lunes, 5 de marzo de 2012

Cuidado con lo que dices – Diane Wiessinger

Publicado en el Journal of Human Lactation, Vol. 12, No. 1, 1996

La consultora de lactancia dice: “Tiene la mejor oportunidad de brindarle a su bebé el mejor comienzo en la vida, a través del vínculo especial que da el amamantamiento. Las ventajas maravillosas para usted y su bebé son para toda la vida.” Y la madre da biberón. ¿Por qué?

En parte se debe a que ese argumento de venta podría bien venir de un folleto de leche artificial para bebés. Cuando nuestro lenguaje es intercambiable con el lenguaje de la industria de leche artificial, uno de nosotros se equivoca... y probablemente no sean las multinacionales. He aquí parte del lenguaje que, en mi opnión, subvierte nuestras buenas intenciones cada vez que lo usamos.

Lo mejor possible, ideal, óptimo, perfecto. ¿usted es el/la mejor padre/madre posible? ¿Es su vida familiar ideal? ¿Prepara comidas óptimas? Por supuesto que no. Esos son objectivos admirables, no estándares mínimos. Expresémoslo de otra manera. ¿Es su manera de ser padre/madre inadecuada? ¿Es su vida familiar anormal? ¿Las comidas que prepara son deficientes? Eso duele. Puede ser que usted no espere estar por encima de lo normal, pero ciertamente no quiere estar por debajo.

Cuando nosotros (y los fabricantes de leche artificial) decimos que el amamantamiento es la mejor manera posible de alimentar a los bebés porque provee el alimento ideal, perfectamente balanceado para la nutrición óptima del lactante, la respuesta lógica es “¿Y qué?” Nuestra propia experiencia nos dice que lo óptimo no es necesario, y en esta forma de expresarse está implicito que la alimentación artificial es totalmente normal – y por lo tanto la segura y adecuada. La verdad es que el amamantamieno no es nada más que normal. La alimentación artificial, que no es igual ni superior, es por lo tanto deficiente, incompleta e inferior. Esas son palabras difíciles de decir, pero tienen un lugar en nuestro vocabulario.

Ventajas. Cuando hablamos de las ventajas del amamantamiento – “menores índices” de cáncer, “riesgo reducido” de alergias, vínculo “más fuerte”, sistema inmunológico “fortalecido” – reforzamos el concepto de la alimentación con biberón como la norma aceptada y aceptable.

Las comparaciones en el terreno de la salud usan una norma biológica y no cultural para evaluar si una desviación es dañina o positiva. Los fumadores muestran mayores índices de enfermedad; el consumo de ácido fólico durante el embarazo puede disminuir el riesgo de defectos congénitos. Dado que el amamantamiento es la norma biológica, los bebés amamantados no son “más saludables”; los bebés alimentados artifiialmente se enferman más seguido y más seriamente. Los bebés amamantados no tienen “mejor olor”; la alimentación artificial resulta en un olor anormal y desagradable que refleja problemas en el intestino del bebé. No podemos pretender crear una cultura que amamante si no insistimos en un modelo de salud basado en el amamantamiento a través de nuestro lenguaje y nuestra literatura.

No debemos dejar de desafiar la manera de expresarse de los medios y nuestros pares. Cuando no describimos los riesgos de la alimentación artificial, privamos a las madres de información decisiva para la toma de decisiones. La madre que tiene problemas con el amamantamiento puede bien no buscar ayuda para alcanzar una “prima especial”; pero puede exigir que la ayuden si sabe cuánto pierden ella y su bebé al no amamantar. Es mucho menos probable que use leche artificial “para acostumbrarlo al biberón” si sabe que el contenido de ese biberón causa daño.

Es en la discusión del efecto sobre el desarrollo cognitivo donde se preserva con más cuidado la cómoda ilusión de la normalidad de la alimentación con biberón. Cuando pregunto a los profesionales si conocen el estudio sobre la relación entre el consumo de tabaco de los padres y el Coeficiente Intelectual (CI), alguien siempre me dice que los hijos de madres fumadoras tienen “menores CIs”. Cuando pregunto sobre el estudio que compara prematuros alimentados con leche humana y leche artificial, alguien siempre sabe que los niños alimentados con leche humana son “más inteligentes”. Nunca he visto otra manera de presentación para estos dos estudios por parte de la prensa. – o por parte de los autores de los trabajos. Aún los profesionales de la salud sienten el impacto de mis palabras cuando expreso los resultados usando el amamantamiento con la norma: los niños alimentados con leche artificial, tal como los hijos de madres fumadoras, tienen CIs más bajos.

La inversión de la realidad se vuelve aún una mayor fuente de confusión cuando se usan procentajes, porque los números cambian dependiendo de qué elegimos como la norma. Si B es 3/4 de A, entonces A es 4/3 de B. Elegimos A como el estándar, y entonces B es 25% menos. Elegimos B como el estándar, y A es is 33 y 1/3% más. Así, si un item que cuesta 100 unidades se pone en oferta a "25% menos," el precio se convierte en 75. Cuando la oferta se termina, y el item es remarcado con su precio original, debe ser remarcado con un incremento de 33 and 1/3% para que el precio regrese a 100.

Estos mismos números aparecen en un estudio reciente que encontró una "disminución del 25% " en la incidencia de cáncer de pecho entre las mujeres que habían sido amamantadas. Si expresamos este resultado usando al amamantamiento como la norma, hubo un aumento del 33 y 1/3% de la incidencia de cáncer de pecho entre las mujeres que fueron alimentadas artificialmente cuando eran bebés. Imaginen el impacto muy diferente que tendrían sobre el público estas dos maneras de expresarse.

Especial. “El amamantamiento establece una relación especial”. “Arme un rincón especial para amamantar”. En nuestra familia, las comidas especiales llevan más tiempo. Las ocasiones especiales implican trabajo adicional. Lo especial es lindo, pero es complicado, no es una parte permanente de la vida, y no es algo que uno quiera hacer con mucha frecuencia. Para la mayoría de las mujeres, amamantar debe encajar fácilmente en una vida llena de ocupaciones – y por supuesto que encaja. "Especial” es un consejo para el destete, no para el amamantamiento.

El amamantamiento es lo mejor; la leche aritificial es lo que le sigue. No de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. La jerarquía de la OMS establece; 1) amamantamiento; 2) la leche de la madre del bebé extraída y administrada al bebé de alguna otra manera; 3) la leche de otra mujer; y 4) alimentación artificial. Debemos tener este punto bien claro en nuestra mente y aclararlo a los demás. “Lo más parecido a la leche de mamá” viene de otro pecho humano, no de una lata. La muestra gratis exhibida de manera tan tentadora en el estante del consultorio del médico es la cuarta solución a los problemas del amamantamiento.

La leche de formula es necesaria en algunas circunstancias. Sólo porque no tenemos bancos de leche humana. La persona que necesita una transfusión de sangre no recurre a un sustituto de cuarta categoría; hay bancos que proveen sangre humana para los seres humanos. No necesita tener una enfemedad especial para calificar como receptor de sangre. Todo lo que necesita es tener menos sangre. Sin embargo, sólo los lactantes que no toleran la solución de cuarta categoría tienen el privilegio de acceder a la de tercera. Me pregunto qué pasaría si se diseñara sangre comercial de bajo precio que acarreara un riesgo para la salud mucho mayor que la sangre de donante. ¿Quién sería considerado suficientemente importante como para recibir la sangre donada? Cuando usamos leche artificial con una cliente, recordémosle a ella y al profesional de la salud que la atiende que deberíamos tener acceso a bancos de leche humana. Es más probable que los bancos de leche humana se vuelvan parte de nuestra cultura si primero se vuelven parte de nuestro lenguaje.

No queremos que las madres que dan el biberón se sientan culpables. La culpa es un concepto que muchas mujeres aceptan automáticamente, aún cuando saben que las circunstancias están realmente fuera de su conttrol. (Mi madre ha llegado a pedir disculpas por el clima.)

La aceptación (casi) instantánea de la culpa por parte de las mujeres es evidente en las reacciones al siguiente escenario: Supongamos que usted ha tomado clases de aerodinámica. También ha visto pilotos manejando aviones. Ahora imaginemos que usted es el pasajero en un avión biplaza. El piloto tiene un ataque al corazón, y el avión queda en sus manos. El avión se estrella. ¿Se siente culpable?

Los hombres a quienes les plantée esta situación respondieron: “No, porque hice lo mejor que pude.” “No. Quizá me sentiría mal por el avión y el piloto, pero no me sentiría culpable.” “No. Es complicado pilotear un avión, aún cuando uno haya visto a otros hacerlo.”

¿Qué respondieron las mujeres? "No me sentiría culpanle por el avión, pero quizá sí por el piloto, porque quizá yo podría haber aterrizado el avión.” "Sí, porque soy muy dura con mis errores. El sentirme mal y el sentirme culpable se mezclan en mí.” "Sí. Claro que yo sé que no debería, pero probablemente me sentiría culpable.” "¿Maté a alguien? Si no maté a nadie, no me sentiría culpable” Notar las expresiones “mis errores”, “sé que no debería” y “¿Maté a alguien?” ¡Todo relacionado con un evento sobre el cual ninguna de estas mujeres tenía control alguno!

La madre que elige no amamantar o que no lo hace por tanto tiempo como había planeado está haciendo lo mejor que puede con los recursos a su alcance. Puede haber recibido el discurso estándar de “el pecho es lo mejor” (el curso de aerodinámica) y puede haber visto algunas madres amamantando en el centro commercial (ver al piloto manejando el avión en una pantalla). Claramente esta información no es suficiente. Pero aún así puede sentirse culpable. Es mujer.

La mayoría de nosotros ha visto madres bien informadas luchando sin éxito para establecer el amamantamiento, que se vuelcan a la alimentación con biberón con un sentimiento de aceptación porque saben que hicieron lo mejor que pudieron hacer. Y hemos visto madres menos informadas sintiendo más adelante ira hacia un sistema que no les dio los recursos que más tarde descubrieron que necesitaban. Ayuden a una madre que se siente culpable a analizar sus sentimientos y pueden llegar a descubrir una emoción muy distinta de la culpa. Alguien hace mucho tiempo asignó a estas madres la palabra “culpa”. Es la palabra equivocada.

Ensayemos lo siguiente: usted sufre parálisis en las piernas como consecuencia de un serio accidente. Los médicos y fisioterapeutas le explican que aprender a caminar nuevamente llevaría meses de trabajo extremadamente doloroso y difícil, sin garantía de éxito. La ayudan a ajustarse a vivir en silla de ruedas, y le brindan apoyo para superar las dificultades que surgen. Veinte años más tarde, cuando sus piernas ya están atrofiadas más allá de toda esperanza, usted conoce a alguien que sufrió un accidente idéntico al suyo.“Fue difícil”, le dice, “tres meses en el infierno. Pero camino desde entonces” ¿Usted se sentiría culpable?

Las mujeres a las que les plantée este scenario me dijeron que se sentirían furiosas, traicionadas, engañadas. Desearían poder hacer las cosas de nuevo con mejor información. Lamentarían las oportunidades perdidas. Algunas mujeres dijeron que se sentirían culpables por no haber buscado más opiniones, por no haber perseverado en ausencia de información y apoyo. Pero dejando de lado la culpa de género, no nos sentimos culpables cuando se nos niega un placer. La madre que no amamanta afecta negativamente su propia salud, aumenta la dificultad y el gasto de la crianza, y se pierde una de las más maravillosas relaciones que nos ofrece la vida. Se ha perdido algo básico para su propio bienestar. ¿Qué imagen de las satisfacciones que brinda el amamantamiento transmitimos cuando usamos la palabra “culpa”?

Usemos las palabras que las madres mismas me dieron para expresarnos: "No queremos hacer que las madres que alimentan con biberón se enojen. No queremos que se sientan traicionadas. No queremos que se sientan engañadas" Retiren las implicancias que se depositan sobre el "no queremos hacerlas sentir culpables” y encontrarán un sistema que intenta cubrir sus propias huellas. No está tratando de proteger a la madre. Está tratando de protegerse a sí misma. Seamos sinceros con las madres, apoyémoslas cuando el amamantamiento no funciona y ayudémoslas a dejar atrás esta palabra equivocada e inefectiva.

Ventajas y desventajas. El amamantamiento es claramente un tema de salud – no se trata de una elección entre dos opciones equivalentes. "Una desventaja de no fumar es que es más probable que el humo de otro fumador le moleste. Una ventaja de fumar es que puede ayudar a perder peso.” El tema real es la mortalidad y morbilidad diferencial. El resto – ya sea que hablemos de tabaco o de leche artificial para bebés – es sólo humo.

Un centro de maternidad usa un enfoque “balanceado” en una “tarjeta de preferencia de alimentación del lactante” que lista deposiciones inodoras y el regreso del útero a su tamaño normal entre los cinco renglones de ventajas del amamantamiento. (¿Esto quiere decir que el útero de la madre que alimenta con biberón nunca regresa a su tamaño normal?) Pechos que gotean leche y la imposibilidad de ver cuánto toma el bebé se incluyen en los cuatro renglones de desventajas. Una de las ventajas de la alimentación artificial es que las madres la encuentran “menos inhibitoria y avergonzante”. El centro de maternidad reportó una buena aceptación por parte del personal médico pediátrico y ningún efecto sobre los índices de amamantamiento o alimentación artificial. Ninguna sorpresa. La información no es significativamente distinta de la información “balanceada” que los vendedores de leche artificial han difundido durante años. Probablemente sea aún mejor como argumento de venta de leche artificial ya que ahora tiene el respaldo claro de un centro de salud. “Totalmente informada”, la madre se siente con confianza para tomar una decisión que tiene impacto de por vida sobre su salud y la de su hijo basándose en el olor de los pañales y la cantidad de piel que ella pone al descubierto en cada toma.

¿Por qué las compañías de leche artificial para bebés ofrecen listas de pros y contras que aceptan las limitaciones de sus productos? Porque cualquier enfoque “balanceado” que es presentado en una cultura altamente parcial apoya automáticamente la parcialidad. Si A y B son casi equivalentes, y si más del 90% de las madres finalmente eligen B, como hacen las madres de los EEUU (de acuerdo con una encuesta no publicada de 1002 madres realizada por los laboratorios Ross que indicó que menos del 10% de las madres amamantaban hasta el año), tiene sentido hacer lo mismo que la mayoría. Si hubiera una diferencia importante, seguramente los profesionales de salud lo dirían y no se mantendrían al margen del proceso de toma de decisión.

Es la elección de los padres. Ciertamente. Pero mantenerse al margen del proceso de manera deliberada implica que la lista “balanceada” es correcta. En un número reciente de la revista Parenting, un pediatra comenta, “Cuando visito a una madre reciente por primera vez le pregunto ‘¿Le da el pecho o el biberón?’ Si me dice que le da el biberón, asiento con la cabeza y digo OK, y sigo con las preguntas. Apoyar a los padres involucra apoyarlos en cualquier elección que hagan; uno no se lanza en el puerperio y le dice a una mujer que está cometiendo un error terrible, perjudicando a su bebé y a sí misma.”

Sin embargo, si una mujer le anunciara a su médico en el medio de un examen físico que empezó a fumar unos días antes, el médico se aseguraría de que la paciente entendiera los riesgos, razonando que este es el mejor momento para hacerla cambiar de parecer. Es hipócrita e irresponsable tomar una posición clara con respecto al tabaco y “dejar que los padres decidan” acerca del amamantamiento, sin asegurarse en primer lugar de que tengan una base de información. Las elecciones de vida son siempre prerrogativa del individuo. Esto no quiere decir que las fuentes de información deban permanecer mudas, tampoco que los padres que opten por el biberón no reciban información que podría llevarlos a una decisión diferente con un futuro hijo.

Amamantamiento. La mayoría de los otros mamíferos nunca ven su leche, y dudo que cualquier otra madre mamífera deliberadamente alimente a su cría basando los intervalos entre tomas en el nivel de apetito que ella infiere que la cría tiene. Amamantar tranquiliza a la cría y sin duda hace sentir bien a la madre. Somos el único mamífero que conscientemente usa el amamantamiento para transferir calorías… y somos el único mamífero que tiene problemas crónicos en la transferencia.

Puede ser que las mujeres digan que “dieron el pecho” durante tres meses, pero en general dicen que “amamantaron” tres años. El amamantamiento sin dificultades y prolongado involucra olvidarse del pecho y del alimento (y la duración, y el intervalo, y la transmisión de los nutrientes adecuados en las cantidades correctas, y la diferencia entre las necesidades de succión nutritiva y no nutritiva, todo lo cual es el foco de los folletos de las leches artificiales) y enfocarse en cambio en la relación entre el bebé y la mamá. Digamos a las madres que esperamos que no “alimenten al pecho” – que las verdaderas alegrías y satisfacciones de la experiencia comienzan cuando dejan de dar el pecho y comienzan a maternar al pecho.

Todos los que pertenecemos a esta profesión queremos que el amamantamiento sea el punto de referencia biológico. Queremos que sea la norma cultural; queremos que la leche humana esté disponible para todos los bebés humanos, sin importar las circunstancias. Un primer paso necesario para lograr esos objetivos está a nuestro alcance inmediato. Todo lo que tenemos que hacer es… cuidar lo que decimos.

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