viernes, 4 de julio de 2008

Ponernos en cuclillas

Hace dos semanas empecé el Abordaje Corporal Emotivo. Se trata de una técnica de preparación al parto creada por mi partera, Raquel Schallman. Para explicarlo con sus propias palabras:

El abordaje corporal emotivo parte de los siguientes fundamentos:
- El cerebro más primitivo e instintivo es el que rige el desarrollo del parto y es inabordable desde la palabra. Sólo lo es a través de las emociones, sentimientos, sensaciones, que son generadas desde la vivencia corporal.

- Las embarazadas necesitan conectarse con su cuerpo desde el lugar de mayor placer, reconocer sus deseos profundos y potencialidades.

- El abordaje corporal-emotivo apunta al cuerpo orgánico, a la historia emocional, lo vincular y el entorno. Lo situacional y familiar. Permite pre-vivenciar aspectos del parto para que, cuando éste llegue, todo resulte más conocido y fluido.

(http://www.partolibre.com.ar/CursoACE.htm)

La primer clase me sentí un poco rara, no terminé de relajarme, era "sapo de otro pozo". La música etnica, el resto de las chicas del grupo que se deslizaban graciosamente por todo el salón, y yo que no podía dejarme fluir...

Sin embargo la clase pasada fue maravillosa. Pude relajarme, pude sentir mi cuerpo, cada uno de mis musculos, pensar en mi beba creciendo en mi panza. Pude bailar al son de unos merengues de Juan Luis Guerra, y pude sentirme un poco más yo, sin estar tan pendiente de lo que hacían las demás.

Y nos pusimos en cuclillas. Esa posición ancestral, esa posición natural para parir, esa posición olvidada en este mundo occidental. Me costó un poco, pero pude lograrlo. A medida que me movía al ritmo de la música, a medida que intentaba una y otra vez esta posición, sentía que mi cuerpo se abría, que despúes de todo no era tan dificil mantener el equilibrio. Raquel nos contaba como los niños pequeños pueden ponerse en cuclillas apoyando completamente la planta de los pies con total facilidad, como esta es una posición que en el mundo occidental, cuando nos enseñan a ponernos en cluclillas en posición de jugador de futbol (en puntas de pie), vamos olvidando de a poco.

Así que cuando llegué a casa decidí hacer la prueba. Jugando con Joaqui, lo invité a ponerse en cuclillas. Inmediatamente, el enano se puso con la planta de los pies completamente apoyadas en el piso, sin el menor esfuerzo, en perfecto equilibrio.
Y no pude dejar de preguntarme, tal como la sociedad nos obliga a olvidarnos de algo tan sencillo como una posición para agacharse, cuantas otras cosas, tanto más importantes, vamos olvidando a medida que vamos creciendo: nos obligan a olvidarnos el placer de dormir con nuestros hijos, nos olvidamos de lo pequeños que son y de cuanto nos necesitan, y nos enseñan a dejarlos llorar por las noches para que se acostumbren a ser independientes; nos enseñan a poner penitencias para que aprendan los límites, a negarles cosas que podemos ofrecerles para que aprendan que la vida está llena de frustraciones; nos olvidamos de sentar nuestra cola en el piso para jugar con ellos para, en su lugar, atender a nuestras variadas obligaciones, dejandolos cada vez más tiempo en la guardería; nos olvidamos de escucharlos y de mirarlos, porque siempre hay algo más importante que hacer; elegimos el colegio en base a la mayor carga horaria, para que salgan preparados para el futuro, sin darnos cuenta que la mejor preparación para su futuro es criar hijos que sean empaticos y libres, y eso no se logra con más horas de ingles o computación; nos olvidamos de amamantarlos, porque es más facil y rapido darles una mamadera, así de paso, el padre puede implicarse más en la crianza de nuestro hijo; nos olvidamos del poder femenino de nuestros cuerpos para traer hijos al mundo, delegando ese poder en los médicos...
Estoy intentado, cada vez que tengo que agacharme a hacer algo, de ponerme en cuclillas sintiendo mis plantas firmemente agarradas del piso, como hizo Joaqui. Y cada día me resulta un poco más sencillo.
Y cada día trato de volver un poco más a lo salvaje y ancestral que hay en mí... tal vez así les pueda enseñar a mis hijos, a no olvidarlo nunca.

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