jueves, 1 de mayo de 2008

Dos reportajes a Michel Odent


REPORTAJE AL DR. MICHEL ODENT (CLARIN)

El parto industrializado ya está generando distintas catástrofes

El creador del parto acuático llega hoy a Buenos Aires para presentar su libro "El granjero y el obstetra". Allí expone su teoría sobre la correlación entre el nacimiento y algunos problemas graves como la delincuencia o el autismo.

SAN PABLO. ESPECIAL

En los años 60 y 70, cuando la juventud imponía la consigna "hacer el amor, no la guerra", un médico del hospital de Pithiviers (una ciudad de Francia) desarrolló la idea del parto bajo el agua. Se basaba en un principio que no abandonó desde entonces: la estrategia de supervivencia de la especie dependerá, en buena medida, de cómo ocurra el nacimiento. Ayer, en un encuentro con Clarín en San Pablo, aquel joven médico de hace 30 años, Michel Odent, hilvanó todas las consecuencias de este concepto original: "El análisis científico de la capacidad de amar, al otro y a uno mismo, revela que ésta se construye a partir del comienzo de la vida; en particular, durante el parto". Hoy llegará a Buenos Aires para presentar su último libro, "El granjero y el obstetra", donde expone nuevos planteos. Se trata del "estudio de fenómenos que se desarrollaron en forma simultánea y paralela durante el siglo XX: la industrialización de la agricultura y la industrialización del parto". Sostiene que la agricultura se "industrializó" rápidamente y provocó catástrofes: el mal de la vaca loca y la fiebre aftosa, por ejemplo. En el parto, en cambio, la "industrialización" fue menos rápida; "pero también generó catástrofes, que están entre nosotros aunque no las veamos".

—¿Cuáles son esas catástrofes?

—Para explicarlas utilizo la expresión "alteraciones de la capacidad de amar". De acuerdo con investigaciones estadísticas hay una correlación entre cómo transcurrió el parto y la delincuencia juvenil. El nacimiento aparece como factor de riesgo a tener en cuenta en la posterior violencia juvenil. Otro caso es el autismo. En Japón, un estudio demostró que un conjunto de bebés que fueron alumbrados mediante medicamentos y con una semana de antelación corrían más riesgo de volverse autistas. Esta fue una conclusión a la que llegó, también, el premio Nóbel en etología Nico Tinbergen. El suicidio en la adolescencia y la anorexia nerviosa son otros tantos ejemplos.

—¿Cómo se probó que la relación entre el parto y la anorexia nerviosa?

—Fue una investigación realizada en Suecia, entre 1973 y 1984. Se contaba con una base de datos de todas las mujeres nacidas en ese período. Más tarde se dispuso de las historias clínicas y se contó con el diagnóstico de la cantidad de adolescentes que habían sufrido de anorexia nerviosa. Entre los factores de riesgo, uno fundamental fue el parto.

—¿Por qué hay tantos riesgos causados por el parto?
—Hoy es fácil, mediante el lenguaje de los fisiólogos, explicar qué pasa durante el período en que ocurre el nacimiento. Para que un bebé salga al mundo, su madre debe liberar un cóctel de hormonas. Por ejemplo, occitocina, endorfinas, prolactina, etc. Estas hormonas producen un cambio de estado anímico en la madre: ésta da la impresión de ignorar al mundo, como si estuviera en otro planeta. Este cambio en la conciencia obedece a una reducción de la actividad del néocortex (el cerebro del intelecto) y es el hecho más importante del parto. Durante el nacimiento, la parte más activa del cuerpo maternal es la parte más antigua del cerebro: ese conjunto de estructuras primarias como el hipotálamo y la hipófisis, que funcionan como glándulas secretoras de hormonas. Cuando algo perturba a la madre, es decir, cuando de alguna forma se estimula el neocortex, el cerebro del intelecto libera adrenalina que inhibirá el parto. De esto se deducen consecuencias prácticas: durante el alumbramiento la mujer debe protegerse contra todo estímulo que provoque inhibiciones. Esto se refiere tanto a la intimidad como a la seguridad de la madre. Hoy se sabe que hay una correlación entre la falta de esas condiciones y el incremento de las cesáreas. En todo el mundo, las mujeres han adoptado estrategias similares de protección, buscada a través de la madre, la abuela o una partera, que simboliza la figura materna.

—¿Desaconseja la presencia del padre durante el nacimiento?

—Cuando se introduce al padre durante el parto hay que ser prudente. En algunos casos, el padre puede representar un estímulo en el neocortex, que produce adrenalina y perturba el parto. Y esto explicaría que en algunos países donde se fomenta su presencia haya habido un aumento de las cesáreas.

—¿Y cuál es el problema de alumbrar un bebé mediante cesárea?

—El problema es la correlación demostrada entre procesos interrumpidos y la violencia juvenil.

—¿Cómo se ha evolucionado desde los tiempos en que usted comenzó a trabajar el tema (fines de los años 60 y principios de los 70)?
—En los años 60 y 70 prevaleció la perspectiva política para cambiar la sociedad. Lo que hemos comprendido ahora es que primero se precisa cambiar al ser humano. En los años 60 y 70 se decía que hacía falta amarse. Pero lo que hoy es absolutamente nuevo es el conocimiento de cómo se desarrolla la capacidad de amar. De cómo hagamos la pregunta sobre este asunto, serán las respuestas que nos pueda dar la ciencia moderna. Preguntarse cómo se desarrolla la capacidad de amar precede a la perspectiva política.

—¿Cómo influye el estrés en el embarazo y durante el parto?

—Quisiera hacer una distinción: el estrés es indispensable para la vida. Por otro lado, el nacimiento implica un estrés para el niño y para la madre. De lo que se trata es de evitar el estrés innecesario que altere la naturaleza del parto.

Al final de la entrevista con Clarín, Michel Odent contó que en la Argentina abordará, precisamente, todo lo que tiene que ver con la "humanización" del nacimiento. Ofrecerá conferencias en hospitales, en el Ministerio de Salud y en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. El seminario que ofrecerá se titula, no por casualidad, "El parto en un cruce de caminos. Necesidades, sueños y realidades del nacimiento hoy".

El nacimiento en el agua

Conocido como el creador del Parto Acuático, el doctor Michel Odent rescató para la actual cultura medicalizada una antigua y artesanal forma de nacer. Aunque no hay registros escritos, tanto los cretenses como los indios Chumash, de la costa central de California, Estados Unidos, empleaban este tipo de técnica. El primer registro de un parto en el agua data de 1803, en Francia, cuando tras un trabajo de parto de 48 horas, una mujer se calmó pariendo a su bebé en el agua.Lo que descubrió este obstetra en los años 70 es que cuando las contracciones se vuelven más dolorosas y menos eficaces, el agua caliente proporciona alivio. Especialmente para las mujeres cuya dilatación no avanza más de 5 centímetros.Odent —un médico que conoce perfectamente los beneficios y los perjuicios de la tecnología aplicada a la salud— es, además, el obstetra que introdujo el concepto de ambiente hogareño y privacidad, desde su labor en el Hospital Estatal de Francia. En la Argentina, el equipo del doctor Gustavo Katz es el que lleva adelante este concepto con la realización de los partos acuáticos.El doctor Mario Sebastiani, obstetra del Hospital Italiano y vicepresidente de la Asociación Argentina de Obstetricia y Ginecología Psicosomática, cree que "este tipo de parto puede resultar excelente, aunque no se pueda reproducir en una experiencia vasta, porque en nuestro país se realizan 700 mil partos por año y no existen las condiciones especiales que requiere el parto acuático" Lo importante de la propuesta de Odent —pondera Sebastiani— es su rescate de la obstetricia artesanal y la idea de intimidad familiar para el acontecimiento del nacimiento, sobre todo en el actual contexto de una práctica que ha medicalizado al parto, al punto que hoy al feto se lo ve como si fuera un paciente.


REPORTAJE A MICHEL ODENT (NOTICIAS)

Parirás con privacidad

Al médico obstetra Michel Odent (72) jamás se lo podría acusar de egolatría. El experto francés sostiene que cuanto menos participen él y sus colegas de los partos, mejor para la madre, el bebé y el desarrollo mismo de la sociedad.
Odent vino a Buenos Aires invitado por la Fundación Creavida para presentar su libro "El granjero y el obstetra", donde formula una analogía entre la industrialización agroganadera, y lo que él llama la "industrialización de los nacimientos".
"Los desastres de la aftosa y la enfermedad de la vaca loca despertaron la conciencia pública sobre los riesgos de adoptar ciertas formas de explotación ganadera. ¿Necesitamos que ocurra un desastre para que nos demos cuenta de que las formas modernas de nacer tienen consecuencias negativas?", inquiere el veterano experto en una entrevista exclusiva.

Noticias: ¿En qué momento de la historia el parto comenzó a ser visto como una situación "patológica"?

Michel Odent: El parto nunca fue algo fácil para los seres humanos. Y desde los chamanes en adelante siempre hubo una tendencia a "medicalizarlo". El control sobre el proceso avanza en décadas más recientes con lo que yo llamo "industrialización". Se estandariza el ambiente de parto en grandes hospitales, las parteras siguen un protocolo estricto, se desarrollan la anestesia peridural, la cesárea segmentaria baja y el monitoreo electrónico fetal. El nacimiento se transformó en un trabajo en cadena.

Noticias: Pero las mujeres siguen teniendo tanto o más miedos que antes.

Odent: Sí, suena paradójico pero es así. El problema es que se sigue poniendo el eje sobre los aspectos negativos: cómo parir sin dolor, sin miedo o sin violencia, y la verdad es que resulta imposible extraer por completo el miedo o el dolor salvo que se usen drogas. Lo que habría que formular son nuevas preguntas de connotación positiva.

Noticias: ¿Por ejemplo?

Odent: Por ejemplo, cuáles son las necesidades básicas de la mujer durante el trabajo de parto. Hay dos que la mujer comparte con todos los mamíferos: sentirse segura y no ser observada. Durante el parto se debe reducir al máximo la actividad del neocórtex, que es la parte del cerebro que está más desarrollada en los humanos. Para ello se requiere un ambiente de privacidad, sin gente hablando alrededor, que permita que la mujer "se vaya del planeta" y se olvide de lo que ocurre a su alrededor. Por cierto, no es la situación más habitual en esta época.

Noticias: ¿Habría que tomar el ejemplo de los animales?

Odent: En algún punto yo hablo de "deshumanizar" los partos, o sea, dejar de lado los rituales y prejuicios humanos que perjudican el parto fisiológico normal. Mitos como que el calostro es malo, que el bebé después de nacer tiene que estar en los brazos de otra persona que no sea la madre o que se debe cortar el cordón umbilical lo antes posible. Quizás todos estos rituales o mitos tuvieron una ventaja evolutiva, dado que las estrategias básicas de supervivencia en todas las sociedades consisten en dominar otros grupos humanos. Esos rituales se fueron transmitiendo con el objeto de favorecer la agresividad, más favorable en términos adaptativos. Hoy, cuando se necesitan otras tácticas de supervivencia, cuando se requiere la energía del amor, los ritos o creencias perdieron su ventaja evolutiva. Y hay que sacárselos de encima.

Noticias: ¿El tipo de parto se asocia con las tasas de criminalidad?

Odent: Hay estudios que encontraron una correlación entre conductas destructivas o autodestructivas –como suicidio, drogadicción y anorexia- con el antecedente de partos complicados, aunque este término es bastante ambiguo. Lo que yo sí tengo es una regla personal para cuando viajo y me sirve para saber si puedo caminar solo a la noche en esa ciudad: relaciono la tasa de intervenciones obstétricas en forma directa con la criminalidad. En Tokio, por ejemplo, hay sólo un 10 por ciento de cesáreas y la analgesia epidural se utiliza en no más del 5 por ciento de los partos. No es de extrañar que sea un lugar muy seguro para pasear.

Noticias: ¿Y cómo se siente en Buenos Aires, donde uno de cada cuatro partos termina en cesárea?

Odent: La verdad es que prefiero quedarme en el hotel.

Noticias: ¿Parir en la casa es mejor que hacerlo en el hospital?

Odent: Lo importante es reconciliar la privacidad que ofrece el hogar con los servicios que puede brindar un hospital. En las ciudades modernas se puede llegar al hospital en veinte minutos, y la partera bien puede sugerir la derivación inmediata al hospital cuando sea necesario. Son enfoques complemetarios.

Noticias: ¿Cuándo aconseja el parto acuático?

Odent: La situación típica es aquella mujer que tiene una dilatación de cinco centímetros, y pide por favor que le den un analgésico para calmar el dolor. En lugar de correr a aplicarle una inyección, es bueno que la mujer se sumerja en el agua a 37 grados para facilitar el trabajo de parto durante un período limitado de tiempo, no más de una hora y media. Es un recurso, no algo que debe aconsejarse como método principal.

Noticias: ¿Por qué no quiere que el padre presencie el parto?

Odent: Es una especie de doctrina moderna que habría que reconsiderar. Que los padres estén ahí observando es la principal razón de que haya partos largos y difíciles. Conozco infinidad de casos donde el parto es extremadamente lento hasta que el hombre se va por alguna razón, por ejemplo, comprar un agua mineral. Y tan pronto él se aleja, la mujer grita, se contrae y nace el bebé. En el período perinatal, hay que darle prioridad al lenguaje no verbal. Las mujeres dicen que no podrían imaginarse el parto sin la compañía de su esposo. Pero con su cuerpo dicen lo contrario: que dan a luz más fácil cuando están solas.

Noticias: ¿Cuántos hijos tiene?

Odent: Dos.

Noticias: ¿Nacieron en la casa o en el agua? ¿Usted estuvo presente?

Odent: El último nació en casa, en el piso del baño. Fue muy rápido. Yo en ese momento no tenía licencia para ejercer en Londres, por lo cual debí llamar a dos parteras. La primera contracción de mi pareja fue a las 17.30, y el bebé nació tres horas después, en el mismo momento que llegaban las parteras. Durante todo ese lapso estuvimos en absoluta privacidad, no había nadie más en la casa que yo. Es una situación extraordinaria e irrepetible. Sería bueno que muchas otras parejas la experimentaran.

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