Mostrando entradas con la etiqueta Control de esfinteres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Control de esfinteres. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de mayo de 2011

CE: Primeros 5 días, ALUCINADA!!


No hay una palabra para definirlo mejor: estoy ALUCINADA con la Comunicación de la Eliminación, Higiene Natural Infantil o como quieran llamarla!!
Escuché hablar por primera vez de CE hace unos 3 o 4 años, en un foro muy respetuoso de mamás. En ese foro, se hablaba de que la CE no era otra cosa que un entrenamiento: de la misma forma en que entrenas a un perrito con papeles de diario para que haga sus necesidades en determinado lugar, la CE no era otra cosa que entrenar a un bebé que, lógicamente, aún no controla esfínteres, para hacer sus necesidades en un determinado lugar y en determinados momentos. En aquel momento estuve de acuerdo con esta postura, que por supuesto nos parecía poco respetuosa a las necesidades del niño, y no investigué más sobre el tema.
Hasta que dos amigas virtuales, Emma de Canadá (creadora del grupo de FB "Informed Choice: Birth and Beyond" y de la página "Human Milk for Human Babies") y Laura de Familia Natural empezaron a practicar CE. Me llamó la atención que dos personas que se caracterizan por ser tan respetuosas decidieran usar este "método de adiestramiento", así que empecé a charlar del tema con Laura, a mirar las fotos que posteaba Emma sobre como les iba, y a investigar sobre CE.
Así fue como me dí cuenta que en realidad no se trata de adiestramiento, sino de "comunicación": estar atento a las necesidades de nuestro hijo y adelantarse a ellas. Así como una se da cuenta de las primeras señales de hambre de nuestro bebé y ofrece el pecho antes de que lo pidan a gritos, esto se trata de detectar las señales que nuestro bebé hace antes de hacer pis o caca y adelantarse a ellas, quitando el pañal y sosteniendo al bebé sobre un orinal o sobre el lavatorio.
En general, en la sociedad occidental estamos acostumbrados a no prestar atención a las señales que los bebés dan antes de hacer sus necesidades, y por eso ignoramos completamente que estas existen. Pero allí están: solo hace falta un poco de paciencia, empatía y comunicación para empezar a detectarlas.
Así es como se hacía antes de que existieran los pañales, y como se sigue haciendo en algunas culturas Africanas y Asiáticas. Porque seamos sinceros: a quien le gusta ir con un pañal lleno de pis y caca por la vida? (por más geles y dibujitos lindos que tenga).
Tal vez, como todo, decidirse a hacer CE requiere haber dado algunos pasos anteriores, por ejemplo haberse planteado o haber usado pañales de tela: son cosas que van de la mano con la ecología y el cuidado del medioambiente. Aunque también hay mamás occidentales que practican CE como primera opción.
Pero ese no fue nuestro caso: creo que el uso de pañales de tela con Emma fue un paso previo y que me guió para decidirme a probar CE.
Aún estoy tratando de detectar señales, pero por lo pronto ya estoy alucinada con los resultados que hemos tenido en estos primeros 5 días.
El primer día, apenas le saqué el pañal a Maite por la mañana, la puse en el lavatorio e hice un sonido "pshhhhhh": a los dos segundos empezó a hacer pis. Y así ha sido todas las mañanas desde entonces. Ese día la tuve bastante tiempo desnudita, sobre una toalla arriba del cambiador o encima mío, pero no detecté ninguna señal distintiva antes de que hiciera pis y/o caca.
El segundo día fue bastante parecido al primero.
El tercer día, como estuvimos haciendo bastantes trámites y entrando y saliendo mucho de casa, la tuve casi todo el día con descartables. Pero cada vez que llegábamos a casa se los sacaba y la llevaba al lavatorio. Aunque suene increíble, hizo pis y caca todas las veces que la puse en el lavatorio!! Por supuesto, el pañal estaba mojado, ya que la idea no es que controle esfínteres (que controlará a los dos años o más, cuando esté lista, como todos los niños) sino adelantarme yo a esa necesidad de evacuar.
Ayer a la madrugada (cuarto día) a las 6 de la mañana empezó a ponerse inquieta, lloriqueaba, se movía, y yo, medio dormida, trataba de darle pecho y ella alejaba la cara. En eso siento que se tira un pedito, y ahí me dí cuenta que tal vez quería ir al baño. Me levanté, le saqué el pañal y la puse en el lavatorio: enseguida hizo pis y caca!! Por supuesto, nos desvelamos las dos, así que nos sentamos en otra habitación a tetear tranquilas, mientras Hernán levantaba a Joaqui para ir a la escuela.
Y hoy, quinto día, a la misma hora (6 de la matina) exactamente lo mismo!!
Y hace un rato, se puso inquieta otra vez, la llevé al baño y volvió a hacer!!
Por supuesto aún no detecto todas las señales. Si está dormida, no veo ningún patrón que me indique que quiere hacer pis o caca. Pero en general, estos dos últimos días agarré casi todas las cacas que hizo en el día, excepto una o dos!! Y no queda más que pensar que ya iré detectando "patrones" de a poco, ya que para mí esto es completamente nuevo y es Maite la que tendrá que enseñarme, para lo cual yo debo estar atenta y receptiva.
Y para Maite, es cero presión, todo lo contrario, pareciera que supiera que si lloriquea la voy a llevar al baño, y que le gustara más hacer allí que en el pañal (y tiene lógica, no?).

lunes, 9 de mayo de 2011

2 semanas: teta a demanda, Fei respetuoso y CE


Maite cumplió el sábado dos semanas de vida.
El viernes la llevé a la pediatra. Engordó 430 grs. en la ultima semana!! 630 grs. desde que nació!! Está con un poquito de mocos, pero sana y felíz con su teta a demanda. Come tanto que luego siempre termina devolviendo un poquito, porque se llena a más no poder. Y yo tengo los pechos tan llenos, que me estoy sacando leche y guardándola para cuando vuelva al trabajo. Hernán se ríe, dice que podría alimentar trillizos. Que sabía que es la naturaleza!!
El miércoles pasado le hicimos el FEI, el estudio para descartar enfermedades metabólicas como la Fenilcetonuria. Vino Mariana Gimenez, una bioquímica que me recomendó Raquel, a hacérselo a casa.
Con Emma sufrimos mucho cuando se lo hicieron. Fuimos al laboratorio de la Suizo, y si bien me permitieron tenerla en brazos, le exprimieron el talón como si fuera un limón, y la pobre gorda lloró desconsoladamente durante y después... Yo no quería que Maite pase por lo mismo, y por eso decidimos hacerlo en un ambiente más tranquilo, en casa, con Mariana, que es una divina.
Apenas llegó, se presentó no solo conmigo, sino con Maite, explicándole quién era, y qué le iba a hacer y porqué. Le puso agua tibia en el talón para que la sangre irrigara mejor, le avisó cuando iba a pincharla... Maite lloró, pero la puse al pecho y, si bien tenía gesto de dolor, no se quejó mas y se quedó dormida. Si bien tuvo que pasar el mal rato, fue una manera mucho más respetuosa y contenedora de hacer el estudio.
Por otra parte, hoy empezamos a probar el llamado "método sin pañal", "control temprano de esfínteres", "comunicación de la eliminación (CE o EC por sus siglas en ingles) o "higiene natural infantil"...
Durante algún tiempo, pensé que este "método" era una forma de adiestramiento, pero luego de ver a madres sumamente respetuosas como Emma Kwasnicka, Laura de Familia Natural y Mónica de Familia Libre, practicando este método, empecé a investigar un poco y decidí hacer la prueba.
Por lo pronto, puse un rato a Maite desnudita sobre una toalla. A los 5 minutos se puso inquieta e hizo un pichín. Ahora hace unos 40 minutos que la tengo durmiendo a upa, con un pañal de tela y una bombachita también de tela, y se hizo pis hace un ratito, mientras tomaba el pecho.
La idea por ahora es ver si puedo detectar "patrones" (gestos, muecas, ruidos) para poder adelantarme a su necesidad de hacer pis y caca. Ya les iré contando si nos resulta y qué tal vamos.

jueves, 27 de enero de 2011

Dejando los pañales?


Si bien Emma es aún pequeña (2 años) y no tenemos apuro alguno, ya está incursionando en el intento de dejar los pañales, y con bastante éxito, debo decir.
Ella solita empezó, un día, a identificar el momento en que hacía pis, a pesar de que seguía haciendo en el pañal. Yo supongo que, gracias a los pañales de tela, siente un poco más la sensación de "estar mojada" que con los descartables, y por eso empezó a identificar el momento de hacer pis tan pronto.
Como estamos en verano, aproveché para empezar a dejarla mas tiempo desnuda. Se necesitaron muy pocos días para que se negara rotundamente a ponerse pañales, se los sacara sola y hubiera que correrla por toda la casa para convencerla de ponerse el pañal nocturno (que no pienso retirar por el momento).
Hace ya casi un mes que practicamente está sin pañales, y me sobran los dedos de una mano para contar los "accidentes". Es cierto que muy pocas veces ha pedido ella para ir al baño, la mayoría de las veces yo le pregunto si quiere ir, dice que sí y se sienta en su pelela, y dice que no, en cuyo caso le vuelvo a preguntar al rato (a no ser que hayamos tenido algún "accidente" en el medio).
Incluso salimos sin pañales, y hasta ahora, estando fuera de casa, solo una vez se hizo pis encima, en lo de mi cuñada, y porque estaba super divertida y no quería saber nada con ir al baño.
La caca ya es otra historia. Avisa cuando está haciendo o cuando ya se hizo, y encima esta en una etapa de apego profundo con sus necesidades escatologicas: no quiere saber nada de limpiarse.
Pero, aunque me gustaría que deje los pañales ahora, para no tener dos niños con pañales en unos meses, la realidad es que no tenemos apuro alguno.
Soy consciente de que, aún en el caso de que deje los pañales, puede que vuelva a necesitarlos cuando nazca el bebé, o cuando llegue el invierno. Y si es así, no hay ningún problema, volveremos a ponerlos y listo!
De hecho, Joaqui tuvo un mini intento de dejar los pañales a los 2 años (aunque no fue tan marcado como está siendo el de Emma), y finalmente los dejó un año después, sin traumas ni complejos (de hecho dejó el de día y de noche casi al mismo tiempo, con apenas unas semanas de diferencia).
Y con el bebé en camino, me estoy planteando seriamente intentar la Comunicación de la Eliminación, aunque ese será motivo de un post aparte.

Edito para agregar lo siguiente:
Me quede pensando, luego de publicar el post, algunas cosas que son importantes tener en cuenta:
1- "Dejar" el pañal no es lo mismo que "sacar" el pañal. Yo a Emma la dejo desnuda, pero si pide pañal (lo que hasta ahora no ha sucedido) se lo pondré de inmediato. Al dejar el pañal, es el niño el que marca el ritmo, cada uno a su edad, y a cada uno le llevará el tiempo que necesite. Al sacar el pañal, es el adulto el que marca el tiempo al que, sin remedio, el niño debe ajustarse, esté preparado o no, lo que genera ansiedad en el adulto y presión en el niño.
2- Como dije antes, cada niño es distinto, y no hay obligación alguna de que a los dos años deban dejar los pañales (si bien esta parece ser la "norma general" que la sociedad parece dictar). Algunos niños lo harán a esa edad, y otros no se encontrarán listos hasta los 4 años o un poco más. Y es perfectamente normal a cualquiera de estas edades.
3- Al ser un aprendizaje, es lógico que el niño no deje de un día para el otro, que se olvide, que tenga escapes, o que controle por ejemplo el pis pero no la caca, o controle de día pero no de noche. Hay que tener mucha paciencia.
4- Dejar el pañal es un proceso neurológico que cada niño debe hacer cuando esté listo. Y lo más importante: no es un proceso lineal. Al contrario de lo que comunmente se dice, de que no hay que volver a poner los pañales una vez que el niño ha estado sin ellos, esto no es así. Como adultos, debemos ser flexibles y respetuosos. Si nuestro hijo necesita volver a usar el pañal, no pasa nada por volver a ponerlo. Al igual que caminar, hablar, etc, todo niño sano dejará los pañales cuando esté listo para hacerlo.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Comercial de Huggies

Hace un tiempo que han aparecido, sobre todo en Discovery Kids, una serie de comerciales de los pañales Huggies que cuentan diferentes situaciones de la maternidad.
Aquí tienen uno de ellos:


Como se podrán imaginar, estoy absolutamente en contra de este comercial.
Les pongo a continuación el mail que envié a la empresa, y si coinciden conmigo, los invito a hacer lo mismo:
Les escribo a fin de manifestarles mi profunda disconformidad con el comercial "Aprendiendo juntos", en el que se ve a una madre cansada de acunar a su hijo, y que lo deja en la cuna, mientras el bebé llora, diciendo "al principio será dificil, PERO YA SE ACOSTUMBRARÁ".

En primer lugar, dejar a una criatura de pocos meses llorando sola configura MALTRATO, ya que está científicamente demostrado que produce en el niño daños neurologicos irreparables, inseguridad, agresión, etc (ver "Dormir sin lagrimas", de Rosa Jove, neuropediatra española), además de resultar antinatural para la especie humana y una costumbre puramente occidental que se ha desarrollado fundamentalmente en los ultimos 200 años (ver "Besame mucho, como criar a tus hijos con amor", del pediatra español Carlos Gonzalez).

Mediante este comercial se brinda un falso mensaje, haciendoles creer a las madres que está bien que el niño duerma solo, y lo que es peor QUE ESTA BIEN NO ACUDIR A SU LLAMADO.
Cabe destacar, ademas, que acudir al llamado de nuestros hijos no solo les brinda seguridad, sino que además, al igual que la lactancia materna, el apego los protege de enfermedades, por ejemplo del SIDS (podran apreciar que no existen datos de SIDS en brazos de los padres, todos los casos son de MUERTE EN LA CUNA).

Les sugiero leer más bibliografía al respecto ("El concepto del continuum", de Jean Liedloff; los libros de la terapeuta argentina Laura Gutman, "Atachment Parenting" del Dr. Sears, así como los libros mencionados ut supra.)

Los invito a ver, además, el comentario negativo que ha recibido ese comercial en la pagina Bebes y mas: http://www.bebesymas.com/2008/11/20-ya-se-acostumbrara

Por ultimo, les copio textualmente la ponencia de la Dra. Monica Tesone en el ultimo congreso de pediatría:

11º Congreso Argentino de Pediatría Social
6º Congreso Argentino de Lactancia Materna
1 al 4 de octubre de 2008
S e d e s : Centro de Docencia y Capacitación Pediátrica “Dr. Carlos A. Gianantonio” y Palais Rouge
Ciudad de Buenos Aires
_____________________________________________________________________________________________
Mesa Redonda: Controversias en Lactancia Materna
Tema: Consecuencias psicológicas del colecho
Autor: Lic. Mónica Tesone
Fecha: 2 de octubre de 2008
Los estudios científicos demuestran que dormir solos no tiene beneficios.
No produce independencia, competencia social, sentimientos de autoestima, capacidad de enfrentar el stress, ni mayor identificación sexual.
Por el contrario está demostrado que el colecho aumenta la independencia y mejora el desarrollo psicológico de los niños.
Un estudio de Lewis and Janda concluye que los chicos que nunca durmieron con sus padres eran más difíciles de controlar y menos felices, tenían más berrinches, y eran más miedosos que los que siempre durmieron en la cama de sus padres.
Las conclusiones de un estudio de Crawford son que los varones que colecharon con sus padres tenían mas alta autoestima, experimentaban menos culpa y ansiedad y tenían sexo con más frecuencia. Y en las mujeres el colecho se asoció con menos incomodidad con el contacto físico y en relación al afecto cuando eran adultas.
El colecho entre otros efectos fisiológicos tambien mejora la estabilidad respiratoria, la oxigenación, la termorregulación, provoca despertares sincronizados con la madre, disminuye las fases profundas del sueño, aumenta la prevalencia y duración de la Lactancia Materna y la producción de leche, y aumenta las horas de sueño de las madres que amamantan.
Por el contrario la separación precoz puede producir modificaciones importantes en la predisposición al sufrimiento de patologías inducidas por el estrés, ya que el estrés y por consiguiente el elevado nivel de cortisol, es capaz de matar neuronas de los cerebros en formación de los bebés.

Espero que retiren pronto ese comercial, y sería genial que la proxima vez lo enfoquen en el bienestar de los bebés, en lugar de la comodidad de los padres.

Atentamente,

Josefina Schatz

sábado, 23 de agosto de 2008

Cuándo y cómo quitar los pañales

Extraído del libro "Besame Mucho", de Carlos Gonzalez - pag. 243

Muchas veces se habla de «aprendizaje del control de esfínteres» y eso deja a los padres vagamente intranquilos. Porqué, aparentemente, un aprendizaje requiere una enseñanza. ¿Quién y cómo ha de enseñar al niño a controlar sus esfínteres, sea eso lo que sea?
Pues no, aprender a no hacerse pipí encima, lo mismo que aprender a caminar, a sentarse o a hablar, son cosas que no requieren estudio ni enseñanza. Existen niños de diez años y también adultos que no saben leer o que no tocan el piano porque nadie les enseñó. Los padres tienen que hacer algo (enseñar a su hijo o buscarle un profesor o una escuela) si quieren que aprenda esa y muchas otras cosas. Pero no hay niños de diez años que no sepan caminar, sentarse o hablar, o que se hagan pipí encima (despiertos). Todos los niños sanos (y buena parte de los enfermos) controlan perfectamente el pipí (de día) y la caca a los cuatro años o bastante antes.
Por lo tanto, la pregunta no es «¿qué tengo que hacer para que mi hijo aprenda a usar el retrete?», pues haga usted lo que haga, tanto si lo hace todo «bien» como si lo hace todo «mal», o incluso aunque no haga nada de nada, su hijo aprenderá.
La pregunta es «¿qué puedo hacer para que mi hijo no sufra mientras aprende a usar el retrete?» Y la respuesta es «más vale que no haga nada». O que haga lo menos posible.
Cuando los padres hacen algo, cuando sientan al niño a ciertas horas en el orinal, cuando le obligan a estar sentado hasta que hace algo, cuando le riñen si se lo hace encima, a la larga el niño aprenderá también a ir al retrete, pero será desgraciado en el proceso (y sus padres también). En casos extremos, es probable que ciertas «enseñanzas» desafortunadas puedan retrasar el aprendizaje o producir en el niño un rechazo a defecar que se convertirá en estreñimiento.
Pero si no le quitamos nunca el pañal, ¿cómo aprenderá? ¿No seguirá llevando pañal toda la vida? Lo dudo. No conozco a nadie que haya hecho la prueba; pero sospecho que, incluso si los padres no tomasen nunca la iniciativa, todos los niños acabarían por arrancarse el pañal ellos mismos. Nadie va con pañal por la calle a los quince años. Pero el caso es que los pañales cuestan dinero y cambiarlos cuesta un esfuerzo, y casi todos los padres hacen, antes o después, un esfuerzo para quitar el pañal a sus hijos.
En principio, eso no debería traer ningún problema. El pañal es algo totalmente artificial, un invento relativamente reciente que no busca la comodidad del niño, sino la de sus padres.
Los niños no necesitan pañal. Muchos padres le quitan a su hijo el pañal en verano y que sea lo que Dios quiera. Incluso antes del año, cuando saben que es imposible que el bebé controle el pipí y la caca de forma voluntaria. Para hacerlo, por supuesto, es conveniente no tener alfombras ni moquetas en casa, y es necesario estar dispuesto a fregar cualquier rincón en cualquier momento, sin el menor reproche. Así se ahorra el niño algunas escoceduras por el calor y los padres mucho dinero en pañales. Al final del verano, si (como era de esperar) el niño se lo sigue haciendo todo encima, se le vuelve a poner el pañal y tan contentos.
En el primer verano después de los dos años, cuando de verdad hay alguna esperanza de cambio, los padres pueden explicarle al niño lo que se espera de él: «Cuando tengas ganas de hacer pipí o caca, avisa. » Pero, por supuesto, no se harán pesados preguntando cada media hora (basta con que lo expliquen una vez en junio o, como mucho, cada quince días), ni lo sentarán en el orinal cuando no lo ha pedido, ni le reñirán o criticarán ni se burlarán de él por los escapes o por las falsas alarmas, ni mostrarán impaciencia. Puede ser útil preguntarle si prefiere usar el retrete, como papá y mamá, o un orinal (y que elija el que más le gusta) o un adaptador para el retrete. Mientras no haya un mínimo control, es prudente ponerle el pañal para salir a la calle.
Algunos niños logran el control en este verano, otros en el siguiente. Algunos, por supuesto, alcanzan la madurez entre medias y piden que se les quite el pañal en invierno («¿Estás seguro?» «Sí. » «Bueno, vamos a hacer la prueba. ») Quitar el pañal, decíamos, no habría de traer ningún problema, pero a veces lo trae. Incluso sin obligarles, sin reñirles, sin ponerse pesado y sin hacer comentarios ofensivos, algunos niños se niegan a que les quiten el pañal. Están tan acostumbrados a llevarlo, que no se imaginan la vida sin él. Explíquele a su hijo que no importa que se haga pipí o caca en cualquier sitio, que no se va a enfadar. Pero si a pesar de todo le pide un pañal, póngaselo sin rechistar.
Al fin y al cabo, la idea no fue suya; fueron sus padres los que decidieron ponerle pañal cuando nació y no es culpa del pobre chico si se ha acostumbrado. Es posible que un niño que al año y medio se dejó quitar el pañal, se niegue a los dos años y medio. No insista, no atosigue, simplemente dígale: «Bueno, cuando quieras que te lo quite, avisa», y ya está.
Algunos niños están contentos de ir sin pañal, pero se sienten incapaces de usar el orinal. Notan que van a hacer algo, avisan, pero no quieren sentarse en ningún sitio. Quieren el pañal. A veces, durante una temporada, hay que ponerles un pañal cada vez que han de hacer pipí o caca. A algunos, que juegan desnudos en la playa, hay que ponerles un pañal para que hagan pipí. No se asombre, no se queje, no se ría. Póngale el pañal sin discutir, que ya falta bien poco. Algunos niños, más tímidos, no se atreven a pedir el pañal, pero tampoco a usar el orinal, e intentan retenerse lo más posible.
Algunos llegan a sufrir estreñimiento. Si observa que su hijo deja de hacer caca cuando le quitan el pañal, pruebe a ponérselo otra vez (incluso si no lo ha pedido).
No es malo volver a usar el pañal después de unos días o meses sin él. No es un paso atrás ni un retroceso, ni le hace ningún daño al niño. A no ser, claro, que él se niegue.
Nos vamos ahora al otro extremo, al del niño que no es capaz de controlarse, pero insiste en que le quiten el pañal o en que no se lo vuelvan a poner si se lo habían quitado en verano.
Como siempre, es importante hablar con el niño y ser respetuoso. Si sólo hay fallos ocasionales, es mejor hacerle caso. Si el control es nulo, tal vez pueda convencerle de que se lo deje poner. Pero si se niega en redondo, si llora para que no le pongan el pañal, si lo vive como un fracaso o una humillación, es mejor también hacerle caso, tal vez intentar llegar a una solución de compromiso («puedes ir sin pañal por casa, pero si salimos a pasear te lo has de poner»). A veces hay que renunciar a salir de casa durante unas semanas para no tener un drama, lo que no deja de ser una lata. Por eso es importante no ponerse pesados con el asunto, no lanzar indirectas y puyas, que nadie le vaya diciendo al pobre niño «qué vergüenza, tan mayor y con pañales», «a ver si aprendes a ir al retrete de una vez», «si te lo vuelves a hacer encima, te tendré que poner pañales como a una niña pequeña» y otras lindezas. Nunca hay que hablar así a un niño, ni en este tema ni en otros.
Todos los niños normales saben controlarse de día, sin necesidad de enseñarles nada. Si su hijo se sigue haciendo caca o pipí encima después de los cuatro años (salvo algún accidente muy de tarde en tarde con el pipí), consulte al pediatra.
Cuando hay problemas, con frecuencia son de origen psicológico (a veces debido precisamente a intentos de «enseñarles» a usar el orinal por las malas y otras veces, manifestación de otros conflictos o de celos). En algunos casos, la defecación involuntaria (encopresis) es consecuencia del estreñimiento: se forma una bola que irrita la mucosa rectal y produce una falsa diarrea. El niño no lo hace a propósito, y las burlas y castigos no harán más que empeorar el problema.
Pero las noches son muy distintas. Aunque muchos niños pueden dormir secos a los tres años, otros muchos se hacen pipí en la cama (enuresis nocturna) hasta la adolescencia o incluso toda la vida. Durante la Primera Guerra Mundial, el 1 por ciento de los reclutas norteamericanos fue declarado no apto para el servicio por enuresis. La enuresis nocturna casi nunca tiene causa orgánica o psicológica, sino que depende de la maduración neurológica y de las características genéticas (va por familias).
Algunos niños consiguen no hacerse pipí en un día especial (por ejemplo, en casa de un amigo), a costa de pasar la noche prácticamente en vela. Por supuesto, no pueden hacerlo muchos días seguidos. Por desgracia, algunos padres no comprenden el enorme esfuerzo que han hecho y se lo echan en cara («en casa de Pablo bien que espabilaste, pero aquí no te preocupas, claro, como estoy yo para lavar sábanas»). Este tipo de comentarios, además de cruel, es falso. Hace poco, una madre comentaba en un foro de Internet que su hija de siete años se hacía pis en la cama. Otra madre le contestaba así:
Yo estuve haciéndome pis hasta los dieciséis años, y peor que me sentía y más acomplejada que nadie... Me tiraba las noches en vela para no mojar la cama, y en cinco minutos que el sueño me rendía, me hacía pis; estaba desde el medio día sin beber nada, era horrible, y seguía haciéndome pis; me levantaba por la noche a lavar mis sábanas para que no se enteraran... No la regañes, no la responsabilices, es una enfermedad, de pronto un día dejé de hacérmelo. Mi hijo mayor se hizo pis hasta los trece años...
Quisiera explicar aquí una anécdota, en homenaje a un gran pediatra japonés, el Dr. Itsuro Yamanouchi, de Okayama. Visité su hospital en 1988, y me fascinó aquel sabio humilde que seguía atendiendo consultas externas de pediatría a pesar de ser director de un gran hospital. Le acompañé una tarde en su consulta, y él me explicaba en inglés lo que ocurría.
—Este niño tiene seis años, y se hace pipí en la cama. Le he explicado a la madre que eso es normal, que no hay que hacer nada, y que yo me hice pipí hasta los siete años.
—¡Qué casualidad! —respondí en mi inglés vacilante—. Yo también me hice pipí hasta los siete años.
El Dr. Yamanouchi se apresuró (para mi sorpresa) a traducir mis palabras, y la madre me miró con más sorpresa aún y se deshizo en reverencias y agradecimientos.
Un rato después, otra madre, mientras escuchaba las palabras del médico, me miró también con asombro y me hizo otra reverencia.
—Este niño de diez años también se hace pipí en la cama.
Le he explicado a la madre que yo me hice pipí hasta los once años, y tú hasta los siete.
—Pero... ¿no me dijo usted que también se había hecho hasta los siete?
—Bueno —sonrió el Dr. Yamanouchi—, yo siempre les digo un año más.

domingo, 22 de junio de 2008

Esfínteres: control y autoritarismo

Extraido del sitio de Laura Gutman: www.crianza.com.ar


Si estuviéramos en una isla desierta con nuestros niños, y contempláramos al bebé humano, con la misma celeridad con la que observamos a los animales, constataríamos que el control de esfínteres real se produce mucho más tardíamente de lo que nuestra sociedad occidental tiene ganas de esperar. Lamentablemente, en lugar de examinar cuidadosamente cómo suceden las cosas, elaboramos teorías que luego pretendemos imponer esperando que funcionen.

Hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, con lo que este tema se ha convertido en todo un problema. Si observáramos sin prejuicios el proceso natural, estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro años. ¡Qué importa!

Sin embargo los adultos -sin pedir permiso a los niños- ¡Les sacamos los pañales mucho antes! Esto significa que les arrebatamos el sostén, la contención, la seguridad, el contacto, el olor, agregándoles la exigencia de una habilidad para la cual no están aún maduros. Que el niño nombre “pis” o caca” no significa que cuente con la madurez neurobiológica para controlar dicha función.

Sacar los pañales porque “llegó el verano”, decidir que ya tiene dos años y tiene que aprender, responde a la incomprensión de la especificidad del niño pequeño y de la evolución esperable de su crecimiento. Cabe preguntarnos porqué los adultos estamos tan ansiosos y preocupados por la adquisición de esta habilidad, que como otros aspectos en el desarrollo normal de los niños, llegará a su debido tiempo, es decir cuando el niño esté maduro.

Controlar esfínteres no se aprende por repetición, como leer y escribir. Se adquiere naturalmente cuando se está listo, como la marcha o el lenguaje verbal.

Ahora bien, si no estamos dispuestas a rendirnos ante la sabiduría del tiempo interno de cada niño, las mamás lucharemos contra los pis que se escapan, las bombachas y calzoncillos mojados, las sábanas y colchones al sol, los pantalones interminables para lavar, mientras acumulamos rencor, hastío y mal humor en la medida que creamos que nuestros hijos “deberían haber ya aprendido”. En cambio, si dejamos a los niños en paz, después de los tres años, o cerca de los cuatro años, (sin olvidar que cada niño es diferente) simplemente un día estará en condiciones de reconocer, retener, esperar, ir al baño, sin más trauma y sin más vueltas que lo que es: controlar con autonomía los esfínteres.

A mi consultorio llegaron durante años niños con problemas de enuresis de 5, 6, 7, 8 años e incluso de mayor edad. La mayoría de ellos, se hacen pis sólo de noche, mientras duermen. Invariablemente les han sacado los pañales alrededor de los dos años. Los casos de enuresis son muy frecuentes, pero habitualmente no nos enteramos porque de eso no se habla. Total quedan como secretos de familia. He comprobado que cuando las mamás aceptan mi sugerencia de volver a ponerles pañales (caras de horror), los niños los usan el mismo lapso de tiempo que hubiesen necesitado desde el momento en que se los sacaron hasta que hubiesen podido controlar esfínteres naturalmente. Como si recuperaran exactamente el mismo tiempo que les fue quitado. Y luego, sencillamente se acaba el “problema”. Hay padres que opinan que “es contradictorio volver a poner un pañal una vez que se tomó la decisión de sacarlo”. En realidad en la vida probamos, y damos marcha atrás si es necesario y saludable. Simplemente diremos: “creí que estabas listo para controlar los esfínteres, pero obviamente me equivoqué. Te voy a poner el pañal para que estés cómodo, y cuando seas un poco mayor, estarás en mejores condiciones para lograrlo”. Es sólo sentido común. Se alivian las tensiones y finalmente el control de esfínteres se encausa.

Los niños -frente a la demanda de los adultos- hacen grandes esfuerzos para controlar sus esfínteres, pero ante cualquier dificultad emocional -por pequeña que sea- se derrumba el esfuerzo desmesurado y se escapa el pis. Luego vienen las interpretaciones: “me tomó el tiempo”, “me lo hace a propósito”, “él sabe controlar pero no quiere”.

Entiendo la presión social que sufrimos las mamás. Hay jardines de infantes que no aceptan niños en salas de tres años con pañales. Hay pediatras, psicólogos, y otros profesionales de la salud, además de suegras, vecinas y amigos bienintencionados que opinan y se escandalizan. Pero es posible sortearla con un poquito de imaginación: los pañales son descartables, baratos y anatómicos, lo que les permite a los niños ir a jugar, ir a un cumpleaños, al jardín, sin tener que pasar por la humillación de mojarse en todos lados. Hay quienes no quieren ir al jardín a causa de la probabilidad de hacerse pis. Otros se vuelven tímidos, otros especialmente agresivos mojando cuanta alfombra encuentran a su paso.

Por otra parte, hacer “pis” no es lo mismo que desprenderse de la “caca”. Muchos niños que controlan perfectamente el pis, piden el pañal para hacer caca. Es importante que les ofrezcamos lo que están pidiendo, porque nadie pide lo que no necesita. ¿Cuál es el motivo para negárselo?

Yo espero humildemente que alguna vez nos demos cuenta del grado de violencia que ejercemos contra los niños, envueltos en exigencias que no pueden satisfacer y que se transforman luego en otros síntomas (angustias, terrores nocturnos, llantos desmedidos, enfermedades, falta de interés) que hemos generado los adultos sin darnos cuenta.

Acompañar a nuestros hijos es aceptar los procesos reales de maduración y crecimiento.
Y si sentimos rechazo por algún aspecto, entonces preguntémonos qué nos pasa a nosotros con nuestros excrementos, nuestros genitales y nuestras zonas bajas que nos producen tanto enojo. Dejémoslos crecer en paz. Alguna vez, cuando sea el momento adecuado controlarán sus esfínteres naturalmente, así como una vez pudieron reptar, gatear, caminar, saltar, trepar y ser hábiles con sus manos. No hay nada que modificar, salvo nuestra propia visión.

Laura Gutman

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails