa reunión que nos convocó ayer, en la que todos (nosotros como padres y ellos como maestros) pudimos hablar de como vemos a Joaqui, y sobre todo, de como podemos acompañarlo y ayudarlo en sus dificultades, cada uno desde su rol. Se habló poco de lo pedagógico. Se habló mucho del niño, de su espíritu, de su carácter.
Hay dos anécdotas que pintan a este cole por completo:
La primera, fue hace unos meses, charlando con unos amigos, nos contaban que no se habían dado cuenta que tenían que comprar zapatillas nuevas a su hija, porque generalmente las usa solo en el cole, y como "está mucho sentada" se ve que no le molestaba. Solo lo notaron un día que se las pusieron durante el fin de semana, y al rato de estar jugando la niña avisó que le hacían doler... Yo no podía creer el contraste con Joaqui, que este año tuvo más pares de zapatillas que nunca en su vida, porque las traía mugrientas, destrozadas y con kilos de arena de tanto potrear, y por primera vez tuve que poner pitucones en todos los pantalones, porque no quedó uno solo sano.
La segunda, también en una charla con amigos, que me cuentan que de regalo de fin de año, en el cole de su hija, les habían dado una poesía sobre "Quién les robo el juego a los niños", y que decía cosas como que los niños de ahora no saben jugar a las bolitas, ni a la soga, ni a la rayuela... Cuando le dije que en el cole de Joaqui sí se jugaban esos juegos, y se cantaban aquellas canciones viejas como La Farolera, o la Paloma Blanca, me dijo que bueno, pero que en realidad eso era función de los padres.
Claro que es función de los padres!! Pero también debe serlo de la escuela! Yo no tuve hermanos varones, jamás hubiera podido enseñarle a Joaqui a jugar a las bolitas. Pero aprendió en el cole, y le encanta... Y los juegos de manos los tenía completamente olvidados hasta que Joaqui los aprendió en el jardín. Los niños debe poder ir a la escuela a jugar, a divertirse, a pasarlo bien con sus amigos, y si en el proceso aprenden, MEJOR!! Y seguro que aprenderán, aunque no de la forma convencional, sino a través de la experiencia, y esa forma de aprender, de tomar para sí el conocimiento de algo, no se olvida jamás...
Pero lo importante es que hoy, mi hijo de 5 años, no está sentado 4 horas en un pupitre, memorizando letras y números. Esta jugando, experimentando con poleas para llevar el agua hasta la huerta, haciendo y deshaciendo telares, mezclando colores para crear nuevos... y al mismo tiempo adquiriendo conocimientos que no se le olvidarán jamás...

viernes, 19 de noviembre de 2010

Las fórmulas mágicas


Vivimos, sobre todo quienes estamos del lado occidental del planeta, en un mundo acelerado, competitivo e impaciente. Acostumbrados a la practicidad y a las soluciones inmediatas. Si estamos descontentos con nuestro físico acudimos al cirujano para que nos corrija todo de inmediato con el bisturí; si nos duele algo vamos a que el doctor lo saque o nos mande una pastillita en vez de buscar la causa de fondo, si nuestros hijos no encajan con nuestras expectativas los llevamos a un terapeuta o psicólogo y dejamos el “problema” en sus manos esperando una pronta solución.
Nuestros hijos son un reflejo de nosotros y de nuestro mundo interno. En ellos proyectamos todo; nuestros temores, manías, conductas neuróticas, estados de ansiedad, tristeza, alegría, paz mental, todo. Cuando la gente me pregunta cosas como ¿Qué le doy a ese muchacho para que se calme y deje de destruir todo? Les respondo “Cálmate tú”.
A los adultos nos disgusta que se nos ponga un espejo al frente, es por eso que como padres nos molesta tanto que los niños se nos “salgan del molde”. Dejamos de verlos como lo que son, niños; y pasamos a verlos como enemigos, tiranos, manipuladores y pequeños demonios por el simple hecho de comportarse como corresponde a su edad. Aunado a esto, los “expertos” nos dicen que dicha conducta es una muestra de desadaptación, etiquetan al niño como hiperactivo, y lo medican o nos recomiendan llevarlo a terapia. ¿Para qué? Para que resolvamos rápidamente nuestro “problema”. ¿Cómo? Con la pastilla, las gotas o las técnicas conductistas que el “experto” nos asegure son de efecto inmediato.
La realidad es que nuestros hijos son la mejor oportunidad que tenemos para conocernos a nosotros mismos, aceptarnos como seres imperfectos que tienen derecho a equivocarse y a fracasar de vez en cuando. Dejemos de exigir tanta seriedad, pulcritud, orden, inteligencia numérica y disciplina a nuestros hijos y aprendamos a dejarlos ser lo que son: niños.
En vez de querer que controlen esfínteres temprano, vayan al kinder temprano, hablen perfectamente y si es posible en más de un idioma temprano, hagan su cama temprano, duerman solos en su habitación temprano…..en pocas palabras……dejen de ser niños temprano; aprendamos más bien a desacelerar nuestro reloj y a dejar que la naturaleza haga las cosas según su propio y perfecto cronograma.
Dejemos de exigir tanto “éxito” y enseñemos que fracasar también se vale, de hecho es la mejor manera de aprender. Dejemos de exigir tanta pulcritud y orden y aceptemos que un poco de desorden es válido y nos hace humanos. Dejemos de exigir tanta autonomía, un poco de protección no mata a nadie. Dejemos de buscar tanto el “ser buenos padres” y aprendamos a disfrutar a nuestros hijos con sus defectos y virtudes.
Y los “expertos”……..dejemos de ofrecer fórmulas mágicas con soluciones inmediatas……la vida es para vivirla, no para pasarle de lado!!!!!!!!

Por Elvis Canino, a través de No me maltrates, soy un niño!

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Juguetes y estereotipos

Ayer comenté en FB que ya había comprado algunos de los regalos para los chicos para las próximas fiestas, entre ellos, un bebé waldorf y un juego de escobita y pala para Emma, y un juego de carpintero en miniatura para Joaquín.
Vivi, de Mamas y Bebes, me preguntaba si no eran elecciones muy esterotipadas, y hoy me envío éste artículo sobre los juguetes y los estereotipos.
No voy a negar que muchísimos juguetes de los niños están muy estereotipados: autitos, figuras de acción, pistas y cosas azules para los varones; barbies, bebotes, maquillajes y cosas rosas para las niñas.
Sin embargo, y si bien una primera apreciación de mi elección de los regalos para mis hijos puede parecer que los estereotipos me han envuelto también a mí, no hay nada más lejos de la realidad.
Mandar a Joaqui a un cole Waldorf me ha hecho alejarme de los estereotipos como jamás pensé que lo haría. Mi hijo hace pompones de lana, y los trae a casa orgullosísimo para que los veamos.
Nos cuenta con alegría que ya empezó a tejer en telar. Y de pronto, también nos sorprende contandonos que está aprendiendo a prender fuego en el horno de barro, o que usó el serrucho para hacer un portarretratos. En el cole de Joaqui la fantasía está a la orden del día, y niños y niñas juegan con seres imaginarios, hadas, duendes, caballeros, princesas y dragones.
Simplemente al elegir sus juguetes tuve en cuenta los intereses de cada uno de ellos en este momento, y también que sin duda compartirán el juego. Más de una vez Joaqui ha jugado con los bebés de Emma, haciendo el rol de "papá". Más de una vez Emma se ha sentado a jugar con los autitos de Joaqui. Joaqui se ha subido a mis zapatos de taco en más de una oportunidad. Emma su sube al autito y maneja por toda la galería. Joaquín juega con la cocinita (rosa, sí, no había otro color) de Emma. Emma juega con la pelota de Joaquín. Ambos comparten juegos en la casita de madera.
Sin embargo, actualmente el juego preferido de Emma es jugar a la mamá. Va para todos lados con un bebé en brazos. Y cuando Hernán o yo barremos, se nos cuelga de la escoba para ayudarnos. De hecho, tuvo secuestrada la escobita de su prima Clara durante más de dos meses... Entonces, porqué voy a privarla de algo que le divierte? No sería yo la que estereotipa si dejo de regalarle algo que le gusta, simplemente porque es un "estereotipo"?
Lo mismo con Joaqui. Disfruta muchísimo ayudando a su papá cuando tiene que hacer algo con las herramientas. Ya tiene unas de plástico, pero estas nos gustaron porque son DE VERDAD. En pequeñito, pero de verdad.
Y seguramente Emma también las usará cuando tenga edad para agarrar un serrucho sin cortarse o dar un martillazo sin golpearse. Y seguramente Joaqui jugará con el bebé waldorf y también barrerá con la escobita.
Creo que, si bien es cierto que debemos estar atentos para no caer en los estereotipos de las publicidades infantiles, también debemos estar atentos de no privar a nuestros hijos de juegos que disfruten, por un prejuicio de que tal vez los estaríamos estereotipando.
La línea es muy fina, verdad?
(Y hablando de estereotipos, mientras termino este post, Joaqui me pide para ver el dibujito animado de "Frutillitas" ;-))

martes, 19 de octubre de 2010

Desconectar para conectar

Muchas veces me ha pasado de estar mirando otros blogs, o incluso estar preparando una entrada para éste, y que mis hijos me llamen la atención.
A veces estoy tan ensimismada que (aunque me avergüenza contarlo) no me doy cuenta hasta que Joaqui o Emma directamente me apagan la computadora.
Muchas veces nos pasamos "conectados" a la pc, al celular, a FB, a Twitter, y no nos damos cuenta que lo más importante está sucediendo alrededor nuestro: cambiamos la VIDA VIRTUAL por la VIDA REAL.
Comparto con ustedes esta publicidad Tailandesa, para que reflexionemos y tratemos de encontrar el equilibrio, aprendiendo a disfrutar todo lo hermoso que tiene la vida.




martes, 12 de octubre de 2010

Con la mirada de un niño, por Yolanda Gonzalez


Publicado en la revista Mente Sana Nº 63.

Con la mirada de un niño. Educar desde el corazón

Mirar a un bebé suele despertar en el adulto sentimientos de ternura y protección.Contemplar cómo ríen y se mueven los pequeños es un espectáculo único que muestra las ricas potencialidades que encierran desde el primer despertar a la vida.La infancia es el mayor tesoro que posee la humanidad.Y,sin embargo,la interacción del adulto con cada niño puede favorecer o interferir en su desarrollo óptimo y saludable en función de muchos factores interdependientes.

Como sabemos,a lo largo de la historia han ido variando los modelos educativos y la forma de interacción con la primera infancia.Desde los más estrictos modelos autoritarios hasta los más permisivos,hay un gran abanico de variedades educativas que coexisten en nuestra sociedad actual.Pero más allá de las modas y los mmanuales educativos,necesitamos tener criterios coherentes y saludables para interaccionar con la primera infancia.

Necesitamos crear un puente de conexión entre el mundo adulto y el infantil que supere la visión tradicional del modelo adulto "yo sé,tú no sabes" y sustituirlo por el sano e infrecuente ejercicio de la empatía.Necesitamos observar y sentir a los más pequeños,sin prejuicios educativos,cambiando nuestra mirada para crear vínculos seguros y saludables.Efectivamente,el factor esencial durante la crianza y la educación es nuestra mirada,es decir,cómo interactuamos y el lugar desde el que nos relacionamos con ellos.Metafóricamente,podríamos mencionar dos tipos de mirada:la vertical y la horizontal.

En la mirada vertical,la más habitual,el adulto dirige desde arriba los pasos evolutivos del niño.Se considera que hay que "enseñar" al pequeño porque "no sabe".No solo se le enseñan normas sociales,también las funciones naturales como "dormir solos y de un tirón" (aunque reclamen a llantos a mamá),"comer de todo" (aunque no estén preparados),compartir (sin haber llegado a la etapa de la socialización)...Este hábito de "enseñar" todo-incluso las funciones naturales que están sujetas a procesos de autorregulación desvela el desconocimiento habitual de los ritmos madurativos y la descofianza en su capacidad de autorregulación.

La mirada horizontal,por su parte,aborda la infancia desde la empatía y el respeto por su proceso madurativo.El adulto se coloca a la altura del niño,acompañándole en su camino,con "ojos de niño",como señala tan gráficamente Franceso Tonucci,psicopedagogo y dibujante italiano.Mirar con ojos de niño significa comprender y sentir junto al niño;en términos de la teoría del apego,significa dar una respuesta empática y sensitiva,además de adecuada e inmediata,a las demandas emocionales del pequeño.

Hasta los tres años,los pequeños no entienden las explicaciones racionales.Solo esperan nuestra respuesta sensible a sus demandas para sentir que la vida es segura y merece la pena vivirla en nuestro regazo.Conocer su proceso evolutivo emocional,es decir,sus necesidades vitales y emocionales,es la clave esencial para acompañarles desde el respeto,la paciencia,la presencia emocional que requieren en los primeros seis años de vida,etapa en que se constituye el carácter y el vínculo seguro.Muchos sinsabores de la crianza y la educación son debidos al desconocimiento de cuándo,qué y cómo se puede pedir o esperar de un niño pequeño.No podemos esperar lo mismo de un pequeño de dos años que de otro de seis.

Las necesidades adultas y las infantiles son antagónicas por simple evolución madurativa.Ellos son pequeños e inmaduros;nosotros,adultos y supuestamente maduros.Ellos necesitan depender para crecer;nosotros,que crezcan rápido para que se independicen.Ellos necesitan de mamá o papá por la noche para sentirse seguros;nosotros,que duerman solos.Ellos necesitan jugar sin cesar como forma de aprender a vivir;nosotros,descansar después de trabajar.Y así un largo etcétera que coloca a los protagonistas de la historia en dos posiciones opuestas y,a veces,irreconciliables,salvo si recordamos que para crecer seguros y sanos,los niños necesitan satisfacer sus necesidades emocionales:que atendamos su llanto,que les ofrezcamos contacto corporal y que respetemos su ritmo madurativo.El pediatra y psicoanalista inglés Donald Woods Winnicott decía:"La fuerza o debilidad del yo del niño/a está en función de la capacidad del cuidador para responder adecuadamente a la absoluta dependencia del bebé en las primeras fases de la vida".

Si queremos hijos saludables,con vínculo seguro,en la primera infancia se encuentra la clave.Por tanto,somos los adultos los que podemos adecuarnos y amoldarnos a estas necesidades prioritarias de los primeros años -aunque implique algunas renuncias-,en lugar de tratar de adaptar a los pequeños a nuestro mundo adulto,con el consiguiente estrés y malestar para la primera infancia.Podemos superar la realidad de dos mundos opuestos estableciendo un puente de conexión a través de la empatía,de "sentir-con" ese pequeño que reclama nuestra atención y no entiende nuestras razones.Ellos son los pequeños;nosotros,los mayores.

Las emociones infantiles y las nuestras no son idénticas en cuanto a intensidad y capacidad de asimilación.Los menos de tres años sienten intensamente y no pueden relativizar sus emociones.El intelecto y la capacidad de racionalización adulta no están presente en esta etapa temprana del desarrollo en que están inundados de emociones,sin un filtro racional posible.Si mamá se va,por ejemplo,no valen las explicaciones verbales de buena fe como "volverá enseguida".Con menos de tres años,el niño llorará desconsolado,y solo parará por agotamiento o ante el regreso materno.No se trata de ningún déficit ni de que deban "aprender" algo para superarlo,simplemente necesitan tiempo de maduración para sentir y saber que si su figura de apego parte,volverá.

Es crucial comprender que las necesidades emocionales infantiles-de atención,afecto y presencia de la figura de apego-son legítimas y no responden a ningún capricho ni malcrianza.Malcriar es,contrariamente a la creencia popular,no responder con empatía a la demanda imperiosa de antención del niño,que,por otra parte,le trasmite la seguridad que necesita para su evolución posterior.Todavía existe el mito de que la infancia es el paraíso de la felicidad que perdemos según crecemos.Si pudiéramos recordar nuestra infancia,quizás aflorarían a nuestra conciencia momentos alegres,pero también otros que no lo son tanto.Seguramente sentimos soledad o incomprensión más veces de las deseadas;puede que experimentásemos el doloroso sentimiento de la humillación cuando nos acusaron injustamente de mentir,o recibimos un castigo doloroso..Recordando nuestra infancia es probable que comprendamos que no siempre fue esa etapa idílica en la que se afirma que los niños son felices porque no tienen obligaciones ni créditos que pagar.Crecer tampoco es fácil.Partir de nuestra experiencia puede ayudarnos a abandonar la mirada vertical y descender hasta la altura del niño,mirando a sus ojos y sus pequeñas manitas,en lugar de interpretar automáticamente cualquier comportamiento suyo sin pararnos a sentir su lógica emocional.

Podemos frenar la tendencia sistemática a interpretar que "no nos obedecen"-con el consiguiente y automático enfado-y detenernos a pensar que,quizás,están inmersos en su juego preferido y necesitan la complicidad paterna o materna para abandonarlo e ir a cenar,por ejemplo.Podemos cuestionarnos la interpretación social que impone reglas externas sobre lo que "debe" hacer un niño sin discriminar edades madurativas o que considera que atender a sus demandas afectivas es malcriar.

En lugar de pensar en términos de "enseñar",tratemos de observar su momento evolutivo y discernir si está preparado para integrar madurativamente un paso más en su desarrollo.Ese paso puede ser la escolarización,el control de esfínteres,el destete o cualquier logro madurativo.Y para ello,necesitamos "sentir-con" ese pequeño y estar formados-informados sobre su proceso evolutivo,y desde el enfoque de la salud,que no siempre coincide con las normas sociales.En lugar de invadirles con nuestros razonamientos lógicos,tratemos de empatizar con su momento emocional,utilizando siempre "su" lenguaje-que no es el nuestro-,que se basa en el juego y la complicidad,y que tiene su sede en la expresión corporal.

Busquemos alternativas creativas que sustituyan al omnipresente "no",que frustra tanto las necesidades afectivas como los caprichos,y provoca las conocidas rabietas.Se pueden lograr los mismos objetivos sin entrar en guerras innecesarias fomentando los acuerdos consensuados a partir de los tres añitos.Es mucho más gratificante y educativo el aprendizaje mutuo del arte de los acuerdos que imponer criterios que se alejan de su comprensión infantil.En lugar de interpretar cualquier comportamiento como desobediencia,tengamos presente que ellos viven bajo el dominio del placer y nosotros bajo el del deber.Lenguajes,nuevamente,antagónicos.

Juguemos para lograr nuestros objetivos,sin imponernos desde el intelecto.Intentemos formar seres humanos razonables y solidarios,en lugar de personas sumisas o rebeldes sin causa.Y,para conseguirlo,cambiemos nuestra mirada a la infancia mediante la empatía y el respeto por ese pequeño ser de hoy,futuro adulto del mañana.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Semana Mundial del Porteo: porqué llevo a mi bebé en brazos


Hoy empieza la semana mundial del porteo, babywearing o, en criollo, "llevar a tu bebé en brazos".
Quiero contarles un poco mi experiencia sobre el "portear" un bebé.
Con Joaqui descubrí la "kepina" cuando tenía unos 4 meses. Si bien la usamos bastante, hasta casi el año, también usó bastante cochecito.
Con Emma, en cambio, así como nunca armé una cuna, nunca armé un cochecito. Antes de que Emma naciera había leído experiencias con "foulard" o "africana", y había averiguado para hacerme mi propio foulard.
Desde que nació, me convertí en una verdadera "mamá canguro", a punto tal que a veces la gente pensaba que seguía embarazada, porque a la gorda no se le veía ni un pelo, toda acurrucada ahí dentro, en posición fetal, como si siguiera dentro de mi panza.
A medida que fue creciendo fuimos probando otros nudos: en sillita mirando hacia mí, de costado, en la espalda, y hasta sentada chinito mirando hacia adelante.
Desde que Emma nació (el sábado harán 2 años) hasta hoy solo una vez usó el paraguitas, porque había tenido que lavar el foulard, que se había ensuciado con chocolate, y justo llovió y no se había secado.
Tanto es así que la gorda ve un cochecito y para ella es toda una aventura subirse un ratito, como si se tratara de un triciclo, un autito o algo así.
Y los beneficios que yo he encontrado en el porteo son muchísimos:
- Cuando es un bebé recién nacido, duerme en el foulard y podés hacer mil cosas (lavar, tender la ropa, ordenar, barrer) porque tenés ambas manos desocupadas. Además, el movimiento los adormece todavía más.
- Se sienten seguros, calentitos, escuchan el latido de su mamá y sienten su olor. Esto ayuda a establecer mejor el vínculo mamá-bebé.
- Favorece la lactancia, ya que si tenés puesta ropa cómoda (o nada debajo del foulard, que perfectamente puede funcionar como camiseta) el bebé puede tomar toda la teta que quiera y soltar cuando esté satisfecho. Usando un foulard o una kepina podés amamantar con total y absoluta discreción.
- Es económico. Hacer un foulard no cuesta ni el 5% de lo que cuesta comprar un cochecito. Solo necesitás una tela de buen algodón en el color que quieras, de 0.7 de ancho por entre 4 y 5 metros de largo (depende de tu contextura física: más larga cuanto más alta o grandota seas), y practicar mucho los nudos.
- Es ecológico, ya que no se usan derivados del petroleo para hacer un foulard, y además la tela puede ser reciclada en sabanitas, ropita para muñecas o lo que se te ocurra cuando la dejes de usar.
- Es cómodo. No tenés que andar para todos lados cargando enormes trastos, abriendolos y cerrandolos. Podés llevar a tu bebé en foulard o kepina cuando das un paseo a pie, cuando vas en colectivo o tren, e incluso es mucho más cómodo poner un foulard o kepina en el bolso cuando vas en auto, que cargar con el cochecito en el baúl.
- Es ideal para ir a hacer compras, ya que el bebé está calentito junto a tu cuerpo, y tenés las manos libres para llevar el carrito y las bolsas de las compras.
- Podés adaptarlo a la edad de tu bebé, depende del nudo que elijas: en posición fetal para el recien nacido, con las piernitas afuera pero mirando hacia el porteador cuando son pequeñitos, en la espalda o al costado cuando empiezan a interesarse en lo que sucede a su alrededor, sentados chinito y mirando hacia el frente cuando ya se sientan solos.
Estos son solo algunos de los beneficios de hacer babywearing. Seguro que si lo practican, encontrarán muchos mas!

viernes, 1 de octubre de 2010

El maltrato verbal es violencia

Hoy, a través de una amiga de esa maravillosa red social que es Facebook, conocí una publicidad que, a pesar de ser argentina, y aparentemente ser del año pasado, no vi nunca en ningún canal ni de cable ni de aire.
Me pareció excelente, sobre todo para reflexionar, porque parece fácil criar con respeto y apego cuando nuestros niños son pequeños, pero a medida que crecen, y nos imponen mayores desafíos (sobre todo cuando son ellos mismos los que parecen desafiar nuestra paciencia), muchas veces nos salta el "automático", y decimos cosas terribles, de las que tal vez luego nos arrepentimos, pero que una vez dichas, quedan en sus cabecitas para siempre.
A veces resulta difícil ver a un niño de 6 años o más como un niño, pero en definitiva eso es lo que es: un niño pequeño. Aunque ya hable correctamente, camine, corra y salta, tenga independencia suficiente para comer, cambiarse, bañarse o ir solo al baño. Es un niño pequeño. Un niño que todavía nos necesita. Y necesita, sobre todo, nuestra comprensión, amor y paciencia.
Yo debo recordarlo más seguido. Y seguramente muchos de ustedes también. Y contar hasta un millón, si es necesario, y recordar como me sentía yo con esa edad cuando mis padres me trataban de "tonta", "inútil" o "pesada".
Para reflexionar...

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El pediatra que se opone a las vacunas y promueve el parto en casa



"NO PERTENEZCO A LA MEDICINA OFICIAL"

Aconseja a las mujeres que tengan a sus bebés en sus hogares con la ayuda de una partera. Está a favor de que las madres amamanten a sus hijos hasta los dos años y en contra de que los chicos reciban vacunas. El doctor Jorge Díaz Walker, premiado en el año 2001 como mejor médico del año, explica su controvertida postura.

por Raquel Roberti

publicado en la revista "Veintitrés"
(Bs. As.) 4 de Julio de 2002, págs. 78/79.

-¿Lo echaron de la sociedad de pediatría?
-Sí, hace cuatro o cinco años. Dije que la pediatría era un invento de Nestlé para sacarle la teta a los pibes y me echaron los perros.

-¿Qué piensa de las vacunas?
-Propongo no vacunar, pero que los padres elijan.

-¿Qué le recomienda a una mujer a punto de parir?
-Que dé a luz en su casa con una partera y un médico cerca.

-¿Lo premiaron como mejor médico del año 2001?
-Sí. Cuando me pidieron el curriculum pensé que después me iban a mandar una tarjeta de cien pesos para una cena.

Jorge Díaz Walker es un hombre afable, pero de definiciones polémicas que se apartan del discurso homogéneo de la corporación médica. Tiene 70 años y cuarenta de ejercicio profesional en los que, entre otras cosas, organizó el servicio de pediatría y el de asistencia materno infantil en Santa Cruz. Pero cuando dejó la Patagonia y volvió a Buenos Aires, en 1969, se encontró con que las mujeres ya no amamantaban a sus bebés y empezó su cruzada personal a favor de la leche materna. En 1974 fundo Ñuñu -en quechua: mamar o madre-, una asociación de mamás que ayudan y animan a otras para que den el pecho a sus hijos.
De esa asociación partió la iniciativa de ternarlo para el premio de mejor médico del año por los "valores humanitarios" que imprime a su actividad.
Díaz Walker recibió el galardón que otorga el Poder Ejecutivo el 28 de noviembre pasado.

-¿Hasta qué edad aconseja amamantar?
-Hasta los dos años, porque la leche materna es la única fuente de hierro, pero decide la mamá. Después propongo el desleche: no cambiar la leche materna por la leche vacuna, difícil de digerir. La gran mayoría opta por la leche de soja. Y desde que cortamos los lácteos en las madres de ñuñu que amamantan nos olvidamos de las bronquitis y los nebulizadores para los pibes. La leche de vaca es alergénica y la mayor productora de moco. Tiene componentes diferentes a la humana y la madre genera anticuerpos pero la pelea se desarrolla en el chico.

-¿Los lácteos no son importantes para fortalecer los huesos?
-La leche de vaca no osifica al humano, osifica al ternero en un lapso de dos o tres años y nosotros tardamos más de veinte en alcanzar el mismo nivel de osificación. El problema no es el calcio sino los descalcificantes, como los ácidos fosfóricos presentes en la mayoría de las gaseosas. Todos recordarán aquella prueba de echar gaseosa sobre tornillos oxidados para poder sacarlos; imagine lo que ocasiona en un diente.

-¿Recibe presiones de algún sector?
-No. Soy un mosquito que no pica. Los laboratorios simplemente no me visitan más. Ahora soy médico de niños y eso me beneficia porque no me obliga a pertenecer a la medicina oficial o hegemónica. En la Argentina hay poca legislación de salud pública, hay directivas del ministerio que se convierten en obligaciones para el poder médico que, en países agrícola-ganaderos como el nuestro, se alía con el poder de turno. Por eso, cuando no tienen nada que hacer, vacunan.

PARTO NATURAL.

La postura de Díaz Walker antes las vacunas (ver aparte) no es la única que genera polémica. También promueve el parto natural: sin intervencionismo médico, sin anestesia ni episiotomías o cesáreas innecesarias. Dice que es una de las cosas que aprendió en ñuñu, escuchando a una madre hablar de su parto en el hogar. Las que estaban embarazadas se interesaron y empezaron a trabajar en el proyecto: "Nacer mejor", que propone el parto en casa con partera, médico a mano y que cada mujer elija la posición que le resulte más cómoda para parir: sentadas, de cuclillas, parada o arrodillada.
"El parto es un hecho natural que se ve alterado por la medicalización y, muchas veces, termina en una cesárea que no hubiera ocurrido si se dejaba seguir el curso normal. Sólo dos de cada cien cesáreas son necesarias: las restantes son provocadas por la impericia de los médicos", afirma Díaz Walker. La Argentina es uno de los países con mayor índice de cesáreas: 25 por ciento de los nacimientos en hospitales públicos y 50 por ciento de los que ocurren en instituciones privadas son por esa vía, según las estadísticas nacionales de 1998. El doble de lo que considera aceptable la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En 1999, Cindy Crawford decidió parir en su casa con la ayuda de su marido, una comadrona y una enfermera. Antes, Pamela Anderson y la modelo Stella Tennant habían tomado la misma decisión. De a poco aumentan los países que incluyen en sus servicios de salud a parteras, pediatras y una ambulancia para atender los nacimientos hogareños. El sistema, criticado y temido por muchos, da excelentes resultados cuando se encara con profesionalidad, como en Holanda y Japón: la tercera parte de los partos se realiza en el hogar, tienen las tasas más bajas de mortalidad materna y porcentajes muy reducidos de cesáreas.
Para Díaz Walker, las estadísticas europeas indican que es posible manejar los partos riesgosos en el hospital, sin internar al 95 por ciento restante de las mujeres. "Al estar en la casa, la mujer puede dar a luz en un ambiente familiar, elegir la gente que la atienda, hacer cosas que la conformen o animen. Y después del parto, puede descansar a su manera, comer lo que quiere y relacionarse con su hijo sin los obstáculos que ponen las instituciones", dice el médico, quien confía en que si "cambiamos la forma de nacer, cambiaremos la forma de vivir".

NO A LAS VACUNAS

Díaz Walker aconseja no vacunar a los chicos porque "el organismo recibe un virus, un tanto idiota por efecto de las manipulaciones, que va a generar defensas contra la enfermedad que provoca, pero además recibe el medio donde se crió ese virus (embrión de pollo o riñón de mono). De modo que las vacunas tienen proteínas y virus de esos animales, además de sales de aluminio, antisépticos mercuriales y antibióticos que pueden afectar el funcionamiento renal".

-¿Cómo se vive sin las vacunas en esta realidad?
-Pregúnte a los laboratorios, que ofrecen "beneficios adicionales" a los médicos por recetar vacunas no obligatorias. Ningún hecho médico ha prolongado la vida en forma significativa, excepto lavarse las manos antes del parto.

-¿Qué pasa con un chico no vacunado en un ámbito como el colegio?
-¿Conoce a algún rico que haya muerto de sarampión?
La única vacuna obligatoria debería ser contra la pobreza. Lamentablemente, todavía no existe.

Extraído de UVA

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails