domingo, 29 de junio de 2008

Parto natural

Algunas mujeres eligen dar a luz sin ningún tipo de medicación. Prefieren recurrir a técnicas de relajación y de respiración controlada para aliviar el dolor. Cuando una madre opta por un parto natural, se pone a cargo, por lo general con una asistente que la guía y la contiene mientras atraviesa las diferentes etapas del trabajo de parto.
Para muchas futuras mamás, tener un parto natural no se relaciona con ser “valiente” ni con ser una “mártir”: significa considerar el trabajo de parto y el alumbramiento en sí mismo como un hecho natural, y no como un trastorno médico. A pesar del dolor, muchas mujeres encuentran que la experiencia es absolutamente energizante y gratificante.
¿Qué es el parto natural?
El parto natural es una manera de dar a luz “con poca tecnología”, permitiendo que la naturaleza siga su curso. Puede incluir lo siguiente:
*vivir el trabajo de parto y el parto sin la ayuda de medicación (ni siquiera de analgésicos como la anestesia epidural);
*recibir escasa o nula atención médica artificial, del tipo del monitoreo fetal continuo, las cesáreas o las episiotomías (cuando se practica un corte en el perineo, la zona que está entre la vagina y el ano, de modo de facilitar la salida del bebé durante el parto);
*permitir que sea la mujer quien conduzca el proceso del trabajo de parto y el alumbramiento, de la forma que le resulte más cómoda.
Muchas mujeres con embarazos de bajo riesgo eligen el camino natural para evitar las complicaciones que pueden generar los medicamentos en ellas o sus bebés. Los analgésicos pueden afectar el trabajo de parto; por ejemplo, bajar la presión arterial, reducir o aumentar el ritmo del trabajo de parto, provocar náuseas y generar sensación de confusión y falta de control.
No obstante, son muchas las mujeres que eligen el parto natural para estar más en contacto con la experiencia del nacimiento y vivir el parto con mayor protagonismo.
¿Dónde se hace?
Muchas mujeres que eligen el parto natural prefieren dar a luz en entornos no hospitalarios; por ejemplo, en centros de alumbramiento donde se hace hincapié en el parto natural. Las mujeres tienen la libertad de moverse durante el trabajo de parto, adoptar las posiciones en las que se sientan más cómodas e incluso bañarse en un jacuzzi. Se le hacen monitoreos fetales frecuentes al bebé, por lo general con un equipo Doppler portátil. Con frecuencia se recurre a técnicas para aumentar el confort, como la hidroterapia, los masajes, las compresas tibias y frías, la visualización y la relajación. Las mujeres pueden comer y beber lo que deseen.
Distintos profesionales del área de la salud pueden trabajar en el centro de alumbramiento: enfermeras calificadas, enfermeras obstétricas calificadas (parteras) y doulas (especialistas capacitadas para la asistencia durante el parto y para suministrar cuidados posparto), que se desempeñan como asistentes del parto.
Las investigaciones indican que, durante el trabajo de parto, el apoyo permanente de una mujer con experiencia y capacitada, como una partera o una doula, puede reducir la duración del trabajo de parto, la cantidad de medicación necesaria y las posibilidades de que se deba practicar una cesárea. Además, la participación de estas mujeres genera una sensación más positiva cuando termina el parto.
Hoy en día, también es posible tener un parto más natural en algunos hospitales. Muchas instituciones han modificado su enfoque respecto de los nacimientos de bajo riesgo. En ocasiones, hay habitaciones con decorados hogareños, donde las mujeres pueden experimentar el trabajo de parto, dar a luz y recuperarse sin necesidad de que se las traslade a otro sitio. El personal puede aceptar las indicaciones de las parturientas y permitir que el trabajo de parto siga un ritmo más lento sin ninguna intervención, siempre y cuando todo parezca irse desarrollando sin problemas. Pueden suministrar analgésicos si se los solicitan y suelen aceptar de buen grado la colaboración de las asistentes del parto (parteras o doulas).
Además del padre, es posible que se permita el ingreso de otros hijos, abuelos y amigos para presenciar el parto (algo común en los centros de alumbramiento). Después del nacimiento, el bebé puede permanecer más tiempo con la madre. En su forma más plena, este enfoque suele recibir el nombre de “atención centrada en la familia”.
Si su embarazo es de alto riesgo, lo mejor suele ser que el parto se lleve a cabo en un hospital, donde pueda recibir la atención médica necesaria (sobre todo, ante una emergencia).

¿Cómo se hace?
Usted elige cómo contrarrestar el dolor. Cada mujer encuentra el método que mejor funciona para ella. Muchas pueden controlar el dolor canalizando la energía y enfocando la mente en algún otro pensamiento. Las dos filosofías relativas al parto que predominan en los Estados Unidos son la técnica Lamaze y el método Bradley.
La técnica Lamaze enseña que el parto es un proceso normal, natural y saludable, pero adopta una postura neutral respecto de la medicación para el dolor y alienta a las mujeres a tomar decisiones racionales sobre lo que es mejor para ellas.
El método Bradley pone el énfasis en un enfoque natural del nacimiento y en la participación activa del padre del bebé como asistente del parto. Un objetivo importante de este método es evitar toda medicación que no sea absolutamente imprescindible. El método Bradley también se centra en la buena nutrición y el ejercicio durante el embarazo, así como en las técnicas de relajación y de respiración profunda durante el trabajo de parto. Si bien el método Bradley recomienda vivir el parto sin medicación, las clases también preparan a los padres para complicaciones o situaciones inesperadas, como una cesárea de emergencia.
Éstas son algunas otras maneras de afrontar el dolor del trabajo de parto:
*Hipnosis (hipnoparto)
*Yoga
*Meditación
*Caminar
*Masajes o contrapresión
*Cambiar de posición (caminando, duchándose, balanceándose o recostándose sobre balones gigantes de parto)
*Darse un baño de inmersión o una ducha
*Sumergirse en agua tibia o en un jacuzzi
*Distraerse con alguna actividad que permita que su mente se ocupe de otra cosa
*Escuchar música relajante
*Imágenes visuales

¿Qué se siente?
Si bien suele considerarse que el parto es una de las experiencias más dolorosas de la vida, esto varía ampliamente de una mujer a otra e incluso de un embarazo a otro. Las mujeres viven el dolor del trabajo de parto de distintas maneras: para algunas se parece al dolor menstrual; para otras, es una presión aguda, y para otras consiste en oleadas muy fuertes que se asemejan a los retorcijones abdominales. Por lo general, las madres primerizas manifiestan que el dolor es más fuerte, en comparación con lo que dicen aquellas que ya han dado a luz a otros niños.

¿Cuánto dura?
No hay un cronograma mágico y estricto para el parto. En algunos casos, el bebé llega después de unas pocas horas, pero muchas mujeres pasan un día entero en trabajo de parto o incluso más tiempo. Ya sea que se decida por recibir medicación o no, el cuerpo de cada mujer reacciona de manera diferente ante el trabajo de parto.

¿Cuáles son los riesgos?
En general, el parto natural es muy seguro. Sólo se torna riesgoso si una mujer no sigue las recomendaciones del profesional de la salud que la asiste o si se niega a permitir la intervención médica cuando las cosas no salen como se planearon.
Por su propio bienestar y el de su bebé, es importante que esté abierta a otras opciones si las cosas se complican. Rechazar atención médica en caso de emergencia puede poner en riesgo su vida y la de su bebé.

¿Cómo me sentiré después?
Al igual que le ocurre a toda mujer que acaba de dar a luz, es probable que se sienta así:
agotada: probablemente usted y su niño desearán dormir lo más posible;
con frío o temblores: es una reacción normal que muchas mujeres tiemblen después del parto;
dolorida: probablemente sentirá contracciones uterinas, en especial si está amamantando, y también experimentará dolor y molestias en la vagina y en la zona que la rodea;
eufórica y fuerte: es posible que tenga la abrumadora sensación de haber concretado un logro, con la satisfacción de saber que lo hizo por sus propios medios.

¿Y si no soporto el dolor?
El parto puede doler más de lo que se imagina. Algunas mujeres que habían expresado el deseo de no recibir ningún tipo de analgésicos terminaron cambiando de opinión cuando comenzó el trabajo de parto. Esta situación es muy común y absolutamente comprensible.
El mero hecho de tener la voluntad y el entusiasmo para intentar un parto natural es encomiable. Sin embargo, si el dolor resulta intolerable, no debe sentirse mal por solicitar medicación. Además, si algo no sucede de acuerdo con lo planeado, tal vez deba amoldarse a las circunstancias. Eso no la hará menos valiente ni menos comprometida con su bebé ni con el proceso de parto. Dar a luz es una experiencia hermosa y gratificante, sin intervención médica o con ella.

Revisado por: Larissa Hirsch, MD

Fecha de revisión: junio de 2006





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