lunes, 12 de octubre de 2009

Carla Conte le cuenta su parto en casa a Para Ti Mama

Está convencida de que los partos tienen que humanizarse: volver a ser íntimos y sin presiones de tiempo. La conductora de TV eligió a Para Ti Mamá para hacer el conmovedor relato de la noche en que, en el living de su casa y con ayuda de una partera, tuvo su primera hija.

De pronto, en plena sesión de fotos, Carla empieza a llorar porque su hija llora. Se siente en un dilema: quiere dar la nota para contar su parto humanizado, pero no quiere que su hija se estrese haciendo fotos para la revista. Sabe que la entrevista y la producción fotográfica van de la mano. Se tranquiliza cuando la beba se calma en su teta y pide un poco de mimos. En el estudio de fotografía el clima es relajado. La clave es hacer fotos de madre e hija, embelesadas, y que todo sea distendido, respetando los tiempos de la beba. Termina la sesión y, café y medialunas de por medio, nos sentamos con Carla, –de 32 años, en pareja con el músico Guillermo Brutto–. “No tenía pensado hacer fotos con Mora, es demasiado chiquita. Pero cuando ustedes me llamaron para entrevistarme pensé que Para Ti Mamá era un buen marco para contar cómo había nacido. Si no lo hacía con ustedes, no lo hacía con nadie”, arranca, y nos disponemos a que nos cuente todo lo que pasó en su casa de Caballito, hace algo más de tres meses.
–¿Como surgió la idea de que el parto de Mora fuera en tu casa?
–El día que me enteré que estaba embarazada, lo primero que hice fue buscar en Internet “parto humanizado”. Sabía que existía, me interesaba el tema, pero no sabía qué significaba realmente. ¡Tampoco tenía idea de qué era un parto! (risas). Empecé a averiguar y fue maravilloso. Encontré información por todos lados, en cantidades industriales: videos, fotos… y muchas campañas a favor del parto humanizado.

–Habías escuchado hablar del tema.
–Adentro mío existía una simpatía por la idea del parto humanizado. Por alguna razón fue lo primero que fui a buscar cuando supe que estaba embarazada. Pero no sé de dónde lo había sacado. Tal vez algo me había dicho mi marido, que conocía un grupo de mujeres que había parido en su casa. Pero no fue planeado, ni algo que me había propuesto. De hecho hacía dos años que pagaba una obra social para parir en un sanatorio. Como la mayoría de la gente, yo pensaba ir por el camino clásico: parir en un sanatorio. Muchas veces uno no se plantea las cosas, no se cuestiona: vas al obstetra, te dicen quién va a ser tu partera y así llega al parto. Yo quise empezar a ver otras cosas. Había otras formas. Me enteré, por ejemplo, que el cordón umbilical no se les tiene que cortar enseguida, como hacen en muchos sanatorios. Y hay más cosas que mucha gente no se cuestiona.
–¿Por qué crees que las cosas se hacen así?
–No sé. No hay lógica. Nadie te explica las cosas. Ni te dicen por qué hacen las cosas con semejante velocidad. Cuando empezás a caminar un camino distinto, te vas encontrando gente que se cuestiona lo mismo que vos y que te recomiendan libros. Así fue como leí “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”, de Laura Gutman y después “Parir en libertad libertad” de Raquel Schallman. Cuando los terminé dije: “yo quiero parir en mi casa”; lo agarré a Guille y le dije: “consigamos esta partera. Llamémosla”. No sé por qué más del 90% de la población sigue por el camino tradicional, quizás porque no sabe que existe otro. No debería haber más mujeres a las que les dicen que no dilatan y les hacen un goteo o una cesárea, sin darles tiempo.
–¿Cómo seguiste?
–Mi ginecóloga no hacía partos, entonces busqué un obstetra y la verdad que no me gustó. Quedé como boyando. En Mar del Plata tuve un inconveniente y fui a ver a otro médico, que me recomendó Raquel Schallman. Me pareció agradable la manera en que me habló. Se centró en mí como alguien particular, no como una embarazada en general. Yo quería que me trataran sabiendo que mi embarazo podía ser distinto, que podía sentir otras cosas. Flashee con el parto humanizado. Así conocí a Edith Diez y Sandra La Porta, las parteras que colaboran con Raquel, con muchos años de experiencia. Te hacen sentir que sos la protagonista de ese momento.

–¿Cómo te sentiste durante el embarazo?
–Trabajé y estuve fantástica. Iba viendo cómo evolucionaba. Me hice todos los estudios de rutina. Sólo al final, en el último programa de Éste es el show, me sentí realmente mal. Estaba de ocho meses y medio y en vivo empecé a sentir contracciones. Me bajó la presión. Pero antes hice de todo, no me privé de nada. Eso sí: dejé el alcohol y el tabaco.

–¿Cómo te referís a esta experiencia de parto?
–Parto humanizado o parto respetado. Así deberían ser todos los partos. Tiene que ver con que nadie decida por vos. Muchos me dicen que tuve coraje, pero la verdad es que yo no siento que haya tenido más valor que otras mujeres. Lo único que hice fue informarme mucho y eso es lo que recomiendo. ¿Por qué dicen que el parto es lo más doloroso del mundo? No. El parto duele si te aceleran. Si tratan que dure tres horas un proceso que debería durar veinte.
–¿Tu marido estuvo de acuerdo en que un parto humanizado era lo mejor?
–Sí. Él me lo había mencionado antes. Yo sabía que quería hacer algo diferente de lo que había escuchado, pero no sabía si en casa. Estaba la opción de ir a un sanatorio, después de haber hecho el trabajo de parto en casa. Pero me decidí cuando hice el curso.
–¿Qué dijo la gente cuando contaste que querías tener a tu hija en tu casa?
–Pasó de todo. No quería decirlo mucho en los medios y tener guardia ese día en mi casa porque no sabía cómo iba a resultar. No quería hacer mucha alharaca del tema. Tenía un plan B: si pasaba cualquier cosa nos íbamos a un sanatorio en el que teníamos un lugar reservado. Eso en relación a lo público. Mientras que en mi familia fue toda una revolución. Fue muy poca la gente que me entendió. Ni mi hermano, ni mi cuñada, que habían tenido un parto en el que todo había salido fantásticopero que no había sido lo que yo quería. Les costó entender. Muchos quisieron detenerme. Y la verdad que, después, cuando vieron cómo salió todo, se callaron la boca. Nadie tuvo nada que decir. A mis amigas les mostré el parto, porque lo tengo filmado y flashearon. Quedaron alucinadas.
–¿Cómo fue?
-Empecé con algunas contracciones el sábado a la noche y mi hija nació el domingo 21 de junio a las 9 de la noche. La noche del sábado al domingo eran sólo molestias, así que dormí.

–¿Tenías miedo?
–No. Tal vez sí a lo desconocido, al parto en sí. Pero no porque fuera en mi casa.

–Estabas muy convencida de lo que estabas haciendo.
–Sí. De hecho ves la filmación y hay un momento en el que a Guille le digo que no tengo nada de miedo. Al final sentía un dolor indescriptible, como que te estás partiendo. Sentía que estaba por explotar. Pensaba que ese estado no se podía sostener en el tiempo. Estaba con Sandra y con mi marido. Iba de la cama a la bañadera. Dormitaba, entre contracción y contracción. Guille contaba el tiempo. Así estuve todo el día. Dejando avanzar el proceso. Tipo ocho de la noche ya estaba casi con dilatación completa y me sentía tranquila. Las contracciones son dolorosas pero lo bueno es que duran un minuto, como máximo y pasan. Aguantás y después descansás. Tenés minutos para recuperarte, para relajarte. Cuando ya tenía la dilatación suficiente Sandra me pidió que me parara y que empezara a caminar para que la cabeza de Mora bajara. De golpe algo cambió porque empecé a sentir la necesidad de pujar. Se modificó todo. El cuerpo puja y no podés hacer otra cosa. Entré al living y Sandra estaba en el piso, acomodando todo para que naciera mi hija. Mi marido estaba poniendo la cámara en el trípode y yo lo empecé a manotear, sentía que iba a salir. Fue media hora de un acelere violento. Como una montaña rusa, sin retorno. Estaba en cuchillas, agarrándo a Guille, destruyéndolo, gritando. Ya le había avisado a los vecinos que iba a tener a mi hija en casa (risas). Los dos últimos pujos fueron con todo. Sentí que volaba por el aire.
–¿Cómo fue parirla?
–En el anteúltimo pujo Sandra me tranquilizó porque yo estaba gritando mucho. Me dijo que no estaba haciendo fuerza para pujar y que tenía que volver a hacerlo bien. Que podía gritar pero que también tenía que pujar. Me habló con una calma que no voy a olvidar nunca. Me avisó que iba a nacer, que aguantara la respiración y me mostró con un espejito la cabeza de Mora. La ví saliendo de mí. Y en un último pujo, la contracción final. ¡Increíble! Fue alucinante parir a Mora en casa.
–¡Qué bueno tenerlo filmado!
–Sí, aunque en la filmación no se nos ve bien a nosotros. Las cabezas quedaron cortadas (risas). Cuando Guille ponía la filmadora en el trípode, yo lo agarraba porque Mora nacía. Fue un segundo. Se deslizó, me la pusieron en el pecho y la agarré, la tapamos. Guille estaba atrás mío. Yo estaba sentada en una silla de parto –con forma de herradura–, porque las piernas no me daban más. Arrancó llorando como loca. Yo sólo le miraba la carita y no entendía nada. Desde ese momento dejé deentender. Quedé como congelada. En un momento me estaba partiendo y de repente apareció Mora. La tenía en brazos. Es incontable. Después de nueve meses de tanto esperarla.
–¿Mora estaba bien?
–La vio Sandra y dijo que estaba bien. Respiraba perfecto. Después, esa noche la vio un pediatra. Yo quería que la viera un médico. Tiramos un colchón en el piso y me acosté con ella. Estaba en una nube total. Sandra me revisó, vio que tenía un desgarrito y me hizo dos puntos.

–¿Aprovecharon para estar los tres juntos o había más gente en tu casa?
–No había nadie más. No queríamos que nadie supiera que estaba en trabajo de parto para que nadie se preocupe. Pero lo cierto es que el domingo era el Día del Padre y se notó que algo pasaba porque nos íbamos a juntar y no nos juntamos. Desde ese día estuvimos juntos los tres. Siempre soñé con la maternidad, desde chica. Me llegó en el momento justo. La buscábamos desde hace tiempo pero está bien que haya llegado en este momento.

–¿Y te costó volver a trabajar?
–Sí, me costó. Por suerte pude hablarlo en el trabajo y todos me entendían.
–¿Cambió la relación de pareja?
–Y… sí. Ya no somos dos. Además Guille tiene una hija que se llama Casandra, de 8 años. Pero como no vive con nosotros todo el tiempo, siempre tuvimos nuestros momentos de ser dos. Eso ya no existe más, ¡ni existirá por varios años! Tu pareja pasa a ser el padre de tu hija y eso cambia todo. Yo estoy constantemente para ella. Aunque es algo que trato de laburar. Los primeros treinta días no me separé ni para hacer pis. La primera semana casi ni me bañaba y no me quería vestir. Ademásdormimos juntas. Pero, como volví a trabajar rápido, con Mora de veinte días, tuve que activarme sí o sí. Al principio se ve todo muy caótico, y de a poquito se va acomodando la vida. Que Guille ya sea papá me calma y ayuda un montón.
–¿Cómo tomó Casandra la llegada de su hermana?
–Está feliz. Por momentos fue todo un tema, pero ya lo superó. Como es grande, la puede alzar. Por ahí Mora se duerme encima de ella y eso la pone re contenta.

–¿Quieren tener más hijos?
–Me encantaría. No se cuándo, supongo que en un par de años, mínimo dos o tres. El embarazo fue alucinante, me pareció un estado maravilloso. De hecho, después, extrañé la panza un montón. Me sentía bárbara, y ¡estaba embarazada! Fue parte de un gran cambio en mí, de mi búsqueda personal, tomar un rumbo nuevo… un antes y un después. Lo importante es poder decidir. Aunque elijas una cesárea, elegís sabiendo, habiéndote informado. Yo no reniego de la institución, ni de lossanatorios, ni pienso que todo el mundo tiene que parir en su casa. Se trata de parir donde tengas ganas de parir, y en la forma que quieras hacerlo. Mi abuela parió en su cama. No es un delirio, sino que se trata de estar más cerca de la naturaleza de tu cuerpo. Aunque sé que está buenísimo que haya un médico para resolver complicaciones y contar con la medicina para lo que corresponde. Pero un parto es tan simple, tan sencillo… como ha nacido todo el mundo.

por Ana van Gelderen / producción: Anita Korman / asistente de producción: Lula Vega / fotos: Marcello Molinari / asistente de fotografía: Juan Ignacio Golubcki / maquilló: Estelapara De la Vega Make Up / peinó: Denise para Alberto Sanders / agradecemos a Philips, Orb, Venga Madre, Solo Ivanka, Justa Osadía, Manifesto y Kalpakian.

2 comentarios:

Ana dijo...

Que buena nota!
Creo que sirve mucho para que mucha más gente se entere de lo que es el parto humanizado.

laura dijo...

Me encanto! Yo quiero un parto así en mi próximo embarazo! La única diferencia es que es un pvdc. Vamos que podemos! :)

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